Mineralidad, el descriptor más polémico

Pocos términos en el mundo del vino avivan tantas discusiones como éste y las polémicas en torno a su utilización al parecer recién comienzan.

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A qué llamamos mineralidad. Si bien no se trata de un término nuevo, los franceses lo usan desde hace años para describir varios de sus vinos, lo cierto es que en los últimos años se ubicó en el ojo de la tormenta. Básicamente el término se aplica para aquellos vinos con aromas de asfalto mojado, piedra pedernal, pólvora y algunos otros descriptores no frutales, vegetales o herbales. Incluso algunos se animan a hablar de mineralidad en boca para describir la textura polvorienta o de tiza que alguno vinos despliegan sobre paladar. Ahora bien, por más que esta terminología ayude a gráficar, interpretar o bien poner en palabras atributos del vino están los que insisten en que no se debería utilizar, una posición que lógicamente confronta con los que aseguran que existen los vinos minerales.

 

Suelos calcáreos para echar mas leña al fuego. Muchos, por no decir la mayoría, de los vinos más famosos del mundo se elaboran con uvas que nacen de vides cultivadas sobre suelos calcáreos. Esto sucede, por ejemplo, en Borgoña, Burdeos, Piamonte y Galicia por mencionar algunas regiones famosas.

 

La presencia del calcáreo, carbonato de calcio o piedra caliza esta relacionado con regiones que supieron ser lecho marino en el pasado. Para resumir su aparición se podría decir que el carbonato de calcio originado en esas aguas al no ser soluble se depositó en aquellos suelos marinos donde hoy, cincuenta millones de años después que las aguas se retiraran, se cultiva la vid.

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Restos calcáreos en viñedo de Chapadmalal, Buenos Aires.

Este tipo de suelo permite a las vides regular su vigor y nutrición de modo que sus vinos de alguna manera logran diferenciarse del resto con aromas y sabores propios. De todos modos corresponde destacar que los suelos son uno de los factores del terroir y por esto están los que insisten en que la calidad de estos vinos no radica solamente en las características de los suelos sino en un conjunto de elementos.

 

Como si fuera poco, las regiones vitícolas de Argentina hasta el momento no eran necesariamente famosos por sus suelos calcáreos aunque la aparición de algunas regiones donde la presencia de carbonato de calcio es más considerable que en otras. A diferencia de los suelos europeos donde hay presencia de piedra caliza, en Argentina se observa el carbonato de calcio recubriendo la rocas que se desprendieron de la cordillera y forma un película que por ejemplo retiene humedad.

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Calicata en Paraje Altamira, Mendoza, donde se aprecia la presencia de carbonato de calcio sobre las rocas.

Lo que la ciencia no logra explicar. La posición más fuerte en contra de la utilización del término mineralidad la adoptaron los científicos que han demostrado que los minerales que muchos winemakers destacan en sus vinos no son solubles en agua y por lo tanto es imposible que lleguen a la copa o alteren su calidad y expresión. Es por esto que insisten en que no existen los aromas minerales y mucho menos sabores.

 

Para los enólogos y agrónomos que adoptan la postura de la ciencia esa expresión diferencial de la que otros hablan ante la presencia de piedra caliza en los viñedos no es consecuencia de los minerales sino de la combinación del clima y el riego y la adaptabilidad de las plantas a ese ámbito donde el suelo es un factor clave que altera el modo en que las raíces disponen de agua y nutrientes.

 

Ante esto los fundamentalistas de la mineralidad no buscan refutar los trabajos de la ciencia aunque insisten en demostrar que hay una expresión particular ligada a estos suelos que puede apreciarse en los aromas, sabores y textura del vinos.

 

Así las cosas la mineralidad esta en boca de todos. Para algunos de modo literal, para otros como parte de una cruzada por reivindicar a la ciencia. Pero lo cierto es que el término también se instaló entre los consumidores que comienzan a tomar posiciones y el marketing aprovecha el momento para desarrollar nuevos discursos en la búsqueda constante de diferenciación. .

 

Por lo pronto la discusión parece estar recién comenzando y difícilmente científicos y degustadores logren ponerse de acuerdo en el corto plazo. Mientras tanto muchos aseguran que la mineralidad es como las brujas: no existirá pero que la hay, la hay.

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