BonVivir en las rutas

Día 2: Grandes amigos, grandes bodegas.

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Por Alejandro Iglesias, sommelier (@aleiglesiaswine).

 

El segundo día comenzó con el mismo ritmo del anterior. 3 bodegas, un almuerzo y una cena que prometían ser inolvidables nos esperaban en el recorrido. Con los paladares reseteados y la ansiedad que el vino genera en nuestro espíritu, salimos nuevamente a las rutas mendocinas.

 

El primer stop fue Bodega Alta Vista donde nos aguardaba su enólogo Matthieu Grassin, para recorrer las instalaciones de su antiguo edifico de Chacras de Coria que data de 1899 totalmente refaccionado por la familia D`Aulan (sus propietarios) en 2003. Hoy, una bodega modelo con la última tecnología para lograr grandes vinos.

 

Una lluvia que prometía ser pasajera pero nos acompañó un par de horas, nos obliga a descartar la idea de caminar por los viñedos y visitar directamente la bodega. Allí Grassin compartió secretos de su trabajo que prometimos no revelar mientras recorremos las piletas donde nacen los alta gama de la casa para visitar luego los enormes tanques de acero inoxidable responsables de las líneas clásicas.

 

Luego fue el turno de la cava que atesora una gran cantidad de barricas donde descansan todos los grandes caldos de su autoría, la biblioteca que atesora desde la primera cosecha del Alto, su vino ícono, y finalmente la maravillosa sala de cata donde comenzó el descorche.

 

Allí mismo y con los aportes que el enólogo consideró necesarios, recorrimos por completo el portfolio de la bodega pero sin duda el highlight sería el momento de la comparación de terruños que ofrecen los Alta Vista Single Vineyard con sus etiquetas Temis, Serenade, Alizarine y Albanere. Luego el Alta Vista Terroir Selection que combina a todos los orígenes anteriores, el Atemporal Blend 2009 (en esta edición con Cabernet, Malbec, Petit Verdot, Syrah) para culminar semejante degustación con el Alto 2007, su tope de gama.

 

Con el tiempo en nuestra contra, algo que sucede siempre que se visitan bodegas, salimos hacia Agrelo (Luján de Cuyo). Nuestro próximo anfitrión era Luis Barraud enólogo y propietario de Viña Cobos, la bodega que comanda junto a su esposa Andrea Marchiori y el winemaker estadounidense Paul Hobbs.

 

Ni bien llegamos Mariana Cerutti nos invitó a recorrer la bodega, que tal como dicen ellos: “No tiene mucho para descubrir ya que está pensada para elaborar grandes vinos y no como atractivo turístico”. Igualmente los turistas llegan de todas partes del mundo a probar su vino más exclusivo, el Cobos Malbec.

 

Terminado el paseo por sala de barricas y charla de terruños mediante, se sumó Luis para comenzar una degustación histórica.

Los primeros descorchados fueron los Felino, línea varietal y joven de la bodega que permite descubrir el New World Style de la casa. Entre estos se destacaron el Chardonnay 2011 y el Malbec 2010, ambos frescos y de gran tipicidad varietal. La segunda línea fue Bramare con la que Barraud comenzó a explicarnos las diferencias que buscan en los diversos orígenes de sus vinos. Para esto probamos el Malbec 2010 de Valle de Uco y el 2009 de Luján de Cuyo, vinos bien diferentes y complejos, por su parte el de Uco se destaca con una acidez vibrante y aromas florales mientras que su compañero se expresa mas frutal, con notas terrosas y una elegancia notable.

 

La degustación continuó con los Bramare Apellation, una apuesta más fuerte de la bodega que cuenta con la versión Valle de Uco y Luján de Cuyo pero esta vez se trata de Single Vineyards, vinos de viñedo.

En cuanto a los de Luján de Cuyo probamos el Bramare Marchiori Vineyard Malbec (perfil especiado y típico con buena integración del roble que define su complejidad) y el Bramare Marchiori Vineyard Cabernet Sauvignon ambos 2008 (tipicidad inconfundible de Cabernet, dócil y elegante) mientras que desde Valle de Uco llega el Bramare Rebon Vineyard Malbec 2009 (vino de acidez filosa que define un jugo de boca muy sabroso).

 

Hasta aquí el ping-pong de preguntas con Luis cubrió temas varios acerca del estilo, origen y forma de elaborar sus vinos… pero todo cambiaría pronto. El mismo Barraud se dirigió a la cava y volvió a la mesa con una botella de Cobos Malbec 2009, un cierre tan inesperado como soñado. “No siempre lo abrimos pero imagino que no va a ofenderse, ¿cierto?” nos dijo. Nos miramos y tardamos en responder, probar este ícono junto a su autor no es algo que se de con frecuencia. El vino sin duda navega otras aguas, las de la alta gama de vuelo internacional. Sensorialmente se lo puede definir como vino de altos decibeles tanto en aromas como en sabores. Contundente y a la vez elegante, un combo infalible.

 

Si por nosotros fuera nos quedamos en Viña Cobos contemplando la lluvia y disfrutando de nuestra copa de Malbec, pero debíamos seguir. Era hora de almorzar.

Por suerte el almuerzo lo teníamos apenas a 5 minutos de la bodega de Barraud, en Melipal, donde compartiremos mesa con Santiago Santamaría y Clarisa Aristi, almas fundacionales de esta bodega.

 

Melipal es una pequeña gran bodega que nació hace apenas una década y logró posicionarse fuerte tanto en el mercado local como internacional gracias a sus Malbecs. Aprovechando este reconocimiento y el auge turístico, desde hace unos años cuentan con un cálido restaurante que ofrece un menú de pasos que lo convirtió en una de las propuestas gastronómicas más exitosas de los caminos del vino. Fue con este menú que degustamos la totalidad de un portfolio que no deja de sorprender, no sólo con sus Malbecs sino también con Petit Verdot, Cabernet Franc y su blend de venta exclusiva en bodega.

 

Lógicamente el almuerzo se hizo largo y a pesar de que las nubes y la lluvia nos privaron de la maravillosa postal que ofrece la terraza del restó, la pasamos súper. Pero era hora de seguir viaje y partir al encuentro de una de las bodegas icónicas de Mendoza, Catena Zapata.

 

Como ya era costumbre en nosotros… llegamos tarde, pero las puertas igualmente estaban abiertas. La encargada de recibirnos fue Sofía Ruiz Cavanagh, la joven enóloga miembro del equipo comandado por Alejandro Vigil.

 

La visita comenzó por la terraza de la pirámide donde Sofía nos mostró cómo se dividen los diferentes viñedos de la bodega y desde dónde llega la uva para cada una de las líneas. Después recorrimos la sala de barricas y las dos salas de cata que atesoran las cosechas históricas de Catena Zapata y la colección internacional donde convive los mejores vinos del mundo que el equipo enológico testea con frecuencia.

 

Ya ubicados en la sala de degustación con vista a la barricas, Sofía nos sirvió Angélica Zapata Chardonnay 2008, DV Catena Adrianna Vineyards 2005 y un Nicolás Catena Zapata 2008 (recién ahora disponible en el mercado local). Durante la charla compartió algunas experiencias de sus 2 años como miembro de la bodega y una visión del mundo del vino que permite pensar en un futuro prometedor para nuestra “bebida nacional”. Casi a punto de comenzar con otros vinos, se abrió la puerta y se sumó Alejandro Vigil, chief winemaker de la bodega. Aquí el tema se puso “serio” -por decirlo de algún modo- y los descorches llegaban a diestra y siniestra.

 

Vigil es un tipo histriónico y personal, con una visión muy profesional de la industria que no esconde secretos, es más… le encanta compartirlos. En cuanto a sus vinos no tiene reparos en compartirlos y escuchar opiniones. Fue así que desfilaron Adrianna Vineyard White Stone Chardonnay 2009, un blanco de Gualtallary (su terruño favorito) que estilísticamente sobresale de los Chardonnays conocidos, incluso de los suyos, Nicolás Catena Zapata 2004 y 2006 (este último su favorito), Malbec Argentino 2008, Estiba Reservada 2007 (aún sin salir al mercado) y el Gran Enemigo 2009 el vino que elabora junto a Adrianna Catena.

 

Durante la cata Vigil no sólo nos habló de los vinos que probamos sino de muchas novedades que aun esperan para salir al mercado y que prometen ser reveladoras para sus seguidores. Después de probar todas estas etiquetas confiamos en su palabra.

 

Al salir de la Pirámide ya era de noche y nos esperaban para cenar, otro compromiso al que llegaríamos tarde. Por suerte en Mendoza la puntualidad es lo de menos, lo importante es pasarla bien.

La cena era en NadiaOF, el restaurante de Nadia Haron Fournier recientemente reconocido como el mejor del país por la Academia Argentina de Gastronomía. El anfitrión era Aurelio Montes (h) enólogo de Bodega Kaiken con quien iniciaríamos la siguiente jornada en su establecimiento. Por lo tanto nos relajamos, conversamos y probamos algunos de sus vinos con las delicias que Nadia despachó a nuestras mesas.

 

Lentamente terminaba una segunda jornada, intensa, llena de grandes vinos y personalidades sobresalientes de una industria que seguiremos descubriendo en la próxima entrega de estas crónicas de viajeros.