Los vinos del sol

San Juan es la segunda provincia a la hora de hablar de vinos en el país y hoy los invitamos a conocer mas de ella.

Compartir la nota
Por Alejandro Iglesias, sommelier (@AleIglesiasWine)
San Juan y  Mendoza son la columna vertebral del vino argentino, no solo por volumen sino por tradición. Ambas forman la región de Cuyo y en sus suelos la vid dio origen a la viticultura ya a fines del siglo XVI para convertir a nuestra nación en productora de grandes vinos. Juntas estas provincias son el principal origen de los vinos de calidad del país y concentran casi el 80% del total de la producción nacional.
Por su parte San Juan con sus casi 50000 hectáreas cubre el 21% del total del viñedo argentino mientras sus vinos continúan demostrando el potencial de su terruño en cada sorbo. Es así que se trata de la segunda provincia en importancia para la industria vitivinícola nacional. Pero a diferencia de sus vecinos los sanjuaninos han profesado una vitivinicultura más tradicional mientras que en los últimos años nuevos emprendimientos impulsaron un aggiornamiento de sus vinos.
Pero mas allá de estos números no se debe olvidar que es en gran parte gracias a un sanjuanino que nuestro país hoy tiene al Malbec como emblema ya que fue Domingo Faustino Sarmiento quien propuso la creación de Quinta Normal Agronómica de Mendoza en 1853 donde el francés Michel Pouget plantaría las primeras cepas de nuestro estandarte vínico.
El terruño. Su geografía desértica y árida junto a un sol siempre presente convirtieron a San Juan en la tierra de los Vinos del Sol ya que su carácter esta claramente definido por sus cielos diáfanos y una heliofania que asegura más de 300 días soleados al año.
En cuanto a sus suelos al igual que sucede en todo el oeste argentino sobre el pedemonte cordillerano son de origen aluvional, básicamente compuestos de arenas, arcillas y roca, es decir que son pobres y permeables. En cuanto a las lluvias son apenas 100 milímetros anuales los que recibe esta región, de aquí que la sanidad de las viñas sea óptima y deban ser alimentadas por riego artificial.
Un clima ideal. Los valles sanjuaninos gozan de un clima seco y árido que junto a una insolación envidiable facilitan la viticultura. Aquí se destaca las altas temperaturas y bajas precipitaciones de modo que las primaveras son calurosas y los veranos mucho mas. Incluso las altas temperaturas se pueden disfrutar avanzado el otoño. Los inviernos si son fríos aunque cortos beneficiando el ciclo vegetativo de las plantas. Por las noches, como suele suceder en toda región de montaña, la temperatura disminuye dando lugar a una pronunciada amplitud térmica.
 
Sus valles. En su geografía montañosa se desarrollan numerosos valles entre los que se destacan Tullum, Ullum, Zonda, Calingasta y El Pedernal. Históricamente la producción llegaba desde los valles mas cercanos a la capital provincial, es decir Ullum, Tullum y Zonda. En estos se afincaron las primeras bodegas con sus viñedos para dar vida a una industria que para fines del siglo XIX era de mas destacadas del país. Es en estos Valles ubicados entre los 600 y los 950 msnm donde se desarrollaron principalmente cepas blancas con tintas que dieron origen a los vinos típicos de mesa argentinos aunque hoy San Juan apuesta a los vinos de calidad como el resto del país y en esta búsqueda constante de la excelencia un nuevo Valle se presenta como el futuro para los vinos de la provincia. Ubicado al sur de la provincia a pocos kilómetros del límite con Mendoza se encuentra El Pedernal, un valle ubicado a 1350 msnm con condiciones extraordinarias que ya permiten saborear vinos tintos de calidad extraordinaria y de un estilo moderno e internacional.
 
Una industria centenaria. Del mismo modo que sucede en Mendoza en San Juan su industria vínica fue desarrollada por inmigrantes que veían no solo el potencial de la región sino un sin fin de oportunidades. Entre esto se encontraron muchos de los pioneros de la vitivinicultura entre los cuales se destaco Santiago Graffigna cuya bodega es todo un símbolo de la provincia y del país que hoy abre sus puertas al turismo con un museo donde es posible recorrer la historia de la vitivinicultura nacional y la vida de este audaz empresario.
 
Sus vinos. Como resultado de esta geografía y clima San Juan siempre se caracterizo por sus blancos y tintos, principalmente cuando se trata de vinos frescos del año por su vivacidad y sabores intensos. El sol imprime en ellos colores profundos a la hora de los tintos mientras que los blancos tienen un matiz resplandeciente que los identifica.
En cuanto a las cepas la gran apuesta sanjuanina es el Syrah, una tinta amante del solo y el calor, algo que encuentra en el Ródano y en Australia, dos de sus orígenes más destacados. En este sentido San Juan da vida a un Syrah profundo e intenso de aromas muy frutales y paladar jugoso que perdura por largo en boca. Sin embargo el Malbec y la Bonarda también se destacan en esta provincia mientras que muchos ya hablan del potencial del cabernet Franc. En materia de blancos el Torrontés es la vedete mientras que la Viognier y el Pinot Grigio buscan despuntar como para internacionalizar la oferta de la provincial.
De todos modos también se producen excelentes tintos de corte, Cabernet Sauvignon y Chardonnay.
Otra especialidad son los vinos dulces de los cuales pronto les contaremos.