Syrah, misterios y sofisticación.

Este mes debuta en BonVivir el Syrah. Sin duda este viejo conocido, mantiene su vigencia a fuerza de vinos sabrosos y sofisticados...

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Por Alejandro Iglesias, sommelier.

Sin duda este viejo conocido, algo opacado en los últimos años por el auge del Malbec, mantiene su vigencia a fuerza de vinos sabrosos y sofisticados que siempre encuentran la aceptación del paladar argentino.
Su origen siempre ha sido polémico y su historia apasionante. La versión más divulgada atribuye su nombre a la ciudad persa de Shiraz desde donde los fenicios se encargarían de introducirla al viejo continente. Otros aseguran que fue durante las Cruzadas que los europeos al regresar de Medio Oriente la llevarían a suelo francés. Pero más allá de las batallas que haya presenciado o las largas travesías que debió surcar, nadie discute su calidad para dar vida a exquisitos vinos.

Históricamente la cuna del Syrah es el Valle del Ródano, lugar que imprime su identidad a preciados vinos como los Chateaneuf du Pape y Cornas entre otros. Los Syrah franceses son densos, profundos y carnosos, con un carácter singular que destaca las notas especiadas y recuerda el aroma del cuero.
Actualmente los especialistas del Syrah son los australianos, quienes prefieren llamarla Shiraz y han conquistado los mercados más exigentes con sus vinos, más concentrados e intensos que los franceses.

En Argentina el Syrah comparte su origen con el resto de las cepas francesas que llegaron a mediados del siglo XIX. Su cualidad para adaptarse a diversos climas y suelos le permitió desarrollar en nuestro país un carácter propio que no tardó en convertirla en favorita de enólogos y consumidores.

El Departamento de Maipú es tal vez la región ideal para su cultivo en Mendoza. Aquí el Syrah permite elaborar vinos de color profundo con una estructura media que se traduce en un paso elegante en paladar. Aromáticamente conserva la tipicidad varietal con su perfil especiado característico, toques de cuero y una intensa fruta negra.