La importancia del origen

La procedencia de las uvas gana relevancia en el ámbito local y marcan un nuevo rumbo para la industria.

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Las Denominaciones de Origen (D.O.) e Indicaciones Geográficas (I.G.) ocupan un lugar de relevancia en la agenda de la industria vínica argentina. Mientras ciertas zonas redefinen el gusto del vino argentino, bodegas y winemakers trazan un nuevo mapa para proteger el origen de las uvas más preciadas. De este modo microrregiones como Altamira, Gualtallary, Yacochuya y  Mainqué junto a las tradicionales Agrelo y Perdriel ganan protagonismo y a la vez generan polémicas. Hoy te contamos por qué las I.G. son la nueva preocupación de la industria.

 

¿Qué es una Indicación Geográfica? En el ámbito vitivinícola, cuando una región produce vinos con características, sensoriales y de calidad, diferenciales atribuibles al origen es común que los bodegueros y productores busquen el modo de proteger sus productos.

 

Pero esto no es tan simple, para dar origen a una I.G. primero se debe desarrollar estudios que comprueben científicamente cuáles son las características diferenciales del lugar y qué las produce. Estos estudios abordan todos los aspectos técnicos de la región que puedan condicionar el cultivo de la vid o afectar su producción, por ejemplo: origen y formación geológica de los suelos, fertilidad y profundidad, homogeneidad del cultivo, clima, el origen del agua utilizada en la región y aspectos históricos de influencia en el área. Recién con estos resultados en la mano se puede proceder a la delimitación de la I.G. y sólo se considerarán parte de ella aquellas zonas con iguales características técnicas.

 

Una vez concedida la I.G. solo podrán utilizar el nombre de la región protegida los vinos elaborados con uvas procedentes exclusivamente del área delimitada. De este modo, cada vez que un consumidor elija una botella procedente de dicha región se estará asegurando un vino con determinados atributos y calidad.

 

La hora del origen. Hasta hace cinco años la industria no prestaba mayor atención al origen. El protagonismo se lo llevaban las variedades, principalmente el Malbec, mientras que los consumidores se preocupaban por el productor o winemaker a cargo de sus vinos preferidos.

 

Pero esto comenzó a cambiar a medida que la industria descubrió que cada región ofrecía vinos diferentes y que aún al tratarse de Malbec no era lo mismo uno de Agrelo que otro de Pedriel por más que ambos se producen dentro de Luján de Cuyo. Estos avances permitieron avances notables en la calidad y expresión de los vinos locales que comenzaron a demostrar identidad y diversidad.

 

Entonces los vinos comenzaron a identificarse de acuerdo a su origen. Primero aparecieron los de ciertas zonas, por ejemplo Valle de Uco en Mendoza o Cafayate en Salta, hasta que las microrregiones como Altamira, Gualtallary o Yacochuya comenzaron a ganar protagonismo. Fue entonces el auge de los single vineyard, los vinos de parcela y finalmente los vinos de finca. Hoy cuanto más específico es el origen el consumidor se siente más atraído y seguro que va a descorchar un vino único que le ofrecerá una experiencia irrepetible.

 

Mientras tanto algunos winemakers aseguran que lentamente el origen le ganará la pulseada al varietalismo del mismo modo que sucede en el viejo continente. Así algunos microterruños se ubicaran por encima de otros por carácter y calidad dando lugar a una categorización similar a la francesa de cru y grand cru.

 

El Malbec como parámetro. Es lógico que la variedad elegida por los enólogos para demostrar las características de cada región sea el Malbec. Es la cepa más cultivada y conocida por el consumidor. Durante el último año muchas bodegas lanzaron al mercado varietales procedentes de diferentes zonas del país a fin de demostrar el carácter que cada terruño imprime a la cepa. Incluso algunos vinos íconos dieron origen a más de una etiqueta de acuerdo a la cantidad de componentes que su hacedor utiliza en corte final. Es así que ya se pude comprobar que las características de un Malbec salteño son diferentes a las de uno patagónico mientras que en Mendoza el Valle de Uco se muestra como un verdadero mosaico de estilos.

 

Paraje Altamira, un ejemplo para entender. En nuestro país existen a la fecha 195 IG, como es de esperarse no todas gozan de la misma reputación ni popularidad.

 

Para poner un ejemplo, se puede usar lo que sucede en Europa: a muchos llama la atención el vino francés pero más expectativas genera uno elaborado en Pomerol (Burdeos) o en Chablis (Borgoña) que uno de Languedoc. Con años de historia los vinos de Pomerol y Chablis lograron ubicarse entre la elite mundial por su estilo y calidad, esto mismo comienza a suceder con los vinos de algunas regiones mendocinas como Altamira, un porción de La Consulta cuyos vinos en otras épocas llegaban al mercado como Valle de Uco o Mendoza .

 

Pero más de un vino demostró que este rincón de la montaña imprime un estilo único que se destaca sobre otros y de ahí que los productores se reunieron a fin de poner en valor la región y sus vinos. Es por esto que defender los límites de una IG o el derecho de formar parte es una nueva preocupación para las bodegas argentinas.

 

Fue en 2013 que un grupo de bodegas logró la aprobación de los estudios para delimitar allí un área de 4500 hectáreas. La región, emplazada sobre el cono aluvional del río Tunuyán, no tardó en proyectarse al mundo y la sola mención de Altamira se convirtió en un aseguro de calidad que solo podía obtenerse a partir de 80 viñedos. Pero según otros productores vecinos la delimitación debía abarcar unas 9300 hectáreas y por esto presentaron sus reclamos al Instituto Nacional de Vitivinicultura. Tras dos años de pujas y reclamos finalmente el INV accedió a la ampliación ya que los estudios presentados por los demandantes demuestran que las 4800 hectáreas que hoy se suman ofrecen características similares a las consideradas en la delimitación original. Sin embargo y a pesar que la superficie de Paraje Altamira se duplicó aún están quienes reclaman que los límites deberían ser otros. Como ya se dijo alguna vez, pertenecer tiene sus privilegios.