La hora de la diversidad

Trabajar para un club de vinos como Bonvivir.com nos da la oportunidad de probar casi todos los vinos del mercado.

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 Ya sea en nuestras catas, ferias o bien en las presentaciones especiales en las que las bodegas anuncian sus lanzamientos probamos cientos de etiquetas, muchas de estas muy novedosas incluso para nosotros. A la vez esta profesión nos exige estar detrás de los productores y enólogos a fin de estar actualizados por donde viene, o vendrá, la mano en lo que a tintos y blancos respecta.

En este sentido desde hace un tiempo notamos algo muy especial entre los vinos locales. En contraposición con las tendencias del pasado cuando todas las bodegas iban en fila detrás de los estilos de vinos más populares hoy son pocos los que siguen aquel modelo, incluso los protagonistas aseguran que el secreto del éxito esta en la innovación y la búsqueda de diversidad.

 

¿Qué significa esto? Aparentemente ya no es cuestión de comprar una buena finca en un lugar determinado donde el Malbec logra una expresión de manual y listo, ahora hay que demostrar que ese vino embotellado posee un carácter que lo hace único y para lograr esto la industria se embarco en una cruzada por la búsqueda de diferentes orígenes que den lugar a vinos singulares mientras en las bodegas se puede decir que todo vale – en el mejor de los sentidos – en pos de sorprender al consumidor, algo que se observa tanto en tintos, blancos como espumantes.

 

Tintos versátiles

A la hora de pensar en los vinos obtenidos de las uvas con color queda claro que el Malbec domina la escena pero atención, ya no con aquella expresión de los clásicos tintos de la primera zona mendocina que hasta no hace mucho parecían ser el único estilo posible sino que cada región hoy aporta su perfil. Gracias a esto cada día se habla más de un futuro basado en orígenes y no en cepas, un camino que permite al terruño ser la expresión principal.
Mientras tanto la búsqueda del carácter varietal en cada región es la actual misión de los enólogos y agrónomos. De ahí que mas allá de lo que sucede con los diferentes Malbec nos podamos sorprender con un Cabernet Sauvignon patagónico, algo que parece desafiar la máxima que aseguraba que esas latitudes eran ideales para cepas de ciclo corto como el Pinot Noir. Pero si ese caso no logró  sorprenderlos les aseguro que el próximo dato si lo hará, Colomé ya tiene listos sus Pinot Noir de altura a casi 3000 metros sobre el nivel del mar los cuales saldrán varietales y hasta podrían convertirse en sus primeros espumosos. ¿Qué tiene de raro esto? Hasta hace unos años cuando solo se pensaba que Salta era tierra para tintos rústicos y Torrontés el Pinot Noir parecía confinado a los fríos viñedos del Valle de Uco o de Río Negro pero ya no, hoy es tiempo de búsqueda. Una búsqueda que año tras año fija nuevas fronteras para una vitivinicultura que hoy se extiende desde Chubut hasta Jujuy y que cada vez intenta acercarse más a las costas del Atlántico.

Pero no solo de las regiones viene la diversidad tinta sino también en cuestión de varietales, ya nadie quiere quedarse solamente con la imagen de Argentina igual Malbec y mientras el Cabernet mejora cosecha tras cosecha otros, como el Cabernet Franc, Bonarda, Merlot y Syrah, esperan el turno para demostrar su potencial en suelo argentino.

 

Blancos, el frío es la clave

En pleno auge del Valle de Uco y sus viñedos de altura Argentina parece haber encontrado el mejor origen para sus blancos de calidad. Así es, si se monitorea el mercado es posible descubrir como estos viñedos dan vida a la gran mayoría de nuestros blancos preferidos. En especial a la hora de hablar de Chardonnay y la nueva vedette de los blancos argentinos, el Sauvignon Blanc. Esta claro que el frio de la montaña permite obtener una mejor concentración de aromas y sabores que resultan en vinos finos y elegantes, algo que también parece redescubrirse más al Sur todavía aunque a menor altura, es decir, en San Rafael y Patagonia. Si algo nos quedo claro este año es que los blancos han alcanzado un nivel que sorprenden incluso a sus hacedores, parece que aquellos que aseguraban que solo éramos un país para tintos tendrán que revisar sus apuntes.
Mientras tanto con nuestra cepa blanca insignia, el Torrontés, su caso es similar al de los tintos. Sus uvas de color dorado ya no solo son materia de los viñedos del Norte y lentamente comienza a plantarse en los lugares menos imaginados. Al menos en los últimos tiempos fue Mendoza la región que más hectáreas de Torrontés ha sumado mientras en Patagonia ya se dejaron de lado las pruebas para concretar las primeras hectáreas. De este modo el Torrontés nos ofrece expresiones muy diversas como la del Norte (Salta y La Rioja), la de Cuyo (Mendoza y San Juan) y también la Patagónica. Por lo tanto recomendamos probar uno de cada región a fin de definir cual es el que mas nos gusta.

 

Novedosas burbujas

Con los espumosos se debe hablar más allá de las tendencias. Lo que ha sucedido en los últimos años con los vinos de burbujas es una verdadera revolución. Aquí no solo hay diversidad de cepas, sino también de estilos, orígenes y formatos en respuesta a la preferencia argentina por estos vinos que continúa en ascenso.
Es así que hoy este segmento hasta hace poco dividido en Extra Brut y Demi Sec sumó a los Nature y los dulces entre los nuevos favoritos según el paladar o el momento en que se descorchen. Sorprende ver la tasa de crecimientos de los últimos en un país donde muchos sentencian que los mejores espumosos son los secos.
A la vez en materia de variedades hay una tendencia al perfeccionamiento de estos vinos que cada vez se elaboran más con Chardonnay y Pinot Noir en busca de un estilo afrancesado que ya es una especialidad local. Por su parte también el Torrontés se ha ganado su lugar entre los vinos espumosos pudiéndose encontrar cada vez mas versiones que lo tienen como base.
En cuanto a orígenes al igual que sucede con todos los demás vinos los espumosos llegan con una calidad para destacable indistintamente del Sur, el Norte o el centro del país.