El clásico de los blancos.

Llega el vino blanco a BonVivir y como no podía ser de otro modo, rompemos el hielo con la cepa blanca por excelencia: el Chardonnay.

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Por Alejandro Iglesias, sommelier AAS.

 

Nadie puede dudar de la calidad suprema que alcanzan los vinos elaborados con Chardonnay. De hecho la historia tomó en consideración sus excelentes cualidades y reputación para nombrarla la reina de las cepas blancas.

Los expertos fundamentan este título de nobleza a partir de su capacidad para adaptarse a cualquier viñedo del mundo sin perder protagonismo gracias a sus vinos sofisticados, elegantes y versátiles que seducen los paladares más disímiles.
Esta adaptabilidad ha llegado a ubicarla tanto en viñedos húmedos y fríos como en otros desérticos y calurosos sin miedo de perder calidad. De este modo, encontramos diferentes estilos que han ubicado en el mapa a más de un productor y dejan en claro que más allá de las modas, el blanco será siempre Chardonnay.

 

Si queremos conocer sus versiones debemos empezar por su tierra natal, Francia. Aquí no podemos dejar de mencionar que es una de las cepas responsables de los champagnes más prestigiosos. En este tipo de vinos es la encargada de aportar una acidez vibrante que asegura frescura junto a sus aromas y sabores de frutos cítricos con toques melosos.

Mientras tanto en la Borgoña, aún en suelo galo, da vida a los emblemáticos vinos de Chablis como también a los más exquisitos blancos de Cotes de Beaune, entre los que podemos encontrar los Chardonnay más costosos del mundo. El estilo logrado en esta región es el clásico y tradicional que le dio fama y prestigio. Tal vez la receta que todos siguen pero pocos logran. Parte del secreto es la fermentación y crianza en barrica que aportan notas tostadas y al combinarse con el matiz varietal dan vida a vinos sublimes con la capacidad de envejecer durante décadas. A su vez el aporte del terroir borgoñón se destaca con notas minerales que le sientan muy bien y sólo se reproducen en viñedos con suelos de excelente calidad.
Fuera de Francia, aquellos países que no la plantaron desde el comienzo la incorporaron con el tiempo, ya que es considerada un parámetro de calidad. Hay quienes dicen que para considerarse un país enológico se deben tener al menos Cabernet y Chardonnay. Si el resultado es bueno, el éxito está asegurado.
Los estadounidenses comprendieron esto y salieron al mercado con excelentes ejemplares de Chardonnay que marcaron un nuevo estilo con un tono más elevado de barrica junto a notas de avellana y nuez como protagonista. Inmediatamente triunfaron en numerosos mercados pero pronto el público volvió al estilo clásico, más delicado, fresco y en lo posible que no empalague.
Australia y Chile también hicieron lo suyo. Los australianos más cerca de la receta americana mientras que nuestros vecinos, gracias a la influencia oceánica, lograron vinos frescos y vivaces que llegaban al consumidor a un precio muy accesible.

 

En Argentina el Chardonnay siempre estuvo entre las cepas favoritas y más refinadas. La encontramos plantada a lo largo de todo el territorio vitivinícola y podemos decir que siempre ha brindado una calidad extraordinaria. Actualmente encontramos vinos frescos y jóvenes que delatan sus virtudes varietales pero también están aquellos que gracias a la implementación de la barrica logran un perfil más sofisticado y elegante.

 

Hoy muchos enólogos, locales y extranjeros, confían ciegamente en el futuro del Chardonnay en suelo argentino y están trabajando arduamente en la búsqueda de los mejores viñedos donde elaborar vinos para cautivar al mundo.

 

En el estilo más tradicional y complejo se ubica Ruca Malén Chardonnay 2009, el primer blanco incorporado por BonVivir que desde los viñedos mendocinos llega para sorprendernos con su calidad.