Viejo Mundo versus Nuevo Mundo

Unos son la historia viva del vino, otros el futuro. Qué diferencias tener presentes entre estos vinos.

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Por Alejandro Iglesias

 

Si bien fueron los europeos los encargados de delinear el mapa del vino durante los últimos siglos, hoy el mercado evoluciona hacia diferentes horizontes y todos los productores son protagonistas. Sin embargo existen algunas diferencias que hacen a la esencia de cada origen y más alla de las tendencias cada bloque se mantiene fiel a éstas. Son aspectos que todo consumidor debe saber a la hora de elegir un vino ante la góndola si se trata de un importado.

 

Varietales vs Blends. Los productores europeos siempre apostaron en primer lugar a los vinos de corte. Y esto no es un capricho sino que por su parte no buscan enaltecer la expresión varietal o la mano del enólogo sino la del origen, aquello que denominan terroir. Es por esto que al recorrer la vitivinicultura europea se observará que cada región cuenta con una cepa protagónica pero generalmente acompañada de otras en el corte. Y aquí es donde el vino del viejo mundo demanda conocimiento por parte del consumidor ya que detrás de cada región hay una expresión y un estilo. No es lo mismo beber un tinto de Burdeos, Ródano o Borgoña, cada uno tiene su identidad y expresión y para entender esto es necesario manejar algunas nociones básicas de la vitivinicultura, por ejemplo, que en Borgoña los blancos son de Chardonnay y los tintos de Pinot Noir.

 

Por su parte, la estrategia de los productores de los países más “jóvenes” es promover los vinos varietales. Fue así que pudieron demostrar las aptitudes y calidades de sus terruños para la elaboración de grandes vinos: exaltar una nueva expresión varietal. A medida que cada país identificó qué varietales daban mejores resultados los transformaron en sus embajadores: California lo hizo con Zinfandel, Cabernet Sauvignon y Chardonnay; Chile con Carmenere; Australia con Shiraz; Nueva Zelanda con Sauvignon Blanc y Argentina con Malbec. No solo popularizaron una nueva expresión detrás de estas cepas sino que además lograron posicionarse como los referentes de su estilo y sabor.

 

Imagen clásica o moderna. Quizás una de las tendencias que se impone en el viejo continente es la de desarrollar etiquetas similares a las de los vinos del nuevo mundo. Es decir, etiquetas coloridas y transgresoras que no solo expresan cosecha y origen sino también varietal o la composición del vino, algo que antes no era común entre los vinos europeos. Pero más allá de las modas en Europa las etiquetas conservan el perfil tradicional. En Francia, por ejemplo, generalmente se valen de la imagen del “chateau” o los viñedos junto al nombre del productor y la denominación de origen. Si uno quiere saber que va a comprar debe, al menos, saber sobre la zona o el perfil del productor. En España e Italia el caso es similar, incluso algunas regiones se caracterizan por el diseño de etiquetas, la tipografía utilizada e incluso el formato de sus botellas. Mientras, el nuevo mundo acude a herramientas de marketing que por un lado buscan transmitir un carácter actual y fácil de comprender para el consumidor con diseños y colores que siempre llaman la atención. En resumidas cuentas se puede decir que el nuevo mundo apunta a una imagen moderna con información y detalles y en el viejo continente la tradición es la que manda.

 

Terroir o consumidor. Esta es una discusión que se originó en el mercado ante el avance de los productores modernos. La clave radica en que la vitivinicultura europea se rige por normas, conocidas como denominaciones de origen, que regulan la producción en cada región. El objetivo de esta legislación es proteger el origen y el patrimonio vitivinícola de las adulteraciones. Por esto mismo solo los vinos elaborados dentro de las fronteras establecidas por estas normas pueden mencionar origen. Por su parte en el nuevo mundo el foco siempre estuvo en brindar al consumidor el mejor producto al precio más justo, ese fue el argumento para avanzar en las góndolas. De modo que el consumidor no paga de por un origen o una denominación y la clave principal no es proteger al productor sino a quién paga y consume la botella.

 

Derribando mitos. Ahora bien, todas estas diferencias son cada día menos obvias. Así como desde el viejo continente se formó e influenció a las regiones vitivinícolas emergentes hoy las cosas parecen ser a la inversa. Cada día los vinos del viejo mundo se acercan más al new world style tanto en imagen como en sabores. Además los productores europeos se convencieron que era momento de sumar más información y detalles a sus etiquetas así como también flexibilizar sus legislaciones a fin de dar con resultados más competitivos. Por lo tanto estas divisiones parecen tener los días contados en cuanto a estilos o posturas, solo la geografía las mantendrá vigentes mientras enólogos y winemakers, de uno y otro bando, trabajan codo a codo en pos de lograr mejores vinos cada día.