Suelos

La viña se adapta a muchos tipos de suelos y son un factor determinante para obtener uvas y vinos de calidad.

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Por Verónica Gurisatti

El suelo es el resultado de la interacción del clima y de los seres vivos sobre el tipo de roca durante un tiempo determinado y se relaciona directamente con el concepto de terroir. Sus aspectos técnicos y científicos los estudia la ciencia llamada Edafología y le da una especial importancia a su composición, formación, evolución y distribución geográfica ya que influye en forma indirecta en la calidad de las uvas y de los vinos.

La viña se adapta a muchísimos tipos de suelos, los cuales compensan las características climáticas en el sentido de que cuando hay climas lluviosos se necesitan suelos muy pobres porque sino el crecimiento de la planta es excesivo e imposibilita la producción de uvas de alta gama. En cambio, en zonas desérticas o de poca irrigación de agua, la fertilidad del suelo no es tan importante ya que el vigor de las plantas depende del riego.

El tipo de tierra modifica las características de las uvas y de los vinos, y por ejemplo los suelos arenosos aportan cierta franqueza y le dan al vino aromas limpios que definen su variedad; los suelos arcillosos al retener más la pluviometría dan mayor producción a costa de la calidad y en los terrenos pedregosos se acentúa la calidad del vino con notas elegantes, mayor finura y complejidad.

Tipos de suelos
Los tipos de suelos se determinan en función del porcentaje de gravas, limos y arenas, y los más importantes son:

Los suelos arenosos: la vid prefiere suelos arenosos y sueltos, con menos del 15% de arcilla y de limo, bien drenados en los que la sequía no ocasione serias limitaciones. La uniformidad del perfil es importante y se plantean situaciones diversas al entrar en los detalles sobre porcentajes absolutos y relativos de arcilla.

Los suelos pedregosos: están compuestos por gravas y cantos rodados procedentes de los aluviones y se consideran generalmente favorables para la viña en relación con la calidad pero desfavorables desde el punto de vista del vigor de la planta y de la capacidad de producción debido a que diluyen la fertilidad.

Los suelos arcillosos: con más de un 30% de arcilla, se relacionan con vinos ricos en extractos, aromáticos, bien coloreados y gruesos. En este sentido, y por los problemas morfológicos y físicos que afectan al desarrollo vegetativo de la planta, se considera como límite máximo en el contenido de arcilla el 45% por comparación con los suelos vitícolas más importantes del mundo.

También están los suelos limosos (con más del 50% de arcilla y limo), los gumíferos (con más del 10% de humus) y los de margas (compuestos de calizas y arcillas). Y además, las características térmicas del suelo influyen en el ciclo de la viña y en los suelos cálidos (grava, arena, limo) las uvas adelantan la maduración, mientras que en los suelos fríos (arcillas y margas) retardan la madurez.