Futuro en blanco

Cada día más voces que se suman al auge de los vinos blancos argentinos.

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Por Alejandro Iglesias

 

Con una reputación construida a base de vinos tintos, principalmente Malbec, Argentina se propone recuperar un segmento que supo ser su principal negocio: los vinos blancos.

 

“Los argentinos consumían más blancos que tintos” suele recordar Ricardo Santos en cada una de sus presentaciones. Y tiene razón, en Argentina hubo una época donde el Malbec era casi desconocido para el consumidor y los blancos lideraban el consumo.

 

Sin embargo, durante la década de 1990, de la mano de la reconversión vitivinícola, el país asumió el desafío de consagrarse como gran productor de tintos. Un reto que superó y le valió un lugar dentro de la elite vitivinícola mundial. Hoy con los vinos de color en su mejor momento muchos vuelven a apostar a los blancos con el foco puesto en la calidad que aseguran los climas fríos de montaña y las nuevas regiones vitivinícolas.

 

Entonces repasemos que sucede con las cepas que prometen cambiar la historia de los blancos locales.

 

Chardonnay. Durante su última visita a Mendoza, la periodista Jancis Robinson destacó las bondades de los Chardonnay argentinos, algo que tomó por sorpresa a muchos. Y no por que la industria no tenga confianza en sus blancos sino por que es habitual escuchar que Argentina es tierra de tintos. Según la británica estos blancos no tienen nada que envidiar a los que se producen en Europa o Estados Unidos y disparó “los Chardonnay argentinos jóvenes ofrecen un estilo fresco y sabroso que puede competir con muchos de Francia”. Sobre esto la industria ha dado sobradas muestras, principalmente con los vinos provenientes de la altura del Valle de Uco, donde Tupungato se erige como el terroir ideal por sus suelos pedregosos y calcáreos además del clima frío que imprimen sus 1350 metros de altura. Es por esto que cada día llegan más Chardo de alto vuelo que se animan a medirse con los más encumbrados del mundo, como sucedió recientemente con los vinos elaborados por Catena Zapata, White Bones y White Stones, en el Reino Unido.

 

Sauvignon Blanc. Es otra de las cepas que reescribe su historia desde la altura del Valle de Uco, aunque también lo hace a orillas del mar y desde los viñedos salteños. Si bien en Argentina siempre fue una cepa secundaria el éxito mundial de los Sauvignon Blanc neozelandeses y chilenos hizo que muchas bodegas le pusieron el ojo. Durante los últimos diez años su superficie se triplicó hasta alcanzar las 2.200 hectáreas cultivadas. El estilo de los Sauvignon locales es singular, si bien el frío de la altura o la brisa oceánica imprime buena tipicidad los cierto es que son más intensos y voluminosos que los de otras latitudes. En el mercado local marcan tendencia entre los que buscan sabores modernos mientras que en el mundo ya se hacen un espacio por su estilo novedoso.

 

Semillón. El otrora líder del segmento de los vinos sin color hoy pide revancha. Y lentamente la industria se la da. A diferencia de las anteriores, el Semillón ha perdido superficie aunque aún quedan unas 800 hectáreas cultivadas con él. Sus vinos, de sabor etéreo y refrescante, ofrecen un estilo gastronómico y austero que gana adeptos. Recientemente el crítico estadounidense James Suckling destacó algunos de Patagonia y Mendoza, dos regiones donde los enólogos han comenzado a recuperar antiguas plantaciones. Al momento el Semillón además ofrece un lugar vacante a nivel internacional ya que solo Australia lo tiene como un hito de su vitivinicultura mientras que los más tradiciones son los de Burdeos.

 

Riesling. Se trata de un caso curioso. Con sólo un centenar de hectáreas ha logrado que se hable mucho de él. El tema detrás del Riesling es que se trata de un rey sin corona ya que sus vinos son siempre celebrados en cualquier rincón del planeta. En el país se lo cultiva desde hace casi un siglo pero al tratarse de una cepa que gusta del frio nunca nadie apostó por ella. Sin embargo las recientes exploraciones de terruños fríos permitieron obtener buenos resultados tanto en la altura como a pocos metros del océano. Se la elabora en Mendoza, Patagonia, Salta y Chapadmalal. Muchos confían en que sus viñedos se multiplicarán y en breve conoceremos mucho más del Riesling en el país.

 

Chenin. Hablamos de otro blanco que supo llenar la copa de generaciones de argentinos. Pero el desembarco de las cepas europeas más encumbradas la condenó a una reducción bastante acelerada de sus viñedos. Pero así como sucede con el Semillón muchos enólogos le ponen una ficha y tras mejorar sus cultivo comienzan a lanzar blancos fresco y austeros que el paladar celebra.