Botellas de vidrio

Además de ser ecológicas no modifican el sabor del vino, son reciclables, retornables y reutilizables.

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Por Verónica Gurisatti

 

La botella de vidrio para envasar vino se empezó a usar recién en el siglo XVII, antes se utilizaban otros materiales como ánforas, vasijas de barro o barriles de madera. Hay de distintos tamaños, colores y formatos y cada uno tiene su nombre, la estándar tiene un volumen de 750 ml. Por su diseño y características algunos vinos fermentan en botella directamente y otros son embotellados después de su fermentación en tanques o piletas. Hoy en día, existen además de las tradicionales, infinidad de formas personalizadas y de colores.

 

Tipos de botellas
Los distintos tipos de botellas se diferencian entre sí por la altura total y la del cuello, la forma de los hombros, la conicidad del cuerpo y el color.

Burdeos: de forma alta y cilíndrica, hombros marcados y cuello alargado, es la tradicional para los tintos de guarda, de color verde oscuro y también para determinados vinos blancos.

Borgoña: de cuerpo cilíndrico, hombros caídos y mayor anchura que la de Burdeos, color marrón o verde oliva, tradicionalmente era de color verde para los tintos de crianza en las regiones vitivinícolas alemanas.

Champagne: muy parecida a la de Borgoña, de color verde y espesor de paredes más anchas para poder soportar mejor las elevadas presiones del gas carbónico.

Riesling: alargada y esbelta con hombros muy estrechos, se usa casi exclusivamente para los vinos blancos en color verde, y transparente para los vinos rosados. De origen alsaciano germano. Tuvo su origen en las riberas de aquel río.

Jerez: similar a la bordelesa, pero de hombros más rectos y marcados, presenta un abombamiento en el cuello y un gollete en dos fases. Generalmente son de color verde oscuro o negro.

 

Tamaños
La diferencia de tamaño no sólo se debe a la cantidad de vino contenido, también afecta al envejecimiento, ya que el vino evoluciona mucho más lento en una botella grande. Los tamaños que existen son: Benjamín (185 cl), Tres octavos (375 cl), Medio (500 cl), Tres cuartos (750 cl), Magnum (1.50 lt), Jeroboam (3 lt), Imperial (4 lt), Rehoboam (4.80 lt), Mathusalem (6.40 lt), Salmanasar (9.60 lt), Baltasar (12.80 lt), Nabucodonosor (16 lt) y Salomón (18 lt).

 

Colores
El color de la botella evita la exposición del vino a la luz directa y de esta manera favorece su conservación. El color verde se usa para envasar vinos tintos y espumantes, el blanco para vinos blancos y rosados, y el color ámbar para algunos vinos tintos y blancos.

 

Partes de la botella
Generalmente la botella tiene un cuello largo y fino y el cuerpo abultado y se compone de las siguientes partes: la boca, el cuello, los hombros, el cuerpo y la picada.

La boca: la forma de la boca con bordes o salientes es muy importante ya que refuerza al cuello evitando roturas, facilita la colocación de las cápsulas y es fundamental para servir mejor la bebida.

El cuello: es otra característica fundamental para que el corcho pueda cumplir su función de conservación ya que no permite que se expanda y evita que entre aire cuando se lo estiba en forma horizontal, fundamental para los vinos de guarda.

Los hombros: tienen la función de transición entre el cuerpo y el cuello, y cuando son pronunciados aseguran que los sedimentos se depositen ahí cuando están en posición horizontal evitando que pasen a la copa.

El cuerpo: es la zona más importante, de forma cilíndrica, cónica o achatada como la botella tipo caramañola, además de cumplir la función de contener el producto, es el soporte de toda comunicación.

El fondo o picada: es la base de la botella y en general presentan una concavidad, en los vinos de más alto precio la picada es más profunda y está relacionada a un mayor peso total de la botella.