BonVivir en las rutas

Día 4: despidiendo las rutas.

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Por Alejandro Iglesias, sommelier (@aleiglesiaswine).

La cuarta mañana del viaje nos encontró en la casona para huéspedes de Bodega Alta Vista en Chacras de Coria. Un amanecer soñado entre los viñedos al que sólo le faltaba que las últimas nubes del amanecer despejaran la panorámica que prometía Mendoza.

 

Era el día de emprender viaje hacia la montaña con destino final Valle de Uco, más precisamente el Clos de los Siete. Pero antes haríamos algunas visitas, nos perderíamos entre viñedos y algunas cosas más.

 

La escala vespertina fue en Finca Decero donde nos esperaba su enólogo Marcos Fernández. Con él recorrimos los viñedos mientras aprovechaba para chequear cómo venía la cosecha y nosotros aprovechamos para aprender más de las plantas. Luego visitamos el interior de su maravillosa construcción que alberga una moderna bodega enfocada en la producción de vinos tintos de alta gama a partir de su reconocido viñedo: Remolinos Vineyad.

 

Luego nos invitaron a conocer el visitor center donde realizamos una degustación de todos los vinos de la casa que comenzó con el Decero Syrah, para seguir con dos Malbec (2009 y 2010), el Cabernet Sauvignon, un Petit Verdot parte de sus miniediciones de las que también probamos el Tannat. Finalmente llegó el turno de la vedette de la casa, el Decero Amano 2009 que por esos días había logrado un Trophy en la última edición de los Argentina Wine Awards. Del establecimiento sólo nos quedaba conocer un rincón, su restaurante. Nuestros relojes acusaban que ya era mediodía y visitar este reducto gastronómico fue una tentación, pero aún quedaban unos kilómetros para nuestra próxima visita y nos esperaban.

 

Así nos despedimos de Agrelo y encaramos la ruta rumbo a Bodega Salentein vía los Cerrillos, sin duda el paseo más bonito para unir el Oasis Norte con el Valle de Uco. El paseo ofrece unas postales fantásticas de la cordillera desde diferentes ángulos y alturas que permiten apreciar la inmensidad del macizo. El periplo demanda poco más de una hora, aunque a nosotros nos llevóo algo más ya que en alguna curva que debíamos tomar seguimos de largo. En fin, nada que no le pueda suceder a dos citadinos en plena montaña.
Finalmente llegamos a destinos pero primero nos detuvimos en el Complejo Killka para un almuerzo que nos permitiese recuperar energías para encarar luego la visita a la bodega y una cata en la sala de barricas, donde los vinos elaborados por el gran Pepe Galante esperan su salida al mercado.

 

Durante la cata probamos diversas etiquetas del portafolio de esta mega casa pionera en el valle. El primero fue el Salentein Reserve Sauvignon Blanc, un vino que entrega la frescura del valle en cada sorbo como pocos pares lo hacen sin perder tipicidad y elegancia. Luego recorrimos sus Pinot Noir, otro de los fuertes de la casa entre los que se destacó el Primus, su vino ícono que supo ser el vino de la boda de la princesa Máxima ni más ni menos. A la hora de los Malbec comenzamos con el Salentein Reserve para seguir con su Merlot y finalizar con el Numina Gran Corte que nos encantó por su personalidad y sofisticación.

 

Con los sabores de ese último blend aun en el paladar recorrimos las instalaciones de Killka que incluyen un museo imperdible de arte de diferentes orígenes y estilos con un paso final por la capilla.

 

Ahora sí, iríamos camino directo -aunque para nosotros nunca es directo- a Vista Flores donde nos aguardaba Pablo Riccardi, enólogo de Flechas de los Andes.
Para arribar a nuestro último destino debíamos acceder primero al Clos de los Siete, el mega emprendimiento que dio origen Michel Rolland junto a otros seis inversores franceses y que es considerado el viñedo destinado a vinos de calidad más grande del planeta con sus 850 hectáreas. Aquí dentro se encuentran junto a la bodega del mismo Rolland establecimientos como Monteviejo, Cuvelier de los Andes, Diamandes y Flechas. Esta última donde nos esperaban para realizar una visita, una degustación y donde también cenaremos y pasaremos la noche.

 

La visita a la bodega nos permitió descubrir el profundo trabajo de viñedos que realiza el enólogo en los diferentes cuarteles donde sólo cuentan con uvas tintas. En cuanto a la construcción merece un capítulo aparte. Sucede que sus propietarios, Barón Benjamín de Rothschild y Laurent Dassault, se lo encomendaron a Philippe Druilliete, uno de los dibujantes que dio vida a los personajes de la Guerra de las Galaxias. Es así que el edificio ofrece imágenes y formas de flechas en donde uno sea que pose la vista.

 

En el interior de su posada, por llamarla de algún modo cuando en realidad es una construcción muy original de uso exclusivo para sus dueños y amigos, se llevó a cabo una cena con el equipo enológico mientras degustamos su Punta de Flechas, el Gran Malbec y luego el Gran Corte para cerrar la comida con un Chateau D´Assault 2003 de la cava privada de la familia como para comparar los estilos que se logran a ambos lados del Atlántico.