Hoy el concepto de terroir y la idea de una vitivinicultura de
precisión cobran un sentido hasta no hace mucho, complicado de entender.
Por Alejandro Iglesias, sommelier AAS*.
El 2011 puede considerarse el año del terroir y no porque se trate de un
signo en algún horóscopo sino porque muchas bodegas presentaron sus
avances en cuanto al estudio de los suelos de sus viñedos. Resultados
que lógicamente se beben. Este término francés no debe tomarse como
novedoso, de hecho nació con el primer vino, pero sí la tendencia por
explorarlo como el siguiente paso para profundizar en la calidad de la
industria. Ya sabemos que podemos hacer las cosas bien, ahora debemos
descubrir dónde hacerlas mejor.
La definición de terruño se puede
resumir como el resultado de la interacción de los 4 factores vitales
para la vitivinicultura: clima-hombre-cepa-suelo, resultado único e
irrepetible en cualquier rincón del planeta.
Como bien sabemos,
sobre el clima es poca la influencia del ser humano (al menos positiva)
por lo tanto es necesario recurrir a prácticas en la viña que le
permitan contrarrestar aquellas deficiencias producto de la
climatología. Entre estas se pueden nombrar la poda, el riego, la
conducción de las plantas y muchas otras labores.
Es en este
aspecto y en el de las cepas en el que cobra tanta importancia el
conocimiento que se pueda tener sobre qué sucede bajo nuestros pies, ya
que la composición del suelo puede facilitarnos o no el cultivo.
Dependiendo
del tipo de suelos sabremos si un área es apta para implantar un
viñedo, cuáles serán las variedades que darán mejor resultado, como se
deberá trabajar dicha parcela y hasta permite conocer el estilo final
del vino antes de producirlo. Esto se debe a que la composición orgánica
del subsuelo luego es posible saborearla en la copa.
Es por
esto que si un productor descubre en su finca un área que le permita
alcanzar un resultado determinado, puede aislar los frutos producidos en
dicha parcela para producir un single vineyard, es decir, un vino
elaborado pura y exclusivamente con uvas provenientes de un viñedo
singular. Sucede que este vino suele desarrollar características tan
destacadas que bien vale disfrutarlas la 100 por ciento.
Pero el
estudio del terroir va mucho más allá de obtener algún single vineyard,
busca identificar los mejores emplazamientos y el resultado a partir de
cada uno. Así a la hora de desarrollar un vino de corte cada componente
aportará aquello que el enólogo necesita para concluir su obra. Hoy los
profesionales ya comienzan a conocer en profundidad cuáles son aquellos
viñedos donde lograr estructura o complejidad aromática.
Una muestra de este trabajo es el
Bodega Navarro Correas®
Reserva Malbec 2009,
un vino nacido a partir de la combinación de 3 diferentes viñedos
ubicados en La Consulta (Valle de Uco), Los árboles (Valle de Uco) y
Agrelo (Luján de Cuyo). Cada uno de estos orígenes permite concentrar en
el vino diferentes perfiles aromáticos y gustativos. Por su parte
Agrelo aporta un vino fresco, ligero, de elegante identidad producto de
su suelo franco limoso con presencia de arcilla, donde las plantas
logran desarrollar una buena estructura radicular. Por su parte Los
árboles brinda mayor frescura y notas minerales, producto de una mayor
presencia de piedras que las raíces deben sortear durante su crecimiento
y de las cuales absorben componentes. Finalmente La Consulta es la que
define su intensidad, estructura y peso de boca a la vez que aporta todo
el matiz frutal donde las frutas rojas y los arándanos junto con trazos
florales dominan el paladar.
Como puede observarse nuestra
vitivinicultura llegó a un nivel de perfeccionamiento a veces difícil de
imaginar y que evidentemente recién comienza a dar muestras de los
resultados que se podrán obtener a medida que se avance en el
conocimiento de cada rincón de los viñedos. Hoy más que nunca el
concepto de terroir y la idea de una vitivinicultura de precisión cobran
un sentido hasta no hace mucho complicado de entender.
*Miembro de la Asociación Argentina de Sommeliers (www.aasommeliers.com.ar)