El Merlot no se rinde

Si bien se trata de una de las cepas tintas más importantes del planeta, su historia en Argentina tiene sus altibajos. Hoy, mientras algunos eligen dejarla de lado, afortunadamente están los que apuestan ciegamente a su calidad y demuestran que pueden elaborar grandes vinos con ella. Veamos qué sucede con el Merlot en nuestro país.

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Por Alejandro Iglesias, sommelier*.
Junto al Cabernet Sauvignon el Merlot completa el dúo vital de la industria vínica de Burdeos donde es una especie de rey sin corona en Pomerol y Saint Emilion, cuna de algunos de los vinos más costosos del planeta.

 

Pero su adaptación fuera de Francia es como la de su compañero ya que necesita de un clima más fresco para madurar correctamente, siempre antes que el Cabernet. El calor excesivo puede perjudicar su performance convirtiendo sus vinos en caldos estructurados carentes de estilo. Este quizás sea el motivo principal por el cual en nuestro país son contados los terruños donde se siente realmente cómoda, algo que cuando se refleja en la copa es inolvidable.

 

Por estos pagos históricamente la cepa supo ser sinónimo de calidad y sofisticación hasta convertirse en uno de los pilares de los clásicos blends argentinos junto al Cabernet y el Malbec. Mientras los más bebedores a la hora de los varietales elegían el Cabernet o el Malbec, el Merlot quedaba como una cepa sólo para entendidos por su complejidad y elegancia.

 

Luego, durante los`90 y primeros años de 2000 -en plena reconversión de viñedos- muchas bodegas decidieron apostar fuerte por el Merlot. Por aquel entonces se trataba de la cepa del momento en USA y con la idea de exportar sus vinos se plantaron muchas hectáreas con ella. Pero la moda norteamericana cambió y el Merlot no encontró muchos adeptos por estas latitudes.

 

Por otra parte no terminaba de acostumbrarse al terroir argentino mientras si lo hacían otras cepas y el Malbec se coronaba rey indiscutido de nuestra vitivinicultura. A la hora de las ventas el público local no demostraba mucho interés en ella y lentamente la industria decidió remplazarla por otras más exitosas en las góndolas. Incluso en los últimos años se resignaron muchos de sus viñedos que hoy albergan cepas de Malbec.

 

De todos modos y ante esto, la industria se dio cuenta a tiempo que la diversidad es algo vital de este negocio que siempre se debe contar con alternativas. Por decirlo de algún modo, no todo puede ser Malbec.
En este sentido podemos decir que afortunadamente algunos productores aún confían en su potencial para lograr vinos de excepción. Vale destacar que esta variedad conjuga un perfil frutal con notas especiadas y terrosas mientras que mejora enormemente cuando se la cría en roble hasta alcanzar un potencial de envejecimiento extraordinario.
Al utilizarse como componente en un blend aporta una elegancia única que define el estilo de muchas de las grandes etiquetas del país mientras como varietal se lo puede definir por su sedosidad y amplitud de paladar.

 

Hoy comienza a hablarse de la necesidad de mantenerla vigente y para eso la industria continúa trabajando en la búsqueda de los mejores terruños para su desarrollo. Hasta el momento los viñedos del sur se presentan como una región óptima para su cultivo y ya existen grandes exponentes. Por su parte Mendoza conserva sus viñedos más longevos, desde donde llegan los ejemplares más interesantes en señal de resistencia.

 

Este mes elegimos Cinco Tierras Reserva Merlot 2009, un vino que concentra los mejores atributos de esta variedad como muestra latente de que en Argentina se pueden lograr grandes Merlot. Sólo es cuestión de confiar en su noble linaje y trabajar más con ella.

 

*Miembro de la Asociación Argentina de Sommeliers

www.aasommeliers.com.ar