Con certificado de origen.

Vigente en Europa desde hace años, el sistema fiscalizador de procedencia mejor conocido como Denominación de Origen Controlada (D.O.C.) tiene su versión argentina.

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Por Alejandro Iglesias, sommelier AAS.

 

Es imposible hablar de un vino sin mencionar su origen. Ya sea Malbec o Cabernet, la zona de cultivo y elaboración siempre le imprimirá su sello que lo convertirá en un producto único. Muchos consideran al origen como el ingrediente que define la identidad de cada botella.
En principio parece fácil de entender. La vid es extremadamente susceptible al hábitat donde se la planta y cada uno de los factores en la ecuación terroir (cepa-clima-suelo-hombre) son los responsables del resultado obtenido en cada punto del mapa.

 

Muy atentos a esto, los europeos desde hace años comenzaron a diferenciar los vinos por su origen ya que algunos presentaban cualidades
claramente diferentes a las de otros y esto se traducía en los precios. Desde hace tiempo no es lo mismo comprar un Cabernet de Burdeos que uno del Languedoc o un Sangiovesse toscano que algún tinto de Sicilia. De este modo el origen comenzaba a ganar peso en las preferencias del consumidor.

Lamentablemente la aparición de algunos comerciantes que comenzaban a vender vinos de origen dudoso bajo etiquetas de viñedos reconocidos, tuvo un efecto inmediato que perjudicó tanto a consumidores como productores. Por lo tanto para paliar este flagelo, el Estado decidió delinear un sistema que fiscalizara la procedencia de cada vino. Era el nacimiento de las Denominaciones de Origen Controladas, rigurosos sistemas que en cada país tendrían su versión local y se encargarían de poner orden en el mercado.
Básicamente estos regímenes consideran al vínculo entre historia, cultura, terruño y tradición el encargado de definir la calidad, tipicidad e identidad de un vino. Por lo tanto este resultado, patrimonio de la región, merece gozar de una protección que garantice su calidad y genuinidad.

 

A partir de aquel momento cada zona vitivinícola europea cuenta con su ente regulador encargado de definir los procesos y prácticas para la elaboración de los vinos dentro de sus fronteras. Controles que tienen como finalidad principal proteger al productor y su producto, como así también al consumidor.

 

Entre las pautas que establecen las Denominaciones de Origen, las más habituales son:
Área delimitada de producción, cepas autorizadas, prácticas en viñedo (por ejemplo densidad de plantación, sistema de conducción y riego), tiempos de vendimia, prácticas en bodega (por ejemplo tiempos de crianza y de estiba), y algunas más que sin duda definen la identidad de los caldos.

 

Conscientes de estas regulaciones, un grupo de 10 bodegueros mendocinos observó a finales de los ’80 que las características de los vinos obtenidos en Luján de Cuyo merecían destacarse del resto y decidieron impulsar la primera Denominación de Origen Controlado de América.
Menos rígida que las europeas, la D.O.C. Luján de Cuyo tiene como principal objetivo proteger la identidad de su Malbec, aunque ampara otras cepas. Para esto la D.O.C. define restricciones en cuanto a zonas de cultivo, manejo del viñedo y tiempos de crianza entre otras.
De este modo cada vez que un consumidor compra una botella que en su etiqueta tiene impresa la leyenda D.O.C. Luján de Cuyo, tiene la tranquilidad de haber obtenido un vino elaborado en esta región, hoy aclamada gracias a las características que imprime en sus vinos y que permitieron posicionar a nuestra cepa emblemática en la elite de viticultura mundial. Tal es el caso del Nieto Senetiner Malbec D.O.C. que este mes forma parte de la colección de BonVivir.

 

Tan importante es este origen que en el Viejo Continente existen desde hace años entes reguladores encargados de controlar la procedencia de cada botella que sale al mercado, mejor conocida como Denominación de Origen Controlada o D.O.C.

Es así que entre los principales responsables del estilo, calidad y personalidad de cada vino no podemos dejar de mencionar la región que lo vio nacer y aquellos factores presentes en ella que la convierten en un sitio irrepetible. Apoyándose en estos principios y en el afán de conservar la esencia de algunos de los vinos más importantes del planeta en el Viejo Continente, aparecieron las Denominaciones de Origen Controladas.