Etiquetas de diseño.

¿El éxito de un vino es también cuestión de diseño?

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Por Verónica Gurisatti, sommelier.

 

En un mundo donde la cultura de la imagen tiene un lugar privilegiado en la sociedad de consumo, la industria del vino también se enfrenta a sus propios dilemas.

 

En los últimos años las cambiantes tendencias sobre diseños de productos, la diferenciación de los vinos argentinos con los del resto del mundo y la incorporación de tecnología importada junto con la enorme variedad de materiales disponibles hicieron que los diseñadores junto con las bodegas lleven el packaging a conceptos impensados.

 

Hoy, la importancia del diseño abrió un nuevo campo de experimentación para los creativos que tienen el desafío de plasmar en un espacio mínimo con trazos y expresiones concisas, el alma de la bodega. En este contexto dinámico y altamente competitivo, cada bodega está representada a través de su botella, contando historias diversas y ampliando infinitamente la experiencia del vino.

 

¿El éxito de un vino es también cuestión de diseño?
La industria del vino es una de las pocas en las que el diseño es clave para el éxito de la marca porque la etiqueta muchas veces es la única oportunidad que tienen las bodegas de comunicar al consumidor lo que las distingue. En el packaging tienen que poner todo su esfuerzo para que cuando se acerque el consumidor a una pared con cientos de botellas, la suya por alguna razón comunique algo diferente.

 

El valor que representa para el vino es tan importante como el vino en sí y está basado en su efectividad y capacidad de seducir al consumidor, por eso el diseñador debe saber adaptarse a los diferentes consumidores y representar fielmente el espíritu del producto. Es cierto que un buen vino conquista el paladar por su cuidada elaboración, pero su éxito en el mercado internacional depende también del óptimo diseño de su etiqueta.

 

Tendencias que marcan estilo
En la Argentina conviven diferentes estilos, quizás por ser más novedosas nos llamen más la atención las etiquetas de estilo californiano, un poco más chicas y minimalistas o las de estilo australiano que juegan con formatos irregulares, pero si observamos bien encontraremos una mayor cantidad de etiquetas que apelan a los estilos franceses o italianos clásicos.

 

En el mercado internacional las etiquetas más modernas están retrocediendo por asociarse a vinos de inferior calidad y bajo costo. Por eso hoy vemos diseños más sobrios que destacan las características del vino, su lugar de producción, la variedad, la cosecha y la marca. Aunque siempre se impusieron los escudos de armas o títulos nobiliarios, cada vez hay más diseño moderno y postmoderno, creando una imagen de vino diferente e innovador.

 

Tecnología y renovación
En los últimos años una buena cantidad de bodegas se lanzaron a rediseñar o retocar sus marcas. Las más tradicionales están haciendo cambios ínfimos pero importantes todos los años ya que ninguna quiere quedarse estancada en el tiempo y de esta manera no tienen que rediseñar todas sus etiquetas cada cinco años sino que es un trabajo de aggiornamiento permanente.

Las nuevas tecnologías sumadas a las últimas tendencias y los materiales disponibles, hicieron que los rediseños tengan una amplia gama de posibilidades impensadas hasta hace unos años. Alcanza con ver algunas de las nuevas etiquetas para notar los miles de nuevos acabados como el termorelieve o determinados usos de stamping.

 

Etiquetas autoadhesivas: las primeras impresiones no conseguían detalles finos por eso los dibujantes hacían dibujos esfumados, pero con las nuevas tecnologías y la impresión offset se puede lograr mayor definición y casi la misma calidad que una foto, además de los stamping, papeles autoadhesivos, metalizados, laminados, colores mates, texturas nuevas, formas raras y troquelados.

Etiquetas de metal: las etiquetas de metal ofrecen un abanico de posibilidades y un volumen que el papel no da. Permiten hacer relieves en 3D y además de la curvatura logran una textura totalmente diferente e infinidad de terminaciones. El metal que se usa es el zamac (una aleación de varios metales principalmente zinc e inoxidable) resistente al frío, al calor, al agua, a la humedad y al tiempo.