Elegancia & Complejidad.

Los nuevos parámetros del vino en el mundo son frescura, fruta, elegancia y complejidad. La Argentina además, avanza hacia la calidad.

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Por Verónica Gurisatti, sommelier.

 

En los últimos años hubo un cambio radical en el estilo del vino argentino. Nuestra vitivinicultura se afianzó en el modelo del chateau francés (calidad) pero con bases en el australiano (volumen) y viene avanzando hacia vinos más modernos y fáciles de beber, con una profunda búsqueda de suelos y de identidad, apuntalados en la calidad y elaborados a partir del viñedo.

 

Muchas bodegas, además de incorporar tecnología de punta, perfeccionaron el uso de las barricas de roble, estrenaron algunas tipicidades del terruño y se especializaron en Malbec, y así fueron naciendo vinos más elegantes, con personalidad, mucho más integrados, con menos concentración y notable fluidez, donde prevalece la fruta y la frescura sobre la madera.

 

Uno de los grandes diferenciales de Argentina con respecto a otros países del Nuevo Mundo es su diversidad de suelos, variedades de uva, estilos y terroir (así lo reflejan las góndolas que ostentan cada día más etiquetas). Pero hoy, lo que claramente se ve es una tendencia a mejorar y buscar calidad desde la producción, por eso los enólogos aseguran que lo mejor está por venir.

 

El Malbec mendocino ya es referente del vino argentino en todo el mundo. Por su dulzura, su versatilidad, su buena relación precio-calidad y porque es muy fácil de tomar. Es el varietal más trabajado del país y hoy está pasando por su mejor momento, aunque todavía no se llegó a la excelencia.

 

Es la uva más plantada y Mendoza concentra la mayor cantidad de viñedos, especialmente en Luján de Cuyo y Maipú, llamada “Primera Zona de los vinos argentinos”, donde la variedad más característica es el Malbec, aunque también hay muy buenos Cabernet Sauvignon, Merlot y Syrah.

 

El Syrah de Maipú (Mendoza) es único e inconfundible y su personalidad varía según el grado de madurez. Algunas bodegas están logrando altísimos niveles de calidad al potenciar al máximo sus rasgos primarios y al imprimir una nueva dimensión con varietales extremadamente delicados.

 

¿Será la nueva esperanza tinta? Es el gran aporte al mundo vitivinícola del Valle del Ródano (Francia), en Australia alcanzó una superioridad indiscutida y en nuestro país está de moda. Hace algunos años apenas existía, pero hoy está presente en casi todas las regiones productoras y después del Malbec, la Bonarda y el Cabernet, es la cepa que más está creciendo en superficie cultivada.

 

El Cabernet Sauvignon de la Patagonia es bien distinto a los demás y tiene que ver con el terroir. Es más suave y con taninos más delicados que no causan tanto impacto, con buena estructura y longevidad. Añeja muy bien en madera (con la que tiene afinidad natural) y en botella hasta alcanzar asombrosos niveles de complejidad.

 

Es capaz de brillar durante un siglo, pero también produce vinos deliciosos sólo 6 meses después de la vendimia. Su rasgo más típico es la esencia del cassis y cuando el nivel de maduración es bajo, aparece un aroma de pimienta verde. Hoy, es el gran desafío del vino argentino y aún está todo por hacerse