Las familias del vino.

En la industria del vino las tradiciones se valoran como en pocos ámbitos e industrias. Muestra de esto es la gran cantidad de...

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Por Alejandro Iglesias, sommelier AAS.

 

…apellidos vinculados desde hace siglos a la viticultura nombres que parecen haber nacido junto al primer vino. Este es el caso de la Argentina donde aún muchas bodegas continúan en manos de las familias fundadoras a pesar del paso del tiempo.

 

Recorrer el mundo del vino no sólo se trata de transitar viñedos, visitar bodegas o probar incunables sino también de conocer historias y descubrir a sus protagonistas. En cualquier rincón donde se haya plantado una cepa existen nombres que merecen ser rescatados por el simple hecho de promover esta bebida tan noble.

 

Sucede que este producto tan aferrado a la tierra, más allá de saciarnos la sed es patrimonio de muchas culturas, y el ansia por mantener vivo su legado ha preocupado al hombre durante siglos.

 

En el viejo mundo, por ejemplo, existen cientos de apellidos relacionados a la viticultura en cada región. Y esto no implica, necesariamente, hablar de los vinos más costosos del planeta. Todo lo contrario. Son familias que han luchado y enfrentado diversas contingencias con el único fin de asegurar que el vino siempre esté en la mesa.

 

Claro está que algunas de estas familias a partir de la reputación de sus etiquetas o bodegas han llegado a trascender más que otras, hasta transformarse en sinónimo de regiones. Lo mismo sucedió en nuestro país.

 

A pesar de los 500 años de historia vitivinícola que ostenta la Argentina, siempre se hace referencia al inicio de la industria a finales del siglo XIX. Por aquel entonces los gobiernos convocaban a reconocidos enólogos y agrónomos europeos para dar forma a extensos viñedos que ya dominaban una gran porción de nuestro suelo. Paralelamente se producía el desembarco de miles de familias europeas que llegaban a estas latitudes en busca de un sueño, una oportunidad. Muchas de éstas traían sus vides bajo el brazo, por decirlo de algún modo, y la experiencia necesaria para elaborar buenos vinos.

 

Varias encararían el desafío pero pocas triunfarían en esta incipiente industria. Eran tiempos difíciles en una tierra aún algo ajena. Pero siempre existen aquellos con destino de bronce que a fuerza de disciplina, trabajo y perseverancia escriben las primeras hojas de la historia.
Fue por estos años que apellidos como López, Goyenechea, Crotta, Canale, Pulenta, Arizu, Catena y Bianchi comenzarían a sonar con fuerza gracias a su visión sustentada en todos los casos con el mismo capital: la cultura del esfuerzo y el trabajo.

 

Estos que mencionamos son verdaderos pioneros de nuestra viticultura. Inmigrantes que llegaron con la decisión de progresar y marcar a fuego su legado aún vigente en manos de nuevas generaciones de sus familias.

 

Entre estos encontramos el caso de Valentín Bianchi, fundador de Casa Bianchi, una de las bodegas presentes este mes en BonVivir. Este tenaz italiano llegó a la Argentina en 1910 desde su Fasano natal. Inmediatamente comenzó a realizar diversas tareas en una zona que lo vería convertirse en uno de sus ciudadanos más célebres, San Rafael (Mendoza).
Supo desempeñarse en diferentes puestos antes de alcanzar el sueño del viñedo y la bodega propios en 1928. Pero una vez que lo conquistó no cambiaría jamás de profesión, el vino sería su pasión y futuro. En los orígenes la bodega se llamaría El Chiche, igual que sus primeros vinos.
Muchos fueron los obstáculos que debió afrontar hasta lograr la aceptación del público, pero nunca bajó los brazos y fue así que en 1934 sus vinos ya eran considerados exponentes de máxima calidad según los expertos de la época. A partir de aquí la historia cambiaría para siempre y junto a sus hijos se encargaría de conquistar el mercado argentino que conocería a la bodega Valentín Bianchi, cuyas etiquetas pronto se transformarían en algunas de las más clásicas del país.

 

Hoy, a más de 80 años de sus primeros vinos, la esencia de Don Valentín sigue viva en la cuarta generación de la familia que se encarga de comandar el timón de una de las bodegas más grandes y representativas del país. Calidad, investigación y modernización son sólo algunos de los pilares de su filosofía de trabajo que hoy bajo el nombre de Casa Bianchi continúan siendo sinónimo de grandes vinos.