Ocho tendencias crecientes en el vino argentino

Un repaso a las nuevas tendencias del vino arroja algunos resultados interesantes sobre lo que beberemos en el mediano plazo.

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Fuente: La Mañana Neuquén

Por Joaquín Hidalgo

 

Botellas más chicas, menos madera y nuevas regiones vitícolas son algunos de los ejes en los que se mueve el vino hoy.

 

El vino se achica: cada vez son más las bodegas que sacan sus vinos en formatos menores, como 375 y 187 cc. De López a Luigi Bosca, la tendencia es ascender en precio hacia las gamas medias y altas. Las razones hay que buscarlas en un cambio de hábito del consumidor “bebe menos en público- y el recrudecimiento de los controles de alcoholemia a automovilistas. Quienes no quieren abandonar el placer de un buen vino luciendo la etiqueta en el restaurante encuentran en los formatos Liliput una solución.

 

Menos madera: por fin la madera cede terreno y los vinos ganan en expresión frutal. No hace falta ser un especialista para darse cuenta, basta recordar que hace un par de años todos los vinos tenían una marcada nota de café que ya no se encuentra tan seguido.

 

Nuevas zonas: una de las tendencias más interesantes en el largo plazo es la aparición de nuevas zonas productoras. Si la Patagonia Norte marcó el rumbo hace una década al estrenar viñedos en Neuquén, hoy hay bodegas en lugares tan distantes y novedosos como Tucumán, Jujuy y San Luis. Con todo, lo más interesante sucede en las áreas cercanas a la pampa húmeda. En el sur de la provincia de Buenos Aires, por ejemplo, hay una linda movida entre Sierra de la Ventana y Médanos, con bodegas como Salgungaray, Aleste y Cerros Colorados. O el curioso despertar de Entre Ríos, donde están apareciendo hobbistas siguiendo el camino de la bodega Vulliez-Sermet, pionera en la Mesopotamia con vinos en el circuito comercial.

 

Otros varietales: Bonarda y Pinot Noir son dos piezas clave del nuevo ajedrez del vino local. La primera, por la importancia de su volumen “es la segunda tinta más cultivada-, mientras que el Pinot Noir es una variedad que está dando que hablar en Patagonia, donde está la mitad de la producción de vinos tranquilos para esta uva, con bodegas como Familia Schroeder, Universo Patagonia, Canale y Chacra picando en punta. A estas uvas se suma el Cabernet Franc y el Petit Verdot “la primera con ejemplares en el Sur- con las que aparecerán nuevos vinos en el mediano plazo.

 

Torrontés en primera: que un blanco chillón y delgado gane la escena en un país tinto es un fenómeno a estudiar. En algún punto toca la fibra chauvinista que tenemos los argentinos: una uva que sólo se produce aquí, de pronto es pedida como pan caliente en el exterior y gana fama en pocos años. Ya hay 50 etiquetas en el mercado que muestran un perfil rico para la variedad. Salta pica en punta. Sin dudas.

 

El botox llega al vino: las marcas que se bebían hace 20 años hoy están sujetas a una cirugía estética. Tan sólo en el último año, las clásicas Santa Ana, Pacheco Pereda, Cuesta del Madero, Michel Torino y Goyenechea sufrieron ajustes de imagen a la semejanza de otras gamas de precio. Daría la sensación que después del apunamiento que causó la ola de vinos de alta gama, quedó la realidad del mercado y las bodegas se aplicaron a aggiornar su principal tesoro.

 

Cada vez hay vinos más caros: hace una década, la brecha de precio entre el vino más caro y el más barato del país era una; hoy es hasta 500 veces más amplia. Y no hacen falta comparaciones matemáticas para darse cuenta: antes no existían tantos vinos de alta gama. Una vinoteca que se precie ofrece cerca de 50 etiquetas que están por encima de los 100 pesos, mientras que ya hay varias que cuestan, al pie de la bodega, mil pesos, como última Hoja y Cobos. La novedad, parece, es ir cada vez más alto y a juzgar por lo que sucedió en los años pasados, la tendencia parece no tener techo.

 

Tintos dulces: Malbecs Tardíos y Dulces naturales es otra tendencia que se ha afianzado en el mercado. A la fecha hay al menos una veintena de vinos tintos dulces a base de Malbec y, en menor medida, Cabernet Franc y Merlot. Se los consume al final de las comidas, con quesos, o bien, acompañando un marquise de chocolate. Algunos que conviene probar son el Graffigna Malbec Tardío, El Esteco Tardío de Malbec y Brioso, de Susana Balbo, también Malbec. Cuestan entre 50 y 100 pesos las botellas de 500 cm3.