Malbec, un fenómeno que no se detiene

El mascarón de proa de la vitivinicultura nacional continúa su expansión sin perder ritmo.

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Por Alejandro Iglesias

 

El Malbec es la cepa emblemática de la vitivinicultura argentina. Con sus frutos se elaboraron los vinos que refundaron la industria vínica local hace veinte años. Incluso con esas mismas uvas se obtuvieron las etiquetas que llevaron al país a la primera plana mundial.

 

Por esto mismo, se trata de la cepa más cultivada en Argentina, con 38.844 hectáreas distribuidas de norte a sur. Casi diez veces la superficie que ocupa la misma variedad en Cahors, región del sudoeste francés de donde es originaria.

 

Actualmente 3 de cada 10 botellas de vinos varietales consumidas en el país son de Malbec, mientras que a la hora de las exportaciones representa el 45% de los varietales argentinos que se descorchan en Estados Unidos, Canadá, Reino Unido y Brasil.

 

Tras este éxito sus hectáreas se multiplican. Para tomar dimensión del fenómeno solo hace falta recordar que en 1993 eran solo 9.960 las hectáreas de este varietal. Una década más tarde, en 2002, la superficie se había duplicado hasta representar en la actualidad una quinta parte del viñedo nacional.

 

Mendoza elabora 9 de cada 10 botellas de Malbec que encontramos en el mercado. Con 33.311 hectáreas de Malbec representan el 86% del total nacional de la cepa y sus regiones son las que más han crecido. Solo en Valle de Uco su superficie pasó de 4.275 hectáreas en 2004 a 13.431 según el censo 2014.

 

Como corresponde en todos los aspectos de la industria, en producción de Malbec a Mendoza le sigue San Juan con una superficie de 2.050 hectáreas, aunque no se trate de la cepa más cultivada en esta provincia.

 

Si es la variedad dominante en Salta y Neuquén. En la provincia del noroeste su evolución ha sido un verdadero éxito si consideramos que hace una década sólo existían 350 hectáreas, una superficie que se ha cuadruplicado hasta llegar a las 1.418 actuales. Por su parte Neuquén alberga 646, un número que duplica a su superficie de 2004.

 

Pero el fenómeno del Malbec no solo se cuenta en hectáreas o hectolitros sino también en estilos. Su evolución dio lugar a un mosaico gustativo que ofrece diversos sabores y texturas según el origen.

 

La clave es el terroir y la habilidad de la cepa para expresarlo. Con cultivos en todas las regiones vitivinícolas del país, hoy es posible encontrar diversas expresiones del Malbec. No será lo mismo descorchar uno de Gualtallary, Mendoza, otro de Cafayate, Salta; así como en la Patagonia cada provincia también ofrece su propia versión de Malbec.