Balance 2017: qué pasó en el mundo del vino

El año que acaba de terminar dejó varias tendencias para prestar atención pero también algunas curiosidades para no pasar por alto. Estos son los hechos del 2017 que no podes dejar de saber.

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Cada año deja sus marcas. Algunas buenas y otras no tanto pero justamente de esto se trata el mundo del vino. En cuestión de hechos estos son algunos de los más destacados y que no deberías dejar de conocer.

 

El más remoto origen del vino (por el momento). Cada tanto, nuevos descubrimientos antropológicos demuestran que el vino es una de las bebidas más antiguas de la humanidad. Hasta hace unos años estos descubrimientos ubicaban a las vinificaciones más antiguas en el Cáucaso durante los años 4100 antes de Cristo. A estas conclusiones se habría arribado a partir del análisis de restos de vasijas encontrados en excavaciones hechas en Armenia en cuya superficie se habían identificado restos vínicos y algunas semillas de vid en el mismo lugar. Durante 2017 nuevos descubrimientos se dieron a conocer, esta vez en Georgia donde los estudios demuestran que las ánforas analizadas pertenecerían a la bodega más antigua jamás hallada y que se podrían remontarse entre los años 5500 y 5900 antes de Cristo.

 

“El” primer mejor sommelier. Desde 2002 la Asociación Argentina de Sommeliers organiza el concurso que consagra al mejor profesional local. Desde entonces, en cada una de las ediciones del certamen el primer puesto fue obtenido por mujeres. Si bien en todas las finales siempre hubo hombres en el escenario la destreza femenina logro imponerse en las primeras siete ediciones. Pero en 2017 fue el año en que se rompió la racha, en su octava edición el premio mayor del Concurso Mejor Sommelier de Argentina quedó en manos de Martín Bruno, sommelier de larga trayectoria en el ámbito local y actual Brand Ambassador de Pernod Ricard Argentina y sommelier ejecutivo de Tegui, el mejor restaurante del país de acuerdo al ranking de la guía San Pellegrino.

 

Chubut nueva región vitivinícola. Durante los últimos años el mapa vitivinícola argentino se amplió de manera muy curiosa. Lo hizo hacia al Atlántico cuando los viñedos de Chapadmalal ofrecieron sus primeros vinos, también hacia el Norte con la Quebrada de Humahuaca como Indicación Geográfica y en 2017 la provincia de Chubut se convirtió en la nueva frontera austral de la vitivinicultura argentina. De este modo la Patagonia vitivinícola queda ahora comprendida por Río Negro, Neuquén y Chubut donde una decena de pequeños productores, a los que el gobierno provincial promete apoyar, ponen el foco en cepas de ciclo corto como Pinot Noir, Merlot y también blancas debido a las condiciones climáticas donde el frío es el factor más notorio. El dato más curioso es que nadie habla de Malbec.

 

El año de los pequeños productores. En Argentina la industria vitivinícola estuvo siempre controlada por grandes bodegas, empresas con gran capacidad de producción y hectáreas de viñedos. Un modelo similar al de todos los países productores. Sin embargo, a partir del 2000 la aparición de decenas de nuevas bodegas de escala menor sirvió para aggiornar la industria, gracias a esto la oferta se amplió y con ella apareció una diversidad de estilos y sabores que permitieron a los vinos locales conquistar el mundo. Sin embargo, durante los últimos cinco año la coyuntura comenzó a dar nuevamente protagonismo a los grandes jugadores que absorbieron diferentes proyectos para diversificar sus portafolios. Paralelamente en este contexto aparecieron numerosos proyectos de escala diminuta impulsados por winemakers interesados en aportar diversidad al mercado local con vinos que en muy poco tiempo se convirtieron en etiquetas de culto. Durante 2017 finalmente se unieron y salieron juntos al ruedo en diferentes ferias y encuentros para la comunidad enófila y hasta realizaron un exitoso festival temático en Mendoza que promete un edición 2018 y varias presentaciones itinerantes.

 

Paladares millennials. Hace tiempo que la industria del vino viene pensando como hablarle a los consumidores más jóvenes. Hasta ahora las cosa no venia muy enfocada y solo se les ofrecía vinos dulces o efervescentes que no cumplían la misión de convencerlos. Pero durante 2017 se dieron dos fenómenos muy interesantes a los que estos jóvenes paladares respondieron positivamente. Por un lado se realizo ReFresh!, la primera feria de vinos exclusiva para millennials donde los vinos que se proponían eran elegidos de acuerdo al paladar de quienes comienzan a acercarse al vino y por otro lado se presentó la Liga de Enólogos un proyecto integrado por siete winemakers millennials que desarrollaron cuatro etiquetas en conjunto siguiendo sus propios gustos. De este modo la industria comienza a acercarse a quienes se convertirán en su consumidores más activos en la próxima década.

 

Esos raro vinos viejos. Tanto entre los proyectos de pequeños productores como en las grandes bodegas la vinificaciones especiales estuvieron a la orden del día. ¿A qué nos referimos con estas vinificaciones? Fácil, a aquellas que dan origen a vinos fuera de lo común, es decir, a etiquetas extremas que nada tienen que ver con los blancos y tintos habituales. Entre ellas las más preciadas son las de vinos naranjos y vinos de crianza oxidativa (tipo Jerez). En ambos casos se trata de estilos con mucha historia y tradición pero poco comunes en nuestro mercado a los que se sumaron también los elaborados con uvas criollas que sin duda es otra de las grandes tendencias que nos deja el 2017.

 

Indicaciones Geográficas en stand by. En el plano local sigue siendo protagónico el rol de las indicaciones geográficas y a caracterización de suelos y terruños. Con el gran paso que significó la aprobación de la Indicación Geográfica Paraje Altamira en el Valle de Uco, durante 2017 se continuó trabajando intensamente para la aprobación de otras, tales como Chacayes, El Cepillo, San Pablo y la más polémica, Gualtallary. Si bien el año terminó sin ninguna aprobación definitiva los rumores indican que al menos dos de estas pronto serán reglamentadas y sin dudas motivaran a los winemakers y agrónomos a continuar en esta línea de trabajo e investigación.