Vendimia 2017, al acecho del cambio climático

La cosecha acaba de finalizar con datos alentadores desde lo productivo. Buen calidad y más uva que en 2016 en las regiones sensibles del país.

Compartir la nota

Como sucede cada año, con las uvas recolectadas y en plena fermentación los enólogos se animan a hablar de la calidad de la vendimia. Pero a diferencia de los que sucedía hasta hace unos años, cuando las cosechas parecían ser previsibles, los dos últimos años demandaron destreza por parte de los agrónomos y enólogos para sacar las cosas adelante. Después de una cosecha magra, como fue la de 2016, la de este año arrancó algunos inconvenientes climáticos que finalmente se pudieron superar. Así las cosas la cosecha que acaba de concluir permitió recolectar más uvas que la anterior aunque aún no alcanza para estabilizar el mercado y los precios fueron un tema más delicado que el clima. Pero afortunadamente de norte a sur del país ya se habla de una muy buena vendimia.

 

Mendoza, cosechando con la calculadora

 

La cosecha pasada supo ser histórica en la principal región vitícola del país. Con un clima más fresco de los normal las uvas cosechadas permitieron elaborar naturalmente vinos bajos en alcohol y acidez elevada, algo que desde hace año los enólogos locales buscaban dentro de las bodegas. Sin embargo en 2017 regresaron los días cálidos durante la madurez que definen a la vendimia con “tradicional”, tal como explican Daniel Pi, chief winemaker de Trapiche.

 

La marcha de la vendimia se alteró con algunas heladas de fines de primavera que demoraron el cuaje y un clima fresco en diciembre retardó la madurez. Esto generó irregularidades en la maduración de los racimos donde algunas uvas se veían más adelantadas que otras.

 

Con el verano llegaron los días calurosos, incluso con temperaturas por encima de la media histórica, que ayudaron a emparejar la marcha. Pero con una ola de calor que se instaló en enero algunas variedades tomaron ritmo y llegaron a adelantar sus tiempos habituales, por ejemplo, el Pinot Noir. Pero luego llegaron días frescos que nuevamente demoraron la vendimia. Algunas lluvias y tormentas de granizo hicieron de las suyas durante marzo y esto obligó a los productores a esperar unas semanas más de lo habitual para comenzar con la recolección. Afortunadamente Mendoza cuenta con la infraestructura para afrontar esta vendimia donde todas las cepas deben cosecharse casi en simultáneo.

 

Los números finales aseguran que se recolectó un 20% más de uva que en 2016 aunque esto no es un dato del todo alentador si se considera la gran pérdida de la campaña pasada. Pero al menos los números son positivos y eso siempre es bueno aunque los precios de las uvas treparon a valores históricos por la escasez. Principalmente el malbec que fue el varietal más afectado.

 

A pesar de estas marchas y contramarchas se obtuvieron frutos de excelente calidad que prometen vinos intensos, de colores profundos y buena carga tánica. Lo que todos definen con una cosecha típica mendocina.

 

Valles Calchaquíes personalidad sin rusticidad

 

Según Alejandro Nesman, enólogo de Bodega Piattelli, “tuvimos una cosecha que empezó más temprano que otros años con rendimientos altos, en promedio cosechamos 11 quintales por hectárea”. En esta región se habla de calidad excelentes para las cepas tintas, principalmente Malbec y Tannat mientras que del Cabernet Sauvignon se puede decir que conoció años mejores. Para el Torrontés, blanco más cultivado en la región, también fue una gran cosecha.

Esta vendimia estuvo marcada por las precipitaciones bajas, alrededor de 150 mm en toda la temporada, y temperaturas moderadas sin picos considerables. De modo que se logró una buena calidad, maduración adecuada para vinos intensos y concentrados, taninos redondos y maduros que aseguran vinos con mucha potencia, frescura y elegancia, especialmente en Malbec. Los torrontés serán más frutales y menos cítricos.

 

San Juan con un perfil sutil

 

En la provincia con mayor extensión de viñedos después de Mendoza, la vendimia 2017 se desarrolló de forma temprana. “La madurez tuvo un adelanto de 2 semanas”, asegura Leo Borsi, enólogo consulto de bodega La Guarda. Este fenómeno determinó una acidez total media a alta y azúcares (alcoholes potenciales) inferiores a lo habitual para lo que suele encontrarse en San Juan.

En cuanto al rendimiento hubo una baja carga por planta debido a una primavera húmeda y fría a lo que se sumaron heladas primaverales en algunos sitios y granizos localizados.

En general se habla de muy buena calidad en la provincia para la elaboración de vinos con mayor frescura, menos alcohol y una mejor definición aromática. “Esperamos vinos más fáciles. Aromáticamente más florales. En boca serán vinos ligeros y lineales, con taninos suaves, estructura más seca y menos dulzones que en el pasado”.

 

Patagonia, un año para vinos elegantes.

 

Por su parte en los viñedos de Río Negro “la cosecha fue desafiante ya que a lo largo del año las condiciones climáticas fueron muy irregulares y cambiantes”, explica Hans Viding Diers de Bodega Noemía. Durante primavera tuvieron lugar heladas que afectaron hasta un 40% del cultivo, los vientos durante la floración generaron corrimiento y más tarde los pico de calor de diciembre adelantaron el ritmo general de la cosecha. De modo que la maduración de todas las tintas se dio en las misma semanas lo que implicó un desafío logístico también. “Noto una excelente calidad en los malbec, expresivos, frescos y con potencial para vinos muy finos. Merlot y Cabernet también tuvieron un gran año”.

 

Quiero recibir más información sobre el mundo del vino