¿Varietales o Blends?

A la hora de seleccionar un vino es bueno contar con toda la información posible del mismo. Claro está que diferenciar entre blancos o tintos no es difícil pero muchas veces la clave está en su composición y elaboración, verdaderos responsables de su estilo.

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Cada día más palabras se suman al glosario del vino. No sólo para aquellos que trabajamos entre copas y botellas sino también para los consumidores, expertos o aficionados, cada día más curiosos.

 

Ya quedó de lado aquello que sentenciaba que los tintos iban con carnes y los blancos con pescados. Hoy cualquiera sabe que la clave está en el estilo, origen y cepas que se utilizaron al momento de la elaboración.

 

Si hacemos foco en las cepas notaremos que existen los elaborados a partir de la mezcla de variedades y aquellos que buscan dar protagonismo a un único cepaje. Es decir, los vinos de corte (o blends) y los varietales, respectivamente.

 

Los más simples de explicar son los varietales. Estos vinos, generalmente elaborados con una única cepa al 100%, buscan transmitir la identidad de un cepaje en forma nítida e inalterable.
Según las legislaciones vitivinícolas con el 85% alcanza para que una variedad tome el control, el 15% restante puede estar integrado por cualquier otra variedad, o variedades, que el enólogo considere necesarias para definir el carácter del vino en cuestión.
Es decir que aquella botella etiquetada como Malbec, más allá de su composición final, deberá tener el color, los aromas y sabores típicos del Malbec. Es por eso que se utiliza una cepa como base y en el caso de utilizar otras será para complementar o colaborar a definir el estilo pero jamás modificar la tipicidad varietal.
El estilo varietal exige presencia mayoritaria de una cepa mientras que no hace mención al origen, es decir que el enólogo puede utilizar frutos de diferentes viñedos siempre y cuando sean de la misma cepa.

 

Por otro lado tenemos los vinos de corte, caldos en cuya elaboración interviene siempre más de una cepa, sin límite alguno. Podrán combinarse dos, tres o la cantidad de variedades que el enólogo estime prudentes para concretar su obra. Son vinos que no buscan el liderazgo de una cepa sobre las demás sino que todas aporten su identidad para lograr un resultado determinado.
De este modo se elegirán cepas de carácter marcado que podrán suavizarse con otras más dóciles si el objetivo es lograr un vino redondo en estructura o bien se trabajará sólo con aquellas que aportan cuerpo y contundencia si se busca un vino que intentará desafiar el paso del tiempo. En conclusión, la receta nunca está escrita.

 

Lo importante es saber que la diferencia entre ambos estilos no es sólo la cantidad de cepas intervinientes, ya que hay tanto varietales de carácter marcado como blends del mismo estilo. Lo importante es conocer cuál es la identidad que cada enólogo quiere plasmar en sus etiquetas y cuáles son de nuestra preferencia.

 

Desde que el vino es vino ambos estilos convivieron, pero durante las últimas décadas muchos se preocuparon en enfrentarlos al adjudicar la creación de los varietales al Nuevo Mundo del vino para alimentar una campaña de promoción impulsada por los nuevos jugadores.
Lo cierto es que el Viejo Mundo dio vida tanto a famosos cortes como a grandes varietales aún hoy vigentes, tales como los tintos de la Borgoña, elaborados íntegramente con Pinot Noir, los blancos de Chablis con Chardonnay o los no tan populares Chinon donde el Cabernet Franc es el rey. Mientras que para citar los blends europeos necesitaríamos unas cuantas páginas.

 

Por su parte el Nuevo Mundo también hace gala de ambas escuelas, aunque hizo foco en los varietales para conquistar mercados dominados por los vinos europeos.

También se argumentó en alguna oportunidad que la expresión suprema de la enología reposa en los blends, ya que se trata del desafío máximo que puede encarar un enólogo con su arte y experiencia. Pero no debemos olvidar que el vino, más allá de ser varietal o blend, es fruto de la alquimia e imaginación de sus creadores que año tras año deben asumir diferentes riesgos, muchas veces ajenos a sus decisiones. La sofisticación de un varietal puede ser semejante a la de un blend. Sólo que el varietal me mostrará una faceta mientras los vinos de corte expresan el resultado a partir de todas aquellas que los diferentes cepajes aporten.

 

Como podemos observar, en el mundo del vino la palabra “versus” siempre está de más, sólo se trata de probar, aprender y continuar probando.

 

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