Los vinos que beberemos

En la vitivinicultura argentina soplan vientos que prometen nuevos sabores.

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Por Alejandro Iglesias

 

Cada día es más común escuchar a enólogos y bodegueros sostener que Argentina “es mucho mas que Malbec”, una frase que presagia cambios. Claro está que hay Malbec para rato y no es necesario salir corriendo para aprovisionarse, sino que esta expresión busca explicar que es hora de explorar y explotar la diversidad de nuestras regiones vitícolas.

 

Es por esto que al visitar bodegas nos encontramos con viñedos experimentales que albergan variedades populares y reconocidas en otras latitudes pero realmente curiosas para nuestro mercado. Este es el modo en que enólogos y agrónomos ponen a prueba cepas en las que ven potencial como para pensar en futuras creaciones.

 

Gracias a esto los profesionales cuentan con muchos mas conocimiento que en otras épocas, lo que les permite innovar en estilos con nuevas cepas o nuevas propuestas a la hora de los cortes.

 

Es de la mano de estos cambios que muchos expertos auguran cambios en los viñedos argentinos para los próximos años gracias a la influencia de variedades nunca antes tenidas en consideración.

 

Mucho más que francesas. Un dato curioso en nuestro país es que a pesar del predominio de inmigrantes españoles e italianos que llegaron desde el siglo XIX para conducir la industria vitivinícola nuestros principales vinos se producen con cepas francesas. Ante esto hay enólogos que están buscando cambiar el destino desde el viñedo con cepas como Fiano, Nebbiolo, Albariño y Garnacha, una apuesta que comienza a dar resultado.

 

Las blancas que vienen. En el caso de las blancas la industria hace tiempo experimenta con variedades exóticas que comenzaron a dar resultado en los últimos años.
En este sentido fue la búsqueda y hallazgo de regiones con climas frescos y suelos calcáreo lo que permitió ampliar el cultivo de cepas de ciclo corto en un país de clima cálido y árido.

 

En este sentido hay dos cepas que son la apuesta más fuerte por el peso que tienen a nivel internacional: Riesling y Gewürztraminer.

 

El Riesling pertenece al grupo de las aromáticas y se caracteriza por sus vinos ligeros, frescos, tensos y frutales. Es muy apreciada por los enólogos por su capacidad de transmitir cabalmente las características del terroir. Los exponentes más famosos se logran en Alemania, en las laderas del río Rin. Allí da vida a blancos soñados de alta acidez y un carácter mineral cautivante. Además se trata de blancos con gran potencial de añejamiento. Otras zonas famosas por sus Riesling son Alsacia en Francia, Austria y más recientemente el sureste de Australia y Washington en Estados Unidos. También son para destacar los icewine elaborados con Riesling en Alemania y Canadá.
En nuestro país los mejores resultados provienen de regiones de altura como Valle de Uco y algunos viñedos calchaquíes mientras que Patagonia y los novedosos viñedos oceánicos el Riesling ya da que hablar.

 

Por su parte el Gewürztraminer, también considerada entre las aromáticas, es más propia de Alsacia aunque puede compartir algunas regiones con el Riesling. Sus vinos siempre tienen un matiz especiado, cítrico y floral muy refinado y hasta austero. Se caracteriza por un buen nivel de acidez que hace a sus vinos refrescantes y a la vez ideales para la guarda. El principal riesgo de la uva es que se trata de una cepa sensible a las enfermedades y los hongos aunque eso en algunas regiones se convierte en botritys cinérea, podredumbre noble, y permite elaborar grandes vinos de postre.
En nuestro país las pruebas han dado buenos resultados en el Valle de Uco y la Costa Atlántica algo que ha motivado a varios enólogos a probar suerte.

 

Pero si prestamos atención también observaremos que se ha comenzado a apostar en cepas de origen italiano y español, algo poco habitual años atrás. Entre estas es el Albariño, propio de la región gallega de Rias Baixas, la que lleva ventaja. En su región natal se caracteriza por dar vinos sabroso de buen caudal frutal con fluir amplio de sabores frutales como lima, damascos y duraznos. Actualmente en Mendoza ya son varios los que la cultivan aunque pocos los que la comercializan pero sin dudas esto esta pronto a cambiar.

 

El recambio de los tintos. Nuestra industria vínica por años se caracterizó por su postura conservadora en materia de tintas. Sin embargo el éxito del Cabernet Franc generó cierto entusiasmo entre los enólogos por experimentar con tintas no tradicionales por estas latitudes. Entre estas algunas despiertan curiosidad mientras que otras llevan a preguntarnos por qué nunca antes se las utilizó.

 

La que ya cuenta con historia en nuestro pías es la Petit Verdot con una historia similar a la del Cabernet Franc. Esta cepa estuvo considerada entre las tintoreras ya que aporta color en los vinos de corte así como también estructura y un tanino firme. Si bien en el mundo ninguna región se destaca con varietales de Petit Verdot cabe destacar que es una de las tintas de Burdeos mientras que en algunas zonas comienza a ganar adeptos. Gracias al clima cálido de las regiones argentinas esta cepa logra una maduración optima y eso le permite a los enólogos a considerarla no solo en los cortes sino también como varietal. Sus vinos son briosos, profundos y exóticos, algo que seduce a los consumidores.

 

Entre las desconocidas podemos citar a la Ancellotta, cepa proveniente de Italia que llegó al país con los inmigrantes italianos del norte pero que no tardaron en dejar de lado ante la alta productividad de otras cepas. Pero en los últimos tiempos, algunos enólogos dieron con viejos parrales de esta variedad mientras otros buscaron nuevos clones para probar su desempeño. Hoy tanto en Salta, Mendoza y el sur están los que confían que esta uva brindará complejidad a los futuros tintos de corte ya que su mejor aporte es en los blend.

 

Pero entre las tantas novedades hay una variedad cuyo cultivo aun es escaso pero todos hablan de su potencial: la Garnacha. Se trata de la cepa tinta mas cultivada en España y eso despierta curiosidad acerca de por qué nunca fue popular en un país donde la cultura española tiene tanto peso.
Lo bueno de esta cepa, también conocida como Grenache en Francia, es que resiste las altas temperaturas como pocas y en un país de clima cálido sus cultivo seria mas que justificado.
Entre los vinos más renombrados producidos con esta tinta están los vinos del sur del Ródano y Chateauneuf-du-Pape mientras que forma parte de importantes cortes de Rioja y también los australianos la cultivan junto a sus Syrah en la regiones del sur.