Vinos minerales

Todo parecía permitido a la hora de hablar de vinos pero ahora una piedrita en el zapato de los catadores.

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Alejandro Iglesias

 

Todos los vinos estimulan sentidos. Alguno lo hacen mejor que otros, con más intensidad y nitidez. Gracias a esto podemos comunicar nuestra apreciación y arribar así a conclusiones respecto a la calidad, la tipicidad varietal y hasta el origen. Por ejemplo, los aromas a violeta son característicos del Malbec mientras que los de ají morrón en los tintos se atribuyen a los climas cálidos y como ejemplo podemos mencionar a los Cabernet salteños. Y así a cada cepa, región y método de elaboración corresponde a un perfil sensorial.

 

Incluso, la necesidad de decodificar las catas profesionales por parte de los consumidores llevan a que cada vez se utilicen más descriptores cotidianos que llegan a horrorizar a los académicos. Pero como sirven al consumidor de a pie para comprender que hay en la botella que esta a punto de descorchar ya pocos se quejan.

 

Sin embargo, cuando todo parecía permitido un término disparó la polémica. En boca de todos, de modo gráfico y literal, la “mineralidad” como descriptor aromático y gustativo se convirtió en blanco de críticas y fanatismo. Veamos por qué.

 

De que hablamos cuando hablamos de mineralidad. En primer lugarhabría que diferenciar si se hace referencia a la composición del suelo del viñedo o si al gusto del vino. Como es sabido, cada mineral, sustrato y compuesto presente en los suelos del viñedo define el carácter y estilo del vino. Pero no por si solo sino como parte del terroir que se compone de clima, mano del hombre y las cepas cultivadas. Esa composición del suelo define por ejemplo el modo de alimentación de las platas, algunos suelos retienen más agua que otros, al modo de concentrar temperatura y otros aspectos del vigor y crecimiento. De aquí que se de tanta importancia a los porcentajes de arenas, limo y piedras presentes en un viñedo así como su origen y ubicación.

 

Por ejemplo, los suelos calcáreos son para muchos los que mejor resultado dan a la hora de elaborar vinos de acidez marcada y frescura por que son los más permeables y por lo tanto retienen poco agua. Mientras que los suelos más pesados aseguran más caudal y estructura en boca. Pero como ya dijimos, por si solos los suelos no definen al vino, hay que considerar el resto de los factores del terroir.

 

Ahora, si queremos abordar la mineralidad en el vino es donde comienza la polémica. Básicamente por que algunos sostienen que la composición del suelo puede apreciarse en el vino de modo casi directo y otros insisten en que influyen pero no necesariamente en el sabor o aromas. No siempre un vino elaborado con uvas que crecen en suelos con abundante presencia de carbonato de calcio tendrán aroma o sabor calcáreo.

 

Entonces, ¿cuándo hablamos de mineralidad? Aromáticamente se cita esta expresión en aquellos vinos con notas que recuerdan a las rocas húmedas, cemento fresco, yesca, pedernal, asfalto o fósforo. Aromas muy vinculados a  variedades como Riesling, Chardonnay y Gewürztraminer pero también a ciertos terroir como Valle de Loire y Chablis en Francia. También estos aromas pueden proceder de la vinificación, crianza o almacenamiento.

 

Mientras tanto en paladar la mineralidad se menciona en vinos ligero, frescos y lineales, es decir, aquellos de cuerpo moderado y acidez marcada, tanto se trate de blancos como tintos.

 

Pero atención, los estudios y debates continúan y todos están dispuestos a mantener su posición. Mientras tanto, lo ideal es que cada consumidor y catador sienta la libertad de utilizar aquellos descriptores que mejor ayuden a comunicar su apreciación del vino.