Vinos de culto

Se imponen entre los paladares más expertos y generan tanto pasiones como polémicas. ¿Cómo son?

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Por Alejandro Iglesias

 

No es un nuevo fenómeno aunque siempre llama la atención. Los vinos de culto generan pasiones entre los vinófilos y eso los ubica en un lugar de privilegio al que otros vinos jamás llegan.

 

Son vinos curiosos, escasos, revolucionarios y hasta polémicos y se les permite todo, principalmente ir contra la corriente. A fin de cuentas eso es lo que proponen: algo que otros no más hacen.

 

Ubicados lejos del mainstream que ofrece la góndola, estos vinos nacen de la creatividad de enólogos consagrados y del ingenio de winemakers emergentes que así consiguen un lugar en el mercado.

 

La clave detrás de ellos es escapar al marketing y a las tendencias y cultivar el bajo perfil. O simularlo. A fin de cuentas no son los hacedores los que los catapultan al mercado sino los consumidores. Así, intencionalmente o no, sus creadores se convierten en los ídolos de aquellos bebedores que no quieren sentirse presas del mercado.

 

Hoy en nuestro país existen muchos casos: algunos viejos y clásicos pero también los hay nuevos.

 

Un historio entre estos es Weinert Malbec Estrella 1977, un tinto que desde los 90’s es objeto de deseo de muchos enófilos. Entre los enólogos que hicieron escuela en este segmento se destacan Ángel Mendoza, con sus Pura Sangre, Carmelo Patti y Walter Bressia así como también Ricardo Santos con su Malbec y Semillón.

 

La historia de estos renombrados productores tiene un punto en común, todos comenzaron en bodegas de gran porte pero el camino que trazaron como solistas o desde proyectos familiares los convirtió en referentes, tanto de consumidores como entre sus colegas.

 

Bodega Tacuil también ocupa un lugar en el Olimpo de los vinos de culto, con viñedos que rozan los dos mil setecientos metros de altura, produce sus increíbles que los conocedores rastrean casi con desesperación.

 

Pero actualmente hay una nueva camada de enólogos que, en paralelo con sus trabajos en grandes bodegas o con proyecto propio, ya se ganaron un espacio entre los de culto. Entre ellos se destacan Alejandro Vigil, enólogo de Catena Zapata, con sus vinos El Enemigo y creaciones que aun no salen al mercado, Daniel Pi, chef winemaker de Trapiche, con su proyecto de garage o Leo Borsi, enólogo argentino radicado en el Ródano, Francia, con sus Clos Ultralocal elaborados en su San Rafael natal.

 

En cuanto a los que marcan el nuevo camino entre los vinos de culto solistas Matías, Juan Pablo y Gerardo Michelini son los que más dan que hablar, cada uno con sus proyectos. Alejandro Sejanovich con sus Manos Negras es otro de los que se destaca entre los que transgreden el mercado así como los hermanos Bugallo en San Juan con sus vinos Cara Sur donde la vedette es un tinto de uva Criolla.