Blends

El arte de cortar y mezclar un vino.

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Por Verónica Gurisatti, sommelier.

 

Un blend, vino de corte o assemblage es por definición un vino que busca un estilo más allá del terroir y la expresión varietal. No es sólo una mezcla de distintas uvas sino el producto de la alquimia alcanzada por cada enólogo en particular. Lo que se busca es completar las carencias de las uvas que se mezclan y así hacer un vino más complejo y con más matices que los productos elaborados con una sola uva, aunque un varietal también puede ser un blend de distintas cosechas, terruños o parcelas.

 

La idea es generar un vino no lineal usando distintas uvas de distintos viñedos con distintas formas de vinificación e intentando introducir en el vino la mayor cantidad de variables. Culturalmente, es mucho más difícil elaborar un blend que un varietal porque se necesita un nivel de conocimiento superior sobre las variedades, los comportamientos de cada uva, las regiones, las combinaciones, la madera, etc; pero desde la perspectiva del enólogo casi todos los vinos son blends.

 

Cada país se rige por un porcentaje reglamentario para denominar a un vino como blend o varietal, por ejemplo en Argentina, un vino tiene que tener más del 85% de una uva para ser denominado varietal y cuando ese porcentaje es menor se lo puede catalogar como blend. Hoy en día muy pocos vinos son 100% varietales, ya que teniendo un margen del 15% para combinar, se pueden lograr bastantes aportes a ese vino mayoritario en pro de mejorar sus características.

 

En los blends es donde el enólogo mejor puede transmitir su creatividad, aunque por otro lado hay cortes clásicos como la sagrada trinidad argentina de Cabernet Sauvignon-Malbec-Merlot, que llevan muchas veces las mismas proporciones, pero últimamente y siguiendo el concepto de vino del año, los winemakers de hoy no mantienen una fórmula sino que hacen el corte con lo que mejor se haya dado en esa cosecha.

 

En Europa el concepto de calidad de un vino siempre estuvo dado por el origen y el lugar. Esto era suficiente para el reconocimiento cualitativo porque el consumidor no conocía las variedades. En cambio, en la Argentina el aval cualitativo de un vino lo daba la marca, no la variedad ni el origen. Cuando los americanos, tras la década del´60, empezaron a fortalecer la industria vitivinícola de California, usaron la variedad como atributo cualitativo de los vinos y fue el nacimiento y el boom de las variedades.

 

A principios de los años ´90 los vinos argentinos tomaron un camino varietalista formando parte de los “Vinos del Nuevo Mundo” y cambiando la tendencia que tenían de marcas y cortes repetidos por años. Los términos bivarietal o trivarietal aparecieron después que el fenómeno varietal y comunican en la etiqueta de forma más clara la composición del vino, logrando que el consumidor de antemano se haga una idea de las características del producto.

 

Hoy en día, varios de los grandes vinos argentinos son blends, lo que tiene cierta lógica: la correcta combinación de variedades puede brindar un resultado exquisitamente complejo. Sin embargo, en un mercado de vinos dominado por los varietales, los blends fueron quedando en un segundo plano pero, por suerte, lentamente una vez que el consumidor se hace conocedor avanza hacia los blends.