BonVivir en las rutas

Día 5 y final.

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Por Alejandro Iglesias, sommelier (@aleiglesiaswine).

El amanecer en Valle de Uco fue una experiencia inolvidable. La Cordillera en todo su esplendor parecía colarse en las habitaciones y gracias a un día fantásticamente soleado era posible contemplar cada una de las bodegas del Clos y sus viñedos. Nos despedimos del equipo de Flechas y aprovechamos para visitar Diamantes, la más nueva de las bodegas de este proyecto que por su arquitectura singular ha sido elegida como una de las más bellas del planeta. Tras recorrer su interior comprendimos por qué y aún no habíamos probado sus vinos, de los cuales nos habían hablado mucho. La degustación arrancó con la línea Diamandes y su Chardonnay, luego el Malbec y finalmente su Gran Reserva. Todos vinos de excelente factura con mucho carácter, incluso el blanco.

 

Comenzaban las últimas horas del viaje pero nosotros queríamos aprovechar hasta el último minuto, fue por esto que antes de emprender viaje al aeropuerto hicimos un alto en Zorzal, la bodega que comandan los hermanos Michelini en Tupungato, más precisamente Gualtallary.

 

Como no podía ser de otro modo, llegar nos llevó algo más de tiempo del esperado, pero no nos íbamos a preocupar a esa altura. Y si de altura vamos a hablar ahí estaban los Michelini, en pleno Tupungato en uno de los parajes más elevados de la provincia.

 

Aquí nos recibieron Gerardo y Juan Pablo para luego sumarse Matías. Con ellos recorrimos este pequeño establecimiento donde hoy elaboran vinos que salen de la media y buscan diferenciarse con un estilo algo más jugado que se basa en la identidad de este terruño bendecido por la naturaleza.

 

Un dato curioso fue que mientras recorremos la bodega pudimos ver los curiosos tanques donde realizan las vinificaciones. Se trata de unos recipientes en forma de huevo que aseguran son parte de la fórmula que les permite lograr el estilo que a ellos le gusta para sus vinos, en los que se destaca una alta cuota de terroir.

 

La degustación fue bien informal con asado mediante y si algo no faltó eso fue el vino, ya que probamos el portafolio entero de la bodega más las creaciones que Matías elabora en otros establecimientos. Fue entonces que probamos de la línea Zorzal el Chardonnay, el Sauvignon Blanc, un rosado de Malbec, su Pinot Noir el Malbec y el Cabernet. Casi sin respirar vinieron los Reserva, para los que comenzamos con el Pinot, el Malbec, luego un Field Blend y finalmente los tope de gama: Climax Malbec y Climax Blend.

 

Con el perfil enológico claro de lo que buscan los Michelini nos quedaban por probar los que Matías elabora en su proyecto Pasionate Wines cuyos nombres son tan jugados como cada uno de los vinos descorchados. En la línea Inéditos nos compartió el Bonarda Pura, su Torrontés Brutal, un Ancellota y un Pinot Noir bajo el nombre Punta Negra. Finalmente un Montesco Parral y su creación más exclusiva, un blend de Malbec y Bonarda cuyo nombre es Malbón.

 

Con una postal increíble que sólo puede ofrecer un lugar como Gualtallary, nos despedimos de Mendoza y sus vinos, sólo nos quedaban por recorrer los kilómetros que nos separaban del aeropuerto para regresar a Buenos Aires. Un viaje que se hizo muy corto, a pura anécdota, recuerdo, recuento de vinos catados y carcajadas.

 

Así fue nuestra primera incursión hacia las rutas del vino. Un viaje extraordinario que no podíamos dejar de compartir con ustedes, al que esperamos sumar en breve muchos mas kilómetros por los caminos de nuestra bebida preferida.