Cómo definir la calidad de un vino

Las cualidades de los vinos son el resultado de generaciones de trabajo, pero ¿cómo definir su calidad?

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Por Verónica Gurisatti

Para hablar de la calidad de un vino usamos un conjunto de expresiones y aforismos: por ejemplo hablamos de un vino de calidad o de una producción de gran calidad pero un vino de un segmento medio también puede ser de buena calidad y un vino de alta calidad puede ser mediocre. Por lo tanto, la palabra calidad, expresa en forma un poco confusa, tanto la forma de ser de algo y sus propiedades particulares como una superioridad o una excelencia.

Existen vinos de calidad superior (aunque esta calidad superior es inferior a la de los vinos con Denominación de Origen Controlada) y existen vinos de calidad producidos en regiones determinadas. Por eso se habla de una política de calidad y se usan frases hechas como “la búsqueda constante de la calidad”, “la preocupación por la calidad”, “el futuro de la vitivinicultura está en la calidad” o “la relación precio-calidad” (tan importante a la hora de comprar).

Desde siempre se escribe sobre la calidad de los vinos para tratar de definirla, sin embargo según el enólogo francés Pierre Poupon la calidad es mejor comprobarla que definirla aunque una definición muy simple y clara puede ser: “La calidad de un vino es el conjunto de sus cualidades, es decir, de las propiedades que lo hacen aceptable o deseable”. Pero en realidad, el placer subjetivo que nos produce el consumo del vino es el que dictamina el juicio.

Hay muchas otras frases que lo expresan, ya que el vino forma parte de la categoría de alimentos en los que el sabor es el factor de elección y a los que le atribuimos, además, un cierto valor simbólico y afectivo. Por ejemplo: “La calidad es lo que hace placentero el consumo, porque uno se alimenta por necesidad pero también por placer”. Todo el mundo exige calidad pero pocos valoran lo que representa en realidad y los esfuerzos necesarios para conseguirla.

Detrás de cada definición podemos adivinar aquel que juzga la calidad y es la persona que prueba el vino, porque la calidad no existe si no es en relación con esta persona en función de su aptitud para percibirla y juzgarla y depende de su criterio y de su gusto. Por eso se habla de la relatividad de la noción de calidad, ya que ésta no es tangible y por sí misma no existe, sino que es una concepción abstracta que trata de establecer una clasificación y una jerarquía.

La calidad es un concepto que indica simplemente la preferencia del consumidor hacia un producto, sugestionado por una moda o una propaganda. Una noción teórica que por sí misma no significa nada y depende de numerosos factores entre los cuales juegan un papel fundamental las condiciones ambientales del consumidor. Por eso, la calidad de un alimento se define por el poder gratificante que representa (que proporciona un algo más, como un suplemento).

En definitiva, la calidad es una noción positiva y relativa; positiva porque el alimento proporciona al cuerpo una satisfacción de sus necesidades, y relativa porque ésta sensación de satisfacción depende de cada individuo y de sus propias necesidades. Por eso actualmente, se dice que la calidad del consumidor es la que hace de alguna manera la calidad de los vinos que bebemos, ya que sin consumidores expertos no existirían vinos buenos.

Algunos van incluso más lejos y aseguran que la calidad de un vino en el fondo no existe y que está supeditada a la calidad del consumidor. Lo que no se puede negar es que en el vino hay una calidad potencial y que es más evidente cuanto más conocida sea por más expertos, que son quienes en realidad crean las reputaciones. Y también está comprobado que la información y la educación de los consumidores, haciéndolos más exigentes y conocedores, son los medios más eficaces para, indirectamente, mejorar la calidad del vino.