La tecnología llegó a las bodegas.

Cada día son más las bodegas que suman técnicas y equipamientos de punta.

Compartir la nota

Por Verónica Gurisatti, sommelier.

 

Durante la última década el mercado de vinos mundial manifestó un cambio radical: el consumo de vinos de mesa bajó, mientras se incrementó el de vinos de alta gama. En la Argentina además creció exponencialmente la calidad y la exportación, llegó la tecnología a las bodegas y los enólogos se convirtieron en protagonistas de la industria.

 

La tecnología en las bodegas y los viñedos creció a niveles sorprendentes durante los últimos años y hoy todos los vinos argentinos se elaboran en instalaciones de última generación. El mercado se volvió mucho más exigente y la inversión en innovaciones técnicas (en el país fue cerca de 600 millones de dólares en la última década) es imprescindible para mantener la competitividad.

 

Durante los “90, como consecuencia de la convertibilidad, muchas empresas pudieron invertir en equipamiento y moderna infraestructura, además del acceso a otros elementos como tanques de acero inoxidable, barricas de roble y equipos de frío, pero la tecnología en las viñas había quedado un poco atrasada.

 

Hoy eso cambió y la mayoría de los viñedos tienen equipos de alta tecnología como los sistemas agrometeorológicos que pueden detectar día a día el consumo de agua de las plantas para programar el cronograma de riego o el Dyostem que monitorea la maduración de las uvas y define el momento de cosecha en función del estilo de vino buscado. También se usa mucho más racionalmente el agua y el riego por goteo se extendió a casi todas las regiones productoras del país.

 

Además de las técnicas tradicionales de vinificación se agregaron algunas nuevas como la maceración en frío antes de la fermentación, el délestage y el pisage, las fermentaciones alcohólica y maloláctica en barricas, la microoxigenación o el uso de chips o duelas de roble como alternativas a la madera tradicional. Y también la informática aportó importantes herramientas como el software para el control de temperatura en los tanques de fermentación.

 

Otra ventaja del progreso tecnológico es la disminución de los productos químicos, porque hoy todo tiende hacia la tecnología física como el frío o el termoflash. Claro que cuando uno escucha esa palabra parece algo más espacial que otra cosa, pero es sólo calor y vacío, algo totalmente natural que se usa para sacar buen color a las uvas que no lograron una madurez completa antes de la fermentación.

 

Parece raro el uso de más tecnología para hacer vinos más naturales pero hace 30 años se usaban más productos químicos que hoy. Paradójicamente, para la elaboración de los vinos de niveles muy altos la tecnología de la bodega es muy simple, porque el 80% es la calidad de la uva, en cambio para los vinos masivos la tecnología es más compleja.

 

Lo que hoy se ve claramente es una tendencia a mejorar y a la búsqueda de calidad desde la base de producción, pero la piedra fundamental de la transformación es el cambio de mentalidad que llevaron a cabo sus hacedores. Los enólogos de hoy aseguran que transitamos una nueva etapa en la historia de la vitivinicultura argentina y que lo mejor aún está por venir.