Vinos orgánicos y naturales ¿qué son?

 

Alejandro Iglesias

 

Las condiciones medioambientales son una de las principales preocupaciones para la industria vitivinícola. Es por esto que muchas comienzan a desarrollar programas sustentables con el fin de preservar el entorno natural que les permite obtener sus frutos. En medio de estas prácticas conceptos como producción orgánica, biodinámica y vinos naturales ganan espacios y abonan polémicas. Conozcamos cómo se elaboran estos vinos que el mundo comienza a demandar.

 

La producción orgánica se diferencia de las demás prácticas por que limita la utilización de productos químicos en viñedo y en bodega. Es decir, aquellas etiquetas con la leyenda “vino orgánico” o el sello de alguna certificadora especializada contienen vinos producidos a partir de uvas obtenidas en viñedos cuya tratamiento excluye productos de síntesis químicas tales como fertilizantes, herbicidas o pesticidas. Posteriormente la misma filosofía de trabajo se debe implementar en bodega donde se trabaja con levaduras indígenas y se reduce la utilización de anhídrido sulfuroso y otros productos autorizados por la enología convencional.

 

Por lo tanto, vale aclarar que no es lo mismo un vino orgánico que uno producido con uvas orgánicas. Para ostentar la categoría orgánica se deben cumplir los requisitos tanto en viñedo como durante la vinificación. Para asegurar esto, aquello que las prácticas orgánicas limitan o prohíben se debe reemplazar por preparados naturales y mano de obra. En la bodega, durante la vinificación y posteriores tareas, la consigna es limitar la manipulación del vino.

 

En qué se diferencian los naturales. Para muchos las diferencias entre los vinos orgánicos y los naturales pueden ser sutiles pero lo cierto es que son importantes. Mientras que para los primeros se limita el uso de químicos en los naturales se prohíben, o mejor dicho se opta por evitarlos en la totalidad del proceso, viñedo y bodega. En el caso de los naturales, mientras que en el viñedo el trabajo es constante y minucioso con la finalidad de potenciar la calidad de la finca y prevenir problemas que otros controlan con productos químicos, en bodega se busca que el vino se produzca con la menor intervención posible del hombre. Por ejemplo, no se recurre a controles de temperatura y se deja que el vino se auto regule naturalmente. Para muchos estas prácticas acarrean riesgos mientras que para quienes las eligen aseguran que es el único modo para que el vino exprese sin distorsiones la identidad del terroir que le da vida.

 

¿Biodinámicos? La biodinámica es otra filosofía que propone prácticas amigables con el medio ambiente y que suma cada día más adeptos alrededor del mundo. Y no solo para la producción de vinos de calidad, también en la industria de cacao, el café y frutales.

 

Estas prácticas fueron divulgadas hace más de cien años por el austriaco Rudolf Steiner, creador de la educación Waldorf y la antroposofía. En sus trabajos, Steiner desarrolló técnicas de cultivo que relacionan la energía del cosmos con la que cada finca puede concentrar si se llevan adelante tareas defensoras del entorno natural. Entonces los productores biodinámicos aplican a sus viñedos preparados naturales que obtienen a partir del uso de elementos naturales como hierbas, flores, abono, cortezas y minerales. Aplicados en los momentos que el calendario biodinámica indica estos preparados cumplen funciones curativas, de fertilización y preventivas mientras ayudan a concentrar energía a la finca.

 

La polémica: ¿son estos vinos mejores?No es fácil arribar a una respuesta definitiva respecto a esto. Cualquier producto elaborado en forma consciente y con la voluntad de proteger el medio ambiente tiene un plus de valor pero esto no lo hace precisamente mejor. Para los fundamentalistas de la practicas orgánicas, biodinámicas y naturales, su practicas aseguran vino fieles al origen y a la expresión de las uvas. Del otro lado quienes recurren a las prácticas tradicionales aseveran que sus vinos están mejor preparados y protegidos. Más allá de las discusiones los importante es saber que todas estas practicas dan lugar a vinos de calidad y lo bueno es que el consumidor tiene la oportunidad de elegir entre múltiples opciones para dar con el vino que más le guste.

 

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Placeres vínicos





Cada vez más personas caen en los encantos del vino. sin darse cuenta lo que comenzó con la búsqueda de una botella en una vinoteca se convirtió en un entusiasmo imposible de controlar por compartir vinos con amigos o descubrir una nueva etiqueta. A continuación te repasamos algunos placeres que nos regala una buena botella de vino y convierten a una copa en una de las maravillas del mundo.

 

Descorchar un incunable. Ya sea por que lo guardamos con la intención de abrirlo en un momento especial o por que lo descubrimos perdido en el estante de alguna vinoteca, el momento de descorchar un vino añejo es siempre sagrado. La paciencia que le dedicamos al corcho para que no se rompa, la delicadeza con que lo decantamos y el silencio en que lo catamos hacen que ese momento quede grabado en nuestra memoria para siempre. Incluso aún cuando el vino no está en su mejor forma, esa experiencia mística nos permite sentir que acariciamos el cielo con las manos. 

 

Descubrir una etiqueta. Todos los amantes del vino tienen una cuota de Indiana Jones a la hora de buscar vinos nuevos, curiosos y originales. Llega un punto donde no es fácil que una etiqueta nos sorprenda y es ahí cuando transitamos una especie de frustración con cada descorche. Una sensación de vacío que desaparece cuando un nuevo vino, y de nuestro gusto, llega a la copa. Es justo lo que necesitamos para presumir ante nuestros amigos de descorches o bien para custodiar hasta que se hace conocido y nos queda el orgullo de haber sido quiénes primero lo probamos.

 

Viajar sin movernos de casa. Cada vino expresa un origen ligado al viñedo que la da vida que se traduce en aromas y sabores. Al servirlo la postal del viñedo de algún modo copa nuestra imaginación gracias al estímulo que esos sabores y aromas activan en nuestra mente. Es por esto que un Riesling puede regalarnos un viaje por el Mosela y un Porto una imagen de los viñedos en pendiente que dan vida a sus frutos. Una forma de recorrer el mundo que solo algunas bebidas ofrecen y entre las que se destacan los vinos con sus cientos de orígenes.

 

Revivir momentos. Cuando un vino corona una situación ambas cosas quedan grabadas en la mente por siempre. Es imposible no recordar aquel momento sin pensar en el vino o beber nuevamente esa etiqueta sin revivir aquella experiencia mientras se nos dibuja una sonrisa en el rostro. Experimentar esto permite comprender por qué algunos vinos son ideales para ocasiones especiales o cuan especial se puede transformar una situación cuando damos con el vino preciso.  

 

Poner a prueba los sentidos. Todos los que deciden entregarse al vino y sus secretos descubren innumerables sensaciones, sabores y gustos que lleva tiempo descifrar e interpretar. Es por esto que cada ocasión en que se puede poner a prueba lo aprendido y las habilidades desarrolladas la satisfacción esta garantizada. No importa si los avances se dan en los tiempos pretendidos es solo cuestión de experimentar los progresos que siempre nos estimulan a organizar nuevas catas o degustaciones.

 

Conformar una cofradía. Los sabores del vino nos atrapan sin pedir permiso y cuando queremos darnos cuenta estamos en una reunión de amigos concentrados en la copa y ajenos a lo que sucede a nuestro alrededor. Fútbol, músico y cualquier otra pasión pasa a un segundo plano y solo nos interesa hablar de vinos, aprender y compartir conocimiento. Es por esto que lograr un grupo de amigos que compartan la misma pasión por los tintos y blancos se convierte en un momento de satisfacción inmensurable al igual que cada encuentro al que cada uno lleva un gran vino para compartir. Como suelen decir, la felicidad esta en las pequeñas cosas, o al menos sabemos que con 750 cm3 alcanza para pasarla bien.


Vino ABC: ¿Qué son los sulfitos?

 

Alejandro Iglesias

 

Como todo alimento, el vino debe cumplir con normas de etiquetado que puedan advertir a sus consumidores acerca de su composición y los riesgos que puede acarrear su consumo o abuso. Durante los últimos, las botellas sumaron advertencias para las embarazadas así como también respecto al abuso en el consumo y hasta en algunos países se establece un parámetro que permite saber cuánto alcohol contiene cada copa (standard drink) y hasta la cantidad de calorías. Sin embargo, una expresión despierta curiosidad y hasta preocupación entre algunos consumidores. Hablamos de la presencia de sulfitos, una advertencia que no tiene por que preocuparnos.

 

¿Qué son? Los sulfitos son muy utilizados en la industria de los alimentos por sus propiedades antioxidantes y de conservación. Su presencia inhibe la proliferación de bacterias, levaduras y hongos. En el caso de los vinos son utilizados para conservar aromas, evitar la aparición de agentes no deseados y la estabilización del color. Pueden adicionarse en diferentes momentos de la elaboración en estado gaseoso o como meta-sulfito potásico.

 

¿Para qué se utilizan? Los sulfitos cumplen un rol muy importante en la vitivinicultura desde hace siglos. Su presencia colabora al estado sanitario y reducir la posibilidad de aparición y reproducción de agentes no deseados en el vino. Por ejemplo, en el viñedo la adición de azufre, que luego se transforma en anhídrido sulfuroso, es un recurso muy común para evitar la proliferación de hongos, amenazas criptogramas o plagas de insectos. Vale destacar que el famosos caldo bordelés, compuesto de azufre y cobre, es un método preventivo muy popular y autorizado incluso por las certificadoras orgánicas. Una vez en bodega los sulfito suele utilizar sobre el mosto para eliminar amenazas antes de comenzar la fermentación. También puede agregarse a las barricas o piletas una vez finalizadas las fermentaciones. Por último, previo al embotellado se los utiliza con los mismos fines, para eliminar levaduras o bacterias que no deben llegar a la botella y como agente antioxidante. De este modo muchos enólogos se sienten más tranquilos con la evolución de sus vinos en botella.

 

Cuestión de cantidad. Más allá de la posición de los enólogos a favor o en contra del uso de sulfitos hay que destacar que durante la fermentación se producen naturalmente. Por lo tanto no existen los vinos sin sulfitos sino que están aquellos a los que no se les adiciona azufre. La polémica más antigua respecto al uso de azufre radica en el abuso de algunos productores que buscaban por este medio corregir los problemas que sus uvas acarreaban desde la viña o a raíz de las condiciones de sus establecimientos. El agregado innecesario o en cantidades excesivas puede ocasionar malestar como dolor de cabeza y hasta picor en boca. Ahora, si las cantidades son las correctas no hay por que temer a la presencia de sulfitos en botella.

 

Por diferentes leyes y legislaciones internacionales todos aquellos vinos con niveles mayores a 10 partes por millón (PPM) de sulfitos deberán llevar la leyenda “Contiene sulfitos” en su etiqueta. Los niveles máximos permitidos son de 150 ppm para los tintos y 200 ppm para blancos y rosados. El motivo de sumar esta advertencia es que se conoce que un bajo porcentaje de la población puede presentar alergia a estos compuestos químicos, por ejemplo, los asmáticos.

 

Vinos sin azufre. Hay una rama de la vitivinicultura que cada día gana más adeptos e impulsa la eliminación del azufre durante la elaboración. Quienes pregonan esta iniciativa aseguran que la adición de azufre afecta la expresión original del vino ya que elimina la expresión del terroir. Entre los que sostienen esta postura se encuentran los productores de vinos naturales, biodinámica y orgánicos, quienes para asegurar la sanidad en sus vinos den extremar las condiciones de sanitarias en sus viñedos y de asepsia en las bodegas. Claro esta que sus vinos contendrán cantidades de sulfitos menores al 10 ppm que es el nivel de concentración natural.

 

Enólogos sub-35 que debes conocer





Alejandro Iglesias

 

Durante siglos la imagen de los enólogos coincidía con longevos profesionales con decenas de cosechas en su haber. Pero en nuestro país esto comenzó a transformarse con el cambio de siglo. Fue entonces cuando lograron protagonismo enólogos locales que promediaban los treinta y pico como Mauricio Lorca, Héctor Durigutti, Alejandro Vigil, Marcos Etchart, Marcelo Pelleriti y Matías Michelini. Profesionales que se convertirían en los mentores de una nueva generación que lograría destacarse por sus creaciones en tiempo récord. A continuación un listado con los winemakers más destacados de la escena local que a pesar de su corta edad ya ostentan decenas de cosechas en su curriculum.

 

Mariano Quiroga Adamo (35 años). Radicado en Cafayate desde 2013, este mendocino es uno de los winemakers más renombrados de los Valle Calchaquíes. A cargo de los vinos de Porvenir de Cafayate, logró definir un estilo muy personal para cada etiqueta. Además impulsa el proyecto Mugrón, vino que elabora en Cafayate junto a otros cinco enólogos forasteros que eligieron el bastión de la enología salteña como su lugar en el mundo.

 

Juan Ubaldini (35 años). Formado junto a Michel Rolland y Marcelo Pelleriti en Bodega Monteviejo, Clos de los Siete, hoy con sus vinos El Equilibrista se ubica entre los winemakers que marcan tendencia en Argentina. Sus vinos conjugan un estilo bordelés y una nítida expresión del terroir del Valle de Uco.  

 

Fernando Buscema (34 años). La carrera de este joven winemaker hay que seguirla de cerca. Criado en el seno de una familia de viticultores a los 23 años se incorporó a Catena Zapata, luego viajaría a California para completar sus estudios y de regreso en Mendoza asumió Bodega Caro, el joint venture entre la bodega mendocina y Lafite Rothschild de Burdeos. Además es el director del Catena  Institute of Wine.

 

Juan Pablo Michelini (34 años). Es el menor de los hermanos Michelini, el clan enológico más transgresor del país. Especialista en la elaboración de vinos  tensos y filosos con uvas del Valle de Uco, Juampi esta a cargo de bodega Zorzal mientras asesora e impulsa diversos emprendimientos con su familia.

 

Rogelio Rabino (33 años). Formado en Finca Sophenia, hoy está al frente de Kaiken Wines, la bodega que el winemaker chileno Aurelio Montes posee en Mendoza. Cultor de un estilo fresco y ligero, Rabino imprime hoy un nuevo estilo a los vinos de esta importante bodega de Vistalba, Luján de Cuyo, donde desarrollan viticultura biodinámica y orgánica.

 

Laura Principiano (33 años). Esta joven mendocina secunda a Sebastián Zuccardi en Piedra Infinita, la nueva bodega que la familia inauguró en Valle de Uco. Si bien su carrera comenzó en el laboratorio de investigación y desarrollo, hoy se encarga de todos los vinos de alta gama de la bodega e impulsa la exploración de los suelos de las diferentes fincas que Zuccardi posee en Valle de Uco.

 

Matías Ciciani (32 años). A pesar de su edad, Ciciani cuenta con una extensa trayectoria que comenzó junto a Susana Balbo, continúo en Finca El Origen, lo llevó a realizar vendimias en Cataluña hasta asumir finalmente la enología en Escorihuela Gascón para los vinos de alta gama. Hoy tiene a su cargo una finca biodinámica de 70 hectáreas en Valle de Uco que comienza a dar que hablar por sus resultados.

 

Lucas Niven (32 años) Luego de unas temporadas como miembro del equipo enológico de Catena Zapata, Lucas partió hacia Estados Unidos para completar sus estudios y sumar experiencia. De regreso en Mendoza dejo de lado las propuestas de importantes bodegas para impulsar un establecimiento familiar donde elaborad sus vinos Pala Corazón que no dejan de sorprender a los enófilos locales.

 

Germán Masera (32 años). Este es otro caso curioso. Con solo 32 años Germán ostenta en su curriculum cosechas junto a Paul Hobbs en California, otras en Ribera de Duero y unos años de trabajo junto a Hans Vinding Diers en Bodega Noemia de Río Negro. Desde 2014 es el winemaker de Finca Sophenia donde produce blancos y tintos frescos y jugosos con uvas de Gualtallary, Valle de Uco.

 

Paula González (27 años). Desde sus 24 años Paula forma parte del equipo enológico de Bodega Casarena donde comenzó como asistente de Bernardo Bossi Bonilla. Hoy asume el control de la bodega y todos sus vinos que recorren los diferentes rincones de Luján de Cuyo con una maravillosa expresión de origen.

 

Bonus track: Manuel Michelini (20 años). Cuando parecía imposible mover la estantería de una industria tan conservadora como la enológica en nuestro país, Manuel lo hizo con solo 19 años con el lanzamiento de sus vino Plop!, un rosado de Cabernet Franc del Valle de Uco. Mientras suma horas de vuelo y completa sus estudios no detiene su creatividad y ya suma dos nuevas etiquetas,


Feria de vinos orgánicos 3ra edición

 

La Feria de Vinos Orgánicos se convirtió en un clásico imperdible tanto para los amantes de la bebida espirituosa preferida del dios Baco como para quienes disfrutan de las propuestas originales de la noche porteña.

 

Por eso, más vale agendar que del 18 al 20 de agosto se realizará la nueva edición de la feria que permite conocer, saborear y comparar la oferta de vinos nacionales naturales, orgánicos y biodinámicos, sus diferentes cosechas y cepas.

 

La mayor parte de estas etiquetas se trata de productos de exportación; lo que implica que muchas de ellas no pueden adquirirse habitualmente en nuestro país. Esta tercera edición de la feria representa una oportunidad única para degustar de esos vinos exclusivos . La oferta es tan variada que habrá etiquetas que se comercializan entre los $70 y $1000.

 

Durante la segunda edición, la cantidad de asistentes a la feria se triplicó y para este 2016 las expectativas de sus organizadores es superar el éxito que tuvo el año anterior, motivo por el cual decidieron extender la feria a un tercer día.

 

La Feria de  Vinos Orgánicos está dirigida a los habituales consumidores de vinos, a quienes buscan vivir nuevas experiencias de placer, a quienes se interesan por la novedades del mercado vitivinícola, a quienes se ven atraídos por las prácticas sustentables y la salud y a profesionales del mundo gastronómico como sommeliers, cocineros, hoteleros y dueños de vinotecas de todo el país.

 

Para esta tercera edición, harán su debut en la feria nuevas bodegas que presentarán en sociedad sus primeros productos orgánicos certificados. Entre otras, vale señalar la presencia en la Feria de Vinos Orgánicos a Ernesto Catena Vineyards (creada y dirigida por el hijo de Nicolás Catena Zapata, posee una línea orgánica –Animal– y dos Biodinámicas –Siesta y Tikal–); Bodega Domaine Bousquet (de origen francés, consolidada como líder de exportaciones del segmento con presencia en más de 40 países); Bodega Chakana (que en 2012 inició la transición a orgánico/biodinámico de los métodos de cultivo para todas sus fincas); Finca Dinamia (la primera viña biodinámica de Mendoza y la primera orgánica de San Rafael; de Alejandro Bianchi, nieto e hijo de Don Valentín y Don Enzo Bianchi, respectivamente); Vinecol (desde su fundación orientada a los vinos orgánicos); Costaflores (emprendimiento orgánico del aviador estadounidense Mike Thomas Barrow que sólo produce vinos singlevineyards); Andalhue (desde 2004 produce vinos orgánicos de alta gama, con uvas de producción propia, también certificadas); Familia Cecchin (pioneros, desde 1959 crean vinos sin agregados químicos) y Vinos Abaucán (producción catamarqueña de la artista plástica Silvina Harperin que elabora en forma manual y cuidando cada detalle del suelo y el vino).

 

Y, al igual que el año pasado, además de los stands de las bodegas habrá espacios con propuestas gastronómicas con impronta sustentable que maridarán de la mejor manera con la oferta vitivinícola protagonista. También se realizarán charlas sobre consumo, maridaje y sustentabilidad y no faltarán, como en ediciones anteriores, organizaciones no gubernamentales ligadas a las prácticas sustentables. El 10 por ciento de las ganancias de la feria serán donadas a la Fundación Espacios que realiza acciones en educación ambiental.

 

CONSOLIDAR LAS TENDENCIAS

La tercera edición de la Feria de Vinos Orgánicos es el exponente que confirma que la producción ecológicamente responsable está consolidada en los países del primer mundo y que es una tendencia que no deja de crecer en lugares como la Argentina. “Nosotros buscamos no sólo hacer la mejor feria del mundo sino la mejor feria para el mundo”, según dice el Licenciado en Ciencias Ambientales Juan Pino, creador de la feria junto con el periodista Pancho Barreiro.

 

“El consumidor de vino orgánico se multiplicó de forma considerable en los últimos tres en el país; en muchos casos gracias a grandes bodegas que se animaron a impulsar en el país un producto que ya tenían en el exterior”, afirma Pancho Barreiro y Juan Pino agrega: “Hoy, por suerte, casi no existen prejuicios sobre este tipo de vinos”.

 

En el caso de las bodegas, también en el último tiempo han crecido en el país los productores que evitan el uso de agrotóxicos y dan valor a la cosecha artesanal, personalizada y cuidada. Además de los orgánicos (que precisan de diversos sellos y certificaciones), hay casos de vinos naturales o agroecológicos, que son aquellos que también realizan prácticas de acuerdo a principios orgánicos o biodinámicos, aunque todavía no cuenten con la certificación oficial. En el caso de los biodinámicos, que no sólo están atentos en su elaboración a todos los cuidados de índole ecológica y sustentable, sino también a cuestiones ligadas al orden del cosmos y los ciclos lunares, además de técnicas con sustento a partir de la física y química.

 

Actualmente en Argentina hay unos sesenta productores de uva orgánica certificados; la mayoría se encuentran en Mendoza, la provincia con mayor superficie cultivada de todo el país. Otro dato que no pasa desapercibido –ya que expone el gran potencial del mercado–, indica que en 2015 la exportación de vino orgánico nacional conservó sus mercados alcanzados en 2014 (había crecido un 59%), y vaticinan para este 2016 un crecimiento superior al 70%.

 

UN ÁNGEL CON HISTORIA

La Botica del Ángel es la Casa-Museo creada por el recordado Eduardo Bergara Leumann hace ya más de 50 años. En ella conviven más de 2 mil obras de artistas como Raúl Soldi, Antonio Berni, Luis Felipe Noé y Marta Minujin y de manuscritos de Jorge Luis Borges, Ernesto Sábato y Manuel Mujica Lainez

 

Así, entre homenajes a compositores como Astor Piazzolla, Mariano Mores, Homero Expósito, Mercedes Sosa, Ariel Ramírez y María Elena Walsh, bien vale beber algunas copas de distintas cosechas y, por qué no, brindar con tintos, rosados y blancos exclusivos mientras se contemplan fotografías u objetos históricos de Buenos Aires; o viajar, de la mano de las etiquetas argentinas que se exportan a Estados Unidos, Europa y Asia sin levantar los pies de una meca cultural como es este museo de San Telmo.

 

AGUA CONCIENCIA: CONSUMO RESPONSABLE

La organización selló una alianza con el Agua Conciencia, la iniciativa propia del conductor televisivo Julián Weich con su agua que nació para ayudar y que entrega el 50% de lo recaudado a distintas ONGs. Conciencia se entregará gratuitamente a los presentes con el fin de lograr un consumo responsable de alcohol. El concepto es promover la hidratación al mismo tiempo que se disfruta de los diversos vinos que ofrecerá esta edición.

 

AGENDAR

CUÁNDO: Jueves 18, Viernes 19 y Sábado 20 de agosto; de 19 a 23 horas.

DÓNDE: La Botica del Ángel, Luis Sáenz Peña 541, Congreso.

CUÁNTO: $350, la entrada incluye libre degustación y acceso a toda la Botica. Entradas anticipadas con descuento.

VENTA Y MÁS INFORMACIÓN: www.vinosorganicos.com.ar (tarjetas de crédito visa, mastercard, american express, rapipago y pago fácil).

 

Los Socios Club Bonvivir podrán disfrutar de un 30% off en entradas. 

 

*Para acceder a este descuento podés adquirir el código en el newsletter de beneficios para Socios Bonvivir.

 

Alta Gama Buenos Aires





Buenos Aires, Julio de 2016. Luego de realizarse durante los últimos 12 años en la ciudad de Rosario y 3 en la ciudad de Santa Fé, el próximo jueves 18 y viernes 19 de Agosto llega la 1era edición porteña de la feria de vinos “Alta Gama”. Presentada por su dupla fundadora, Augusto Saracco y César Moreno, a quienes se suma como socio local Javier Menajovsky de WineRevolution, el evento propone reunir los mejores vinos del país, en un entorno de lujo y sofisticación. La sede del encuentro será el flamante The Brick Hotel Buenos Aires, miembro de la colección MGallery by Sofitel de Accorhotels (Posadas 1232, Ciudad Autónoma de Buenos Aires).

El horario de atención al público será en ambas jornadas de 18 a 23 hs, al que se suma un pre-opening exclusivo para el canal de trade y la prensa especializada, el día de apertura desde las 17 hs. Todas las noches habrá brindis especiales, charlas y degustaciones privadas, y la presencia de personalidades del mundo del vino, tal como enólogos, bodegueros y líderes de opinión de la industria.

La entradas anticipadas se pueden adquirir a través de Eventbrite, buscando el link en la fan page www.facebook.com/AltaGamaBA, o en https://www.eventbrite.com.ar/e/alta-gama-buenos-aires-tickets-26413685043las que tendrán un costo de $400 (más service charge) por jornada, incluyendo un copón de cristal de regalo de la marca San Carlos. En puerta las mismas se venderán a $450.

Entre las bodegas que ya confirmaron su presencia se destacan Terrazas de los Andes (única feria del año en la que estarán), Familia Zuccardi, Casa Bianchi, Norton, Jean Rivier, Mumm, Etchart con Cafayate, CCU, Los Helechos, Fabre Montmayou, Shroeder, Rosel Boher, Trivento y Kaiken.

También estarán presentes las aguas súper Premium Virgen, recientemente lanzadas, y los selectos fiambres Paladini con su línea L´Abratto, junto a propuestas gastronómicas del hotel que podrán adquirirse durante todo el evento.  

Contaremos también con la presencia del Fondo Vitivinícola Argentino y La Enoteca “Centro Temático del Vino en Mendoza” que nos traerán interesantes actividades para realizar en la feria: un juego interactivo de 4 etapas (desde la cosecha hasta el servicio) en donde se entrega un premio por cada nivel superado; enólogo por un día donde se les enseña a los asistentes a realizar un corte de vino, también tendrán sus vinos Destino Malbec Roble para dar a degustar y la presentación de su  plataforma www.mapadelvinoargentino.com.ar la cual está diseñada para bodegas, agencias, restaurantes, vinotecas, etc, para que puedan promocionarse a todos los turistas inscribiéndose sin costo. etc

Y darán una charla de introducción a la degustación, en donde se habla desde la historia del vino, zonas vitivinícolas, sistemas de conducción, proceso de elaboración, tipos y estilos de vinos, análisis sensorial hasta momentos de consumo y maridaje.

 

Más info en www.facebook.com/AltaGamaBA

Organizan: Augusto Saracco + Profesor César Moreno por Alta Gama, y Javier Menajovsky por WineRevolution.

 

Los socios de Club Bonvivir tienen un 30% de descuento en entradas (valor puerta).

 

*Para acceder a este descuento podés ver el link en el newsletter de beneficios para Socios Bonvivir.


La edad importa





Alejandro Iglesias

 

Por más que no está bien visto hablar de la edad de las damas, cuando se trata de viñas nadie se avergüenza de tratarlas de viejas. Básicamente por que la vid es un planta muy longeva y al igual que en un ser humano, la edad se traduce en “conocimiento”.

 

Pero la pregunta es: ¿cuánto influye esto en la calidad de un vino? ¡Mucho! De hecho los mejores vinos suelen elaborarse con plantas con una edad mínima de cinco o siete años, tiempo que demora una cepa en adaptarse al hábitat y lograr equilibrio natural en su producción.

 

Incluso muchos viticultores consideran que durante su juventud las cepas son vigorosas y ofrecen buena producción para vinos de expresión primaria y varietal mientras que con el tiempo comienzan a sumar el componente del terroir a su expresión y con este complejidad y estilo. Justamente por esto contar con un viejo viñedo no solo asegura calidad sino también identidad. 

 

Por su parte, la experiencia de los viticultores también incide en este aspecto ya que luego de haber trabajado durante muchos años un mismo viñedo logran interpretar sus necesidades. Es así que pueden llevar a cabo las tareas que mejor rendimientos y calidad aseguran.

 

¿Y cuánto puede vivir una vid? La mejor etapa de una vid es cuando promedia los sesenta años y hasta los ochenta, luego su rendimiento comenzara a disminuir mientras su calidad aumente. Por ejemplo, en Eslovenia asegurar tener la más antigua del planeta con más de cuatrocientos años de antigüedad. Lo más curioso de esta planta es que aún brinda frutos en cada vendimia.

Pero en el mundo es muy difícil encontrar viníferas tan longevas producto de la epidemia de filoxera que destruyó la mayoría de los viñedos del planeta hace un siglo. Algunas de las cepas más antiguas aún en producción se encuentran en Argentina y Chile, en algunos rincones de su geografía donde aún se cultiva en pie franco.

 

Valiosa genética. Si bien a los viticultores les gustaría poder mantener con vida sus mejores plantas por siempre, éstas son sensibles a los cambios climáticos y muchos otros factores además del paso del tiempo. Por esto mismo durante cada invierno en los viñedos se identifican aquellas plantas con problemas o bien que ya no muestran signo vitales para reemplazarlas por nuevo material. Pero cuando la genética asegura grandes resultados se buscará reemplazar las plantas sin alterar la identidad del viñedo o población. El método más utilizado recibe el nombre de mugrón o acodo y consiste en enterrar el sarmiento de un vid para que éste eche raíces. Una vez que este sarmiento logra enraizarse se corta de la planta madre para que continúe como un nuevo individuo. 

 

Cómo reconocer estos vinos. las bodegas acuden a diferentes expresiones para dar cuenta de la edad de los viñedos. Por ejemplo, en francés es “vieilles vignes”, en inglés “old vines” y en castellano se puede leer incluso “viñedo histórico”.


Vinos minerales





Alejandro Iglesias

 

Todos los vinos estimulan sentidos. Alguno lo hacen mejor que otros, con más intensidad y nitidez. Gracias a esto podemos comunicar nuestra apreciación y arribar así a conclusiones respecto a la calidad, la tipicidad varietal y hasta el origen. Por ejemplo, los aromas a violeta son característicos del Malbec mientras que los de ají morrón en los tintos se atribuyen a los climas cálidos y como ejemplo podemos mencionar a los Cabernet salteños. Y así a cada cepa, región y método de elaboración corresponde a un perfil sensorial.

 

Incluso, la necesidad de decodificar las catas profesionales por parte de los consumidores llevan a que cada vez se utilicen más descriptores cotidianos que llegan a horrorizar a los académicos. Pero como sirven al consumidor de a pie para comprender que hay en la botella que esta a punto de descorchar ya pocos se quejan.

 

Sin embargo, cuando todo parecía permitido un término disparó la polémica. En boca de todos, de modo gráfico y literal, la “mineralidad” como descriptor aromático y gustativo se convirtió en blanco de críticas y fanatismo. Veamos por qué.

 

De que hablamos cuando hablamos de mineralidad. En primer lugarhabría que diferenciar si se hace referencia a la composición del suelo del viñedo o si al gusto del vino. Como es sabido, cada mineral, sustrato y compuesto presente en los suelos del viñedo define el carácter y estilo del vino. Pero no por si solo sino como parte del terroir que se compone de clima, mano del hombre y las cepas cultivadas. Esa composición del suelo define por ejemplo el modo de alimentación de las platas, algunos suelos retienen más agua que otros, al modo de concentrar temperatura y otros aspectos del vigor y crecimiento. De aquí que se de tanta importancia a los porcentajes de arenas, limo y piedras presentes en un viñedo así como su origen y ubicación.

 

Por ejemplo, los suelos calcáreos son para muchos los que mejor resultado dan a la hora de elaborar vinos de acidez marcada y frescura por que son los más permeables y por lo tanto retienen poco agua. Mientras que los suelos más pesados aseguran más caudal y estructura en boca. Pero como ya dijimos, por si solos los suelos no definen al vino, hay que considerar el resto de los factores del terroir.

 

Ahora, si queremos abordar la mineralidad en el vino es donde comienza la polémica. Básicamente por que algunos sostienen que la composición del suelo puede apreciarse en el vino de modo casi directo y otros insisten en que influyen pero no necesariamente en el sabor o aromas. No siempre un vino elaborado con uvas que crecen en suelos con abundante presencia de carbonato de calcio tendrán aroma o sabor calcáreo.

 

Entonces, ¿cuándo hablamos de mineralidad? Aromáticamente se cita esta expresión en aquellos vinos con notas que recuerdan a las rocas húmedas, cemento fresco, yesca, pedernal, asfalto o fósforo. Aromas muy vinculados a  variedades como Riesling, Chardonnay y Gewürztraminer pero también a ciertos terroir como Valle de Loire y Chablis en Francia. También estos aromas pueden proceder de la vinificación, crianza o almacenamiento.

 

Mientras tanto en paladar la mineralidad se menciona en vinos ligero, frescos y lineales, es decir, aquellos de cuerpo moderado y acidez marcada, tanto se trate de blancos como tintos.

 

Pero atención, los estudios y debates continúan y todos están dispuestos a mantener su posición. Mientras tanto, lo ideal es que cada consumidor y catador sienta la libertad de utilizar aquellos descriptores que mejor ayuden a comunicar su apreciación del vino.


Excentricidades vínicas





Alejandro Iglesias

 

Si sos un fundamentalista del vino o tu paladar es hiper conservador, esta nota no es para vos. Ahora si sos un curioso bebedor, dispuesto a perdonar los pecados que algunos comenten en nombre de la ciencia o las tendencias te invitamos a descubrir dos “vinos” que no dejan de despertar polémica.

 

¿Vino azul con reflejos celestes? Gïk es el nombre de la etiqueta que hoy escandaliza a la industria vínica española. Un nuevo “vino” elaborado por un equipo de jóvenes emprendedores sin relación alguna con la industria del vino dispuestos a descontracturar el consumo con este vino dulce de color azul. Según sus creadores, Gïk no es sólo un vino azul, sino una demostración de rebeldía ante el acartonamiento que rodea al mundo del vino.

Elaborarlo implicó la ayuda de un equipo de investigación alimentaria y uvas de diferentes regiones españolas, tanto tintas como blancas. El llamativo color azul lo obtienen mediante una combinación de antocianinas, pigmentos presentes en los hollejos, y colorante índigo.

 

¿Vinos sin uvas? Según la Organización Internacional del Vino (OIV) solo se podrá considerar vino a la bebida obtenida a partir de la fermentación de jugo fresco de uva. No hay términos medios.

Sin embargo para el equipo de Ava Winery, un laboratorio estadounidense, esto no fue un obstáculo para presentar sus “vinos de diseño”. O mejor dicho diseñados a partir de un proceso que no implica uvas ni fermentaciones sino un lista de ingredientes muy fácil de conseguir: agua, alcohol y esencias aromáticas.

 

Para los científicos detrás del proyecto el vino es sin más vueltas 85% agua, aproximadamente 13% de alcohol y entre 1 y 2 % de otras sustancias y componentes. Un ecuación que consideran replicable en laboratorio. Incluso, como para no ahorrarse enemigos su meta es replicar los sabores de los vinos más icónicos del planeta. ¿Su principal objetivo? Ni más ni menos que el sabor del icónico Champagne Dom Perignon.

 

El proceso implica en primer lugar la identificación de todos los componentes presentes en un vino y el modo en que estimulan los sentidos. Para esto acudieron a la experiencia de entrenados catadores y a moderna tecnología que les permitió aislar cada uno de estos componentes. Una vez que contaron con estos elementos solo bastó comenzar a experimentar con diferentes proporciones y cantidades. Según se supo, los primeros resultados fueron realmente espantosos aunque finalmente alcanzaron un sabor similar al de un Moscato D´Asti.

 

Convencidos que su creación beneficiará al mercado del vino y al bolsillo de los consumidores, prometen seguir adelante con su cruzada que la industria vínica no dudo es calificar como una herejía muy provocativa.


Aldo's y su propuesta para el mes de Agosto





Este mes, podrán disfrutar del menú especialmente creado por el chef Maximiliano Matsumoto que se encuentra disponible de lunes a domingos.

 

Cocktail de bienvenida: Campari con Soda

 

ENTRADA

Sopa de berro y queso brie

Watercress soup and brie cheese

Huevo de campo frito, chips de papines, hongos

Fried farm egg, finger chips potatoes, mushrooms

 

PRINCIPAL

Pesca blanca, lentejas y jugo trufado

White fish, lentils and truffled juice red wine

Risotto de calabaza

Pumpkin risotto

 

POSTRES

Souffle de mandarina y vodka

Tangerine and vodka souffle

Pera, biscotti y ricotta

Pear, biscotti and ricotta cheese

 

1 agua + 1 botella de vino Trumpeter Chardonnay o Malbec cada 2 personas + 1 Café Nespresso

 

Precio: $490

Precio socios Bonvivir: $450