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De copas

En los últimos años las copas de vino dejaron de ser lo que eran para convertirse en verdaderos objetos de deseo de todo amante del buen beber. 


 Pronto muchos las adoptaron para vestir la mesa por sus nuevos diseños y formatos sin saber que son mucho más que simples recipientes donde verter sus bebidas favoritas. Por lo tanto en esta ocasión proponemos conocer más de las copas que al final de cuentas sin ellas disfrutar de un vino seria casi imposible. 


Por Alejandro Iglesias, sommelier

Los inicios. Desde siempre el hombre buscó el modo de saciar su sed. En los comienzos lógicamente no existía ningún elemento que lo ayude a llevar el agua a la boca, por lo tanto debía beberla directamente de los lagos o las vertientes. Mas tarde y a medida que fue desarrollando habilidades para construir utencillos y elementos acudió a las cortezas, las maderas y a todo elemento que se pudiese moldear en forma de cuenco para contener aquello que prefería beber.

Junto con la evolución humana los recipientes también mejoraron y durante un largo periodo serian confeccionados con barro a modo de pequeños vasos o cuencos que a la vez solían ser ornamentados con imágenes que siglos más tarde aportarían mucha información sobre la cotidianeidad de aquellos primeros hombres.

La hora del metal. Con un perfecto dominio del fuego el hombre encontró el modo de dar forma a muchos materiales, entre ellos los metales. De los primeros en ser utilizados para confeccionar sus cuencos donde beber se encontraba el cobre, utilizado por las clases más pudientes, las mismas que siglos más tarde lo remplazarían por el oro y la plata. Con estos metales preciosos la confección de copas se transformo en una empresa que no conoció límites.

Icono de poder. Los más poderosos competían por tener la copa más ostentosa con el fin de demostrar su poder y riqueza. Fue así que se decorarían con de piedras preciosas y serian diseñados por los artistas más prestigiosos siendo quizás en la Edad Media el momento de esplendor de estas sofisticadas copas.

Pero seria durante la misma Edad Media que el hombre desarrollaría técnicas para trabajar el vidrio y así lograr con él elementos mas elegantes y refinados. Fue precisamente durante el Renacimiento que se comenzarían las primeras cristalerías europeas entre las que se destacaban las venecianas. Incluso se atribuye a aquellos años la aparición de las primeras copas de vidrio con el formato tal cual conocemos hoy: cáliz, tallo y base. Pero aun estas copas eran algo rusticas y delicadas como para ser adoptadas por la nobleza. 

Deberían pasar unos siglos y la implementación del oxido de plomo como insumo al momento de preparar la masa de vidrio para que se pueda mejorar el moldeado y el corte de estas piezas, innovaciones que permitían al fin obtener copas de mejor calidad que lentamente se convertirían en la nueva debilidad de los mas ricos.

Así se dio inicio a una industria que para el siglo XVIII ya tenía como protagonista a la familia austríaca Riedel, la misma firma que tres siglos mas tarde revolucionaría el mercado del cristal.

Así desde el siglo XVII al XX las copas de vino serian siempre confeccionadas en cristal aunque acompañadas de diseños llamativos, biselados y colores que no respondían a otra cuestión que llamar la atención a partir de la originalidad. Eran considerados ornamentos que vestían la mesa sin preocupación alguna por el modo en que se disfrutaba mejor un vino.

Riedel y después. Según cuenta la historia fue Claus Riedel, novena generación de esta familia de cristaleros, quien descubrió que el tamaño y forma de la copa alteraba la percepción del vino a mediados del siglo pasado.  

Aparentemente la historia fue así. En ocasión de un banquete de la alta sociedad europea Claus Riedel es convidado con una copa de vino, el cual pidió repetir luego de unos minutos. En la segunda oportunidad el cristalero descubre que no se trataba del mismo vino y pide a los encargados del servicio que le consigan el vino pedido. Para su sorpresa le informan que se trataba del mismo vino momento en que nota que lo que sí había cambiado era el formato de la copa. 

Con esta curiosidad Claus comenzó a realizar diversos ensayos en su fábrica que resultaron en el lanzamiento en 1973 de las copas Sommelier,  una línea que se convertiría en el puntapié para una verdadera revolución de los sentidos. A diferencia de las copas que se utilizaban hasta el momento Riedel introducía diseños de líneas simples y estilizadas, confeccionadas íntegramente en cristal de alta calidad que presentaban un cáliz de dimensiones importantes, un tallo largo y una base amplia. Como si todo esto fuera poco también demostraría que cada estilo de vino de manda un formato de copa diferente por lo tanto nunca mas sería lo mismo beber dos vinos diferentes en una misma copa. 

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