Cabernet Sauvignon, la uva del futuro

Argentina es mucho más que Malbec y el rey de los cepajes todavía no demostró todo su potencial.

Compartir la nota





Por Verónica Gurisatti

“Llevar al Cabernet al nivel del Malbec se va a lograr a través de años de trabajo intenso, es un proceso complejo y un gran desafío ya que es como un pura sangre, hay que saberlo trabajar y aunque eso lleva tiempo, existen muy buenas perspectivas para su desarrollo. Bordeaux y California son los dos lugares reconocidos en el mundo para producirlo y Argentina va a estar al mismo nivel porque cada día hay más productores trabajando en calidad”, asegura el consultor Paul Hoobs.

Hoy, es la tercera uva más plantada del país y todavía no demostró todo su potencial. Es como una joya escondida y si bien existe desde hace mucho tiempo en las mesas argentinas casi siempre hay Malbec, pero en otra época supo ser el protagonista de los grandes vinos nacionales. En aquel entonces se hacían vinos con el modelo europeo y copiando la fórmula del estilo Burdeos, pero hoy por suerte ya sabemos que el vino no tiene recetas ni fórmulas y que es imposible hacer dos iguales.

En la década del 40, cuando la industria decidió hacer volumen, se erradicaron miles de hectáreas de uvas finas y se implantaron variedades comunes de mayores rendimientos para satisfacer a la creciente demanda local, pero al Cabernet Sauvignon no lo arrancaron porque uno de sus secretos siempre fue su plasticidad, lo cual le permite elaborar muchos de los mejores vinos del mundo en Francia, pero también dar muy buenos ejemplares en Estados Unidos, Chile, Australia y Argentina.

Originario de Francia y exitosamente cultivado en todo el universo vitivinícola, su popularidad es tal que se lo considera el paradigma del vino tinto con cuerpo y robustez. En nuestro país no tiene problemas para crecer en casi ningún rincón del territorio, desde Salta hasta Río Negro, produciendo vinos de estirpe y buena estructura tánica, sin embargo en las alturas mendocinas demostró que se siente muy bien y que su zona privilegiada es Alto Agrelo por poseer muchas viñas antiguas.

Es cierto que todavía no podemos decir que hay un estilo de Cabernet argentino bien definido porque hasta hace poco sólo se encontraban aquellos en los que los aromas y los sabores a pimientos invadían la copa y muy por detrás se percibía la fruta y las notas de la madera. Por suerte, hoy la fruta se siente más fresca y el roble empieza a ser usado de mejor manera, pero lo que más seduce de esta cepa es su complejidad aromática y su longevidad aunque hay muchos detalles por mejorar.

En el paladar, los taninos no son tan duros y astringentes como antes, sino redondos, amables y de gran estructura tánica y si bien sus condiciones naturales para lograr un gran vino argentino están comprobadas, el foco puesto en el Malbec durante los últimos años hizo que su desarrollo fuera dejado de lado. Hoy eso cambió y en poco tiempo lograremos ejemplares que se comparen con los mejores del mundo, mientras tanto, podemos disfrutar de nuestros exquisitos Cabernet actuales.

“Hoy estamos en un momento muy importante de la vitivinicultura, hay mucho por descubrir, como productores y consumidores, y aunque cambios va a seguir habiendo no serán tan radicales y el trabajo cada día será más fino, porque en el conocimiento de nuestro terroir está la posibilidad de la próxima etapa, ya que siempre tuvimos las uvas que tenemos pero nunca tuvimos jóvenes de treinta y pico con tanta pasión al mando de la enología”, afirma el bodeguero José “Pepe” Zuccardi.