Vinos responsables

La sustentabilidad se instala en la agenda diaria de la industria del vino.

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Por Alejandro Iglesias

 

Aunque parezca obvio, es importante destacar que la vitivinicultura es una industria que depende de los recursos que ofrece la naturaleza. Recursos escasos y muchas veces no renovables. De aquí que las prácticas sustentables se convirtieron en prioridad para muchas bodegas. A fin de cuentas estos procesos colaboran a mejorar el medio ambiente pero también al desarrollo de la industria y ayudan a mejorar el recurso humano.

 

La clave de la sustentabilidad es optimizar los recursos e implementar procesos que aseguren una reducción del impacto de la producción sobre el medio ambiento. Entre los procesos más conocidos, por ejemplo, están la huella de carbono, el reciclado de residuos, la reutilización y control en el consumo del agua, la generación de energía por métodos limpios, la disminución en el uso de químicos y la fertilización natural, y la mínima intervención sobre el vino.

 

Los beneficios sobre los cosos productivos que acarrea el hecho de disminuir el consumo energético, optimizar el uso del recurso hídrico o reducir del uso de químicos es solo una faceta de lo que puede lograrse a partir de una gestión ambiental eficiente. Esto debe verse solo como el comienzo.

 

Sin embargo, el objetivo principal de estos procesos no son los beneficios para la bodega sino también para los consumidores y el entorno. Pero, de qué se tratan estos procesos.

 

Huella de carbono. Es una herramienta de gestión ambiental que traduce los impactos y las emisiones de CO2 (dióxido de carbono) provocadas por los diferentes procesos. Esto permite conocer, por un lado, el aporte de la organización al cambio climático, y por otro, diseñar un programa de mejoras en base a buenas prácticas ambientales para reducir o neutralizar las emisiones de gases de efecto invernadero.
Con estas mediciones en la mano, las bodegas en un primer lugar optan por minimizar sus emisiones y a la vez saber cómo compensar este impacto a partir de prácticas ambientales como la extensión de superficies verdes.

 

Huella hídrica. Así se conoce a la medición en el consumo de agua dentro de los procesos productivos. Según datos de organizaciones especializadas, elaborar una botella de vino puede demandar hasta setenta litros de agua. Esto implica el proceso completo y lomas curioso es que, por ejemplo, el riego es el menor impacto. A partir de esto las bodegas implementan procesos de reciclado en los casos que se puede lograr una reutilización del recurso mientras buscan desperdicios.

 

Insumos sustentables. La optimización de los recursos se inicia en el viñedo pero también a partir de las prácticas durante la transformación, en este caso la vinificación, embotellado y posterior distribución, son significativas para el producto final. Por esto mismo los insumos son vitales para el ciclo de vida del producto más aún de aquellos que definen la imagen de los vinos en góndola.
Ante esto las botellas siempre están en la mira ya que su producción tiene un fuerte impacto sobre el medio ambiente y muchas empresas ya impulsan la reutilización de envases. Mientras tanto las campañas contra los botellones de vidrio grueso crecen en el mundo. En respuesta, la industria del vidrio ya promociona sus envases ecológicos. En Argentina la empresa Verallia es líder en la producción de estas botellas que ya representan el 70% de sus ventas. En paralelo la empresa cuenta con un programa que promueve el reciclado de botellas ya que se trata de un recurso 100% reutilizable. Otros insumos que asumen el compromiso con el medio ambiente son el cartón reciclable, los corchos degradables y etiquetas con tintas naturales.

 

Viticultura orgánica. Las prácticas orgánicas fueron la punta de lanza de todas estas medidas. Si bien este tipo de viticultura principalmente apunta a disminuir el uso de químicos en el viñedo para reemplazarlos por productos naturales, se convirtió en caso testigo de cómo a partir de un trabajo consiente se logra optimizar el potencial de cada finca. Hoy son cada día más los viticultores que buscan aplicar estas medidas en sus viñedos, principalmente en las regiones donde el clima colabora al cultivo.

 

Fair Trade. El comercio justo es otra de prácticas que comienza a tomar fuerza en la industria local del vino. Popular y celebrado en otras latitudes el Fair Trade tiene como finalidad mantener a los productores más pequeños y vulnerables dentro de la industria. Es para esto que se promueve una cadena de salario justo, un entorno laboral adecuado, integración y compromiso social y concientización en materia medioambiental.