Los estilos del vino

Por color, por varietal o por estilo ¿Cómo pedimos los vinos los argentinos?

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Por Alejandro Iglesias, sommeleir (@AleIglesiasWine)

Hasta hace unos años era muy simple pedir o elegir un vino. Si nos vamos un par de décadas atrás solo el color definía el gusto del enófilo local, es decir, blanco, tinto o rosado en algunos casos. Luego fue el turno de las marcas y todos pedían los vinos por nombre propio. Mas tarde se instaló el furor por los varietales y todos parecían tener claro que cepa se adaptaba mejor a sus gustos. Sin embargo hoy la tendencia indica que son los perfiles detrás de cada vino el motor de búsqueda.

¿Por qué el cambio? Esta claro que el consumidor actual es mas curioso y conoce mucho mas que otras generaciones gracias a una industria que decidió compartir mucho de su trabajo y fue a partir de la información que los enófilos comenzaron a interpretar que bebían. Así el bebedor actual ha logrado, cada uno en su medida, decodificar sus gustos y preferencias.

La evolución. Como comentamos en los primeros renglones la forma de ver el vino para los consumidores cambió a medida que la industria evolucionó. Seguramente si preguntamos a los integrantes de mayor de edad de la familia nos van a contar que hace bastante tiempo el vino en los restaurantes muchas veces se pedía en jarra y la oferta era siempre el de la casa en blanco o en tinto. Incluso en las despensas se lo pedía igual ya que la oferta de etiquetas era bastante acotada.
Luego algunas bodegas fueron creciendo en el mercado hasta convertirse en lideres al punto que tanto en el almacén de barrio como en los restaurantes se pedía la marca en versión Borgoña para los tintos o Chablis para los blancos.
Pero a partir de la década de 1970 las cosas lentamente se pondrían mas complejas. Varias marcas pasaron de ser dominantes y sus etiquetas definirían categorías, una movida que llevaría al resto de los productores a copiar sus etiquetas, nombres similares y hasta sus estilos. Por entonces se pedía tal o cual vino o alguno que se le pareciera.
Finalmente a finales de los ´80 e inicios de los ´90 los varietales coparían la oferta y los sabores del Malbec, el cabernet o el Chardonnay marcarían la tendencia de cómo pedir el vino durante algo mas de una década.
En cualquier punto de venta tanto el consumidor como el comensal pedirían marca mas cepa hasta que el varietal pudo mas y se animaron a descubrir nuevos hacedores.
Sin embargo la industria continuó con su evolución y esos Malbec o Chardonnay que en un principio seguían recetas exitosas comenzaron a diferenciarse cuando los enólogos y bodegas optaron por definir perfiles y personalidades detrás de sus vinos.
Fue entonces que a la hora de pedir la simple mención de la cepa se complementaría con el estilo específico que busca cada cliente. Ya no solo seria “quiero Malbec” sino que pasaría al “quiero un Malbec joven, fresco y frutado…”.
El consumidor finalmente descubrió que decir solo Malbec no alcanzaba y era hora de definir que era lo que realmente le gustaba.

Entonces, ¿qué estilos hay? Aquí veremos una decena de estilos que se ubican entre los mas pedidos y que hoy marcan la oferta local.

Los frutados. Desde el momento en que el vino argentino se aggiornó la fruta paso a ser protagonista de la copa, algo que décadas atrás no sucedía. Hoy el consumidor disfruta de los aromas a ciruelas, moras y frutos negros así como también de los tropicales, cítrico y de carozo. Entonces es común escuchar a los bebedores solicitar aquellas botellas donde la fruta define al vino.

Maderosos. A pesar de las polémicas que genera desde hace tiempo el uso del roble lo cierto es que muchos consumidores disfrutan de los sabores y aromas ahumados y tostados que imprime la crianza. Para muchos un vino sin roble es un vino incompleto y es así que buscan identificar cuales son los productores que aseguran este perfil para entregarse encantados a la madera.

Especiados. Los aromas de las especias y las hierbas aromáticas despiertan pasión en los consumidores que buscan vinos complejos y misteriosos. Es por eso que están los que prefieren los aromas y sabores a ají morrón, pimiento ahumado, clavo de olor y vainilla.

Florales. Aunque a muchos les cueste creerlo hay vinos con aromas a flores, tanto blancos como tintos, que seducen a un buen número de enófilos. En nuestro país por ejemplo muchos relacionan estos aromas a algunos tintos del Valle de Uco y de Agrelo así como también al Torrontés en su juventud.

Ligeros. Un vino debe ser fácil de beber y para gran parte de la población eso es posible cuando se trata de vinos dóciles al paladar. Es por esto que los vinos delgados y suaves hoy marcan tendencia.

Estructurados. En contraposición con el estilo anterior los vinos concentrados y briosos tienen muchos seguidores, entre ellos los que aman la presencia del roble. Son vinos que responden al modelo que adoptó Argentina durante su reconversión y que hoy siguen entre los preferidos de muchos.

Frescos. La frescura y acidez se convirtió en uno de los atributos mas buscados por los consumidores. A fin de cuentas en lo que hace que un vino sea fácil de beber. Es por esto que se valoran cada vez mas tanto los blancos como los tintos de zonas frías.

Filosos. Aquí la máxima expresión en cuanto acidez, un modo de graficar como siente el paladar el paso de aquellos vinos de acidez penetrante que hoy marca el rumbo de los blancos ante todo.

Jugosos. Esta es otra de las virtudes que comienza a demandar el público en los tintos, deben ser fresco, con nervio pero a la vez envolventes y sabrosos, algo que por suerte se observa muy seguido.

Sencillo. Aunque para algunos este termino pueda resultar peyorativo lo cierto es que es un elogio para un buen vino. Así muchos definen hoy a los vinos que gustan sin exageraciones ni “maquillaje”. Vinos sabroso que disfruta desde el mas conocedor al principiante por que acompaña en la mesa sin exigir toda la atención.

¿Cuáles serán los próximos estilos? Si bien esto no se trata de una ciencia exacta si se observa una vuelta a la expresión del origen algo que da lugar a vinos ligeros con un roble armónico y menos protagónico. Vinos refrescantes de menor concentrados a fin de realzar la acidez por sobre la estructura. Vinos complejos en lugar de primarios donde la fruta encuentre un equilibrio para dar lugar a los aromas de la tierra y la crianza.
En definitiva un estilo que para algunos es innovación mientras que para otros es mirar nuevamente a los vinos históricos de la Argentina.
De todos modos sea cual sea la verdadera definición como siempre la palabra la tendrá el consumidor.