La otra historia del Malbec

Momentos históricos del Malbec antes de arribar a los viñedos argentinos.

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Siempre que hablamos de la historia del  Malbec comenzamos con su llegada a nuestro país en 1853. Sin embargo, hay mucho más para contar del varietal insignia de la vitivinicultura argentina. Descubrí algunos datos curiosos de su historia mucho antes que Pouguet la plantara en Mendoza.

 

De nombres y linaje. Según estudios realizados por ampelógrafos experto de Montpellier, el Malbec es un cruzamiento entre la cepa Magdeleine Noire des Charentes y Prunelard. Incluso se la emparenta con varias cepas cultivadas en Portugal y Galicia mientras que se le conoce un centenar de sinónimos. Entre estos los más populares están Cot y Auxerrois.

 

Raíz húngara. Los nombres de las cepas responde a diferentes orígenes. Para el caso del Malbec no hay aún una historia oficial. Entre las tantas hipótesis que se manejan la que tiene más sustento en cuanto al cambio de Cot a Malbec tiene como protagonista a un viverista húngaro que durante el siglo XIX comercializaba sus vides en Burdeos. El apellido de este experto de la botánica era Malbeck y al parecer su especialidad era las estacas de Cot. Incluso, durante muchos años fue su apellido el modo en que se denomino a la variedad.

 

Una familia con poder. Dentro del reino de las cepas viníferas existen varios grupos. Están las aromáticas, las de ciclo corto, las de buen rendimiento y muchas formas más de agruparlas. El Malbec, por ejemplo, pertenece al grupo de las COT, cepas con alto poder colorante junto al Tannat. Fue esta condición la que le permitió extenderse por algunas de la regiones más importantes de Europa de la mano de los romanos. Básicamente por que sus uvas permitían elaborar vinos intensos y sus rendimientos siempre eran buenos.

 

Italiano o alemán. Varios estudios indican que el origen más remoto del Malbec es Italia y que desde allí los romanos las llevaron a la Gallia durante su expansión en actual suelo francés. Pero otros estudios, bastante recientes, indican que una conocida como Cot era muy cultivada en las orillas del río Rhin y habría sido desde allí que comenzó su expansión.

 

Su primer auge comercial. La expansión del Cot en suelo francés durante el siglo I en la Gallia y alrededores consolidó una incipiente industria vitivinícola. Aquellos vinos no tardaron en ser comercializados con éxito a diferentes puntos del Imperio Romano. Incluso se puede decir que fue de los primeros vinos en gozar de prestigio internacional.

 

Cahors, su primer hogar. Fue en el sudoeste francés donde primero se especializaron en la elaboración de vinos a partir de las uvas Cot. Sería en Quercy, un región vecina a los Pirineos que años más tarde formaría parte de la comuna de Cahors, cuna histórica del Malbec.

 

Vino de Reyes. En 1152, el casamiento entre Leonor de Aquitania y Enrique Plantagenet, futuro rey de Inglaterra, le daría al Malbec una oportunidad histórica. Esta unión logró aceitar las relaciones comerciales entre franceses y británicos, de modo que los vinos de Cahors, uno de los dominios bajo el control de Leonor de Aquitania, se popularizaron entre los miembros de la monarquía europea.

 

Los vinos negros. Fue el Rey Enrique III quien bautizaría al resultado obtenido con las uvas de Malbec como “los vinos negros de Cahors” en el siglo XIV. Este monarca se declararía un confeso amante de estos vinos, una simpatía que le valdría años de prosperidad hasta que la Guerra de los Cien Años pondría en jaque el comercio de los vinos franceses con otras potencias de la época.

 

A la conquista del mundo. Bajo los reinados de Luis XIV y Luis XV Francia se convirtió en la principal potencia mundial. Fue entonces, durante los siglos XVII y XVIII, que en el país galo se realizaron muchas inversiones en infraestructura que permitieron una mejora de los vinos de Cahors y también un mejor trafico al mundo. Así, su botellas llegaría a toda Europa e incluso a Estados Unidos.

 

De Rusia con amor. Durante el siglo XVIII los vinos Malbec sedujeron al zar Pedro El Grande, quien los prefería por que al parecer lo ayudaban a aliviar sus ulceras. Fue por esto mismo que fomentó el cultivo de la variedad en Crimea donde aun hoy existen antiguas cepas de Malbec.