Sangiovese, el corazón de Italia

Militante entre las cepas curiosas que ofrece la góndola, la Sangiovese es un gusto familiar para los argentinos.

Compartir la nota





Hasta hace dos décadas, los argentinos disfrutabamos de los vinos elaborados con Sangiovese casi sin saberlo. Antes del auge de los varietales, esta cepa, corazón de algunos de los vinos italianos más famosos, formaba parte de muchos cortes clásicos argentinos donde aportaba un toque especiado y refrescante. Sin embargo el cambio de siglo no jugó a su favor. La fiebre del Malbec afectó algunos de sus viñedos más longevos hasta reducir su superficie en un 40% durante la última década. Hoy sus plantas solo ocupan 1850 hectáreas de norte a sur del país. Por suerte, existe un grupo de productores que resisten estóicos en defensa de su sabor e identidad.

Entre estos fundamenalistas del Sangiovese está la bodega Benvenuto e la Serna con su Mil Piedras Sangiovese 2015, un tinto ligero y versátil que nuestro socios disfrutarán con la selección Febrero 2016 de Bonvivir. Conozcamos un poco más de esta cepa milenaria.

Reina itálica. En el país con forma de bota, la Sangiovese es una de las cepas ícono de su vitivinicultura. De las 71.000 hectáreas que cubre a nivel global, el 65% se cultiva en geografía italiana gracias al buen poder de adaptación que presenta ante diferentes terruños. Los vinos más reconocidos que la tienen como protagonista son los de Chianti y Brunello di Montalcino. En estas dos Denominaciones de Origen se logran vinos jugosos, complejos y con gran potencial de guarda que forman parte del ADN de la industria vínica de Toscana.

Este rol portagónico en los vinos de Chianti, los italianos más populares fuera del país, la llevó a trascender las fronteras de la mano de millones de inmigrantes italianos que poblaron el mundo durante el siglo pasado. Así llegó a Estados Unidos, Chile, Australia y Argentina.

Cómo son sus vinos. Generalmente, la Sangiovese es una uva versatil que se destaca por su rápida adaptación a diferentes climas y terruños. Pero sus mejores vinos se producen en regiones cálidas y soleadas. En este tipo de habitat se pueden obtener desde vinos simples, fáciles de beber y con un marcado perfil frutal (frutos rojos y bayas) o los más complejos con carácter terroso, aromas de hongos, cuero y rosas. Por lo tanto hay quienes definen a de sus vinos como rústicos aunque siempre se destaca su paladar redondo y jugoso.

Su buen potencial de añejamiento se debe a que siempre ofrece buena estructura tánica y acidez vibrante, dos factores que encuentran equilibrio de la mano de una textura grasa y envolvente. Por todo esto, es una cepa clásica de la cocina mediterránea y se complementa de maravilla con carnes y pastas y salsas frescas como fileto, o con la simpleza de una hojas de albaca salteadas con ajo y tomate fresco.  

En Argentina. A nuestro país llegó de la mano de los inmigrantes que se asentaron en Mendoza. En muy poco tiempo estas plantas comenzaron a brindar la fruta ideal para la elaboración de grandes vinos y sus buenos rendimientos la consagraron entre las preferidas de los productores del Este mendocino. Es por esto que, entre los que aun la producen se encuentran varias bodegas y familias históricas como Escorihuela Gascón, Benegas y La Rural junto a nuevas generaciones que comienzan a mirarla con cariño.

De las 5000 hectáreas que supo tener a mediados del siglo pasado solo quedan 1850 que se reparten en el Este, Maipú, Luján de Cuyo y Valle de Uco. En Mendoza supo ser utilizada para aportar sabor y estilo a muchos cortes clásicos mientras que como varietal siempre da tintos de buen caudal frutal, cuerpo medio y paladar sabroso. Su clave es la facilidad con la que se adapta a la gastronomía local y esto siempre le asegura un lugar en los viñedos argentinos.