ABC: Cuánto importa la añada

Un viejo refrán insiste que “hablar de años solo importa cuando se habla de un queso o un vino” y cualquier enófilo sabe que esto es cierto. Comprendamos que debemos considerar el año impreso en la etiqueta.

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Hablar de edad en el mundo del vino puede hacer referencia al año de cosecha que figura en la etiqueta o al tiempo de vida que llevar la bebida dentro de la botella.

 

De todos modos es la añada del vino la referencia que tomaremos en ambos casos. Ese registro además no da certezas de la calidad y potencial del mismo de acuerdo a las características de la vendimia.

 

Cada añada da vida a vinos diferentes aún en un mismo viñedo. Básicamente son los factores climáticos del año (lluvias, insolación, heladas, sequía, etc…) los responsables y principalmente los que tienen lugar entre la floración y la recolección de los frutos. También pueden influenciar aquellos fenómenos que hayan podido afectar a las plantas uno o hasta dos años antes, según cuanto tiempo necesiten las plantas para recuperarse.

 

La añada. Este dato siempre expresa el año de elaboración y coincide con el de recolección de los frutos. Como ya mencionamos cada año es único e irrepetible y por eso es importante tener información de la calidad de la cosecha. Un cosecha buena es aquella en la que todos los factores se alinean para obtener frutos de calidad excepcional mientras que un mal año significa lo contrario. Por esto mismo es que en cada país y región existen registros de cosecha que las instituciones vitivinícolas confeccionan a la hora de finalizar la vendimia. Estos documentos permiten comprender qué sucedió durante el ciclo de maduración de los frutos y así conocer qué clase de vinos se pueden esperar de un año en particular.

 

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¿Siempre nos debe importar el año? Un vino elaborado en un gran año siempre tendrá mejor potencial que uno obtenido de una mala cosecha, esto es obvio. Sin embargo el dato puede no ser relevante cuando estamos ante etiquetas de consumo cotidiano o segmentos cuyos vinos se beberán dentro del año de embotellados. Ahora si buscamos vinos añejos o bien botellas para atesorar en la cava o guardar para alguna ocasión especial es importante saber las características de la vendimia ya que el potencial de guarda está directamente relacionado a la añada. Por ejemplo, un vino producido en un año muy cálido tendrá el vigor suficiente para envejecer sanamente pero también puede que tenga bajos niveles de acidez y alto alcohol y esto puede dar lugar a una evolución poco interesante. Ahora, en una añada fresca el vino tendrá mayor nivel de acidez producto de una maduración lenta lo que debería asegurar una mejor guarda y un vino más fresco.

 

En algunas zonas importa más que en otras. Si bien la cosecha es siempre un dato importante y conocer los pormenores del años sirven para imaginar qué vino estamos comprando, en algunas regiones es más relevante que en otras. Por ejemplo, en Francia. En el país que delineó el mundo del vino tal como lo conocemos el clima es irregular en las regiones vitícolas. Así como un año pueden lograr la cosecha perfecta al otro año pueden enfrentar un año para el olvido. Condición que les permite elaborar los mejores vinos un año y al otro alcanzar a los arañazos un aprobado. Entre los factores que siempre los tienen expectantes están las lluvias y temperaturas. Estas regiones tienen altos niveles de precipitaciones y en años que llueve por encima de la media se complica la vendimia mientras que pueden tener vendimias frías o muy calurosas. Entre las regiones más sensibles a las cosechas se encuentran Burdeos, Borgoña y Champagne en Francia, Porto en Portugal, Piamonte y Toscana en Italia y en España, Rioja y Ribera del Duero. Cada uno de estos orígenes en un buen año dan vida no solo vino de gran calidad sino también a los más costosos. Sin embargo en el nuevo mundo la calidad de las cosechas suelen ser más regulares, con años mejores que otro pero no tan determinantes. Por esto mismo la añada aún no es un factor que altere dramáticamente los precios de los vinos.

 

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No siempre una mala cosecha significa mala calidad. Hablar de un mal año suele estar relacionado a las condiciones meteorológicas que afectaron a los viñedos. Pero estos fenómenos naturales no solo alteran la calidad sino que a veces afectan los rendimientos ya sea por corrimiento, heladas tardías o calor excesivo. En estos casos la calidad puede ser excelente, para el caso vale recordar la cosecha 2016 de Argentina: lluviosa y muy fría. Este combo puso en juego la marcha de la vendimia y se tradujo en perdidas importantes pero a fin de cuentas lo que se llegó a recolectar fue de una calidad soñada. Pero nadie va a olvidar tampoco que la disponibilidad de fruta fue muy baja y eso afectó los valores del mercado y a la industria.

 

Escapar a un mal año. Los incidentes climáticos que afectan la vendimia suelen focalizarse en algunas regiones más que en otras. Por ejemplo, si en Mendoza se habla de un mal año hay que averiguar cuáles fueron las zonas más afectadas por que además en el resto del país la calidad puede que se mantenga intacta, o viceversa. Para resguardarse de estos problemas las bodega muchas veces diseminan sus viñedos en diferentes zonas con la finalidad de asegurarse uva. Lógicamente aquellos productores que solo trabajan con uvas de regiones especificas no tienen esta ventaja por que lo deben reforzar los trabajos en los viñedos para que sus frutos sean afectados en la menor medida posible.

 

El tiempo que todo lo cura. Aún cuando se tiene certeza que la cosecha no fue buena vale la pena dar una segunda oportunidad a los vinos. En muchas oportunidades aquellos vinos elaborados con uvas cosechadas en años terribles logran una buena evolución con el tiempo y dan lugar a grandes vinos. Como si fuera poco, en los países donde la añada afecta el valor del vino aquellos producidos en los peores años suelen ser más económicos pudiéndose convertir en una gran inversión a futuro.

 

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Vinos de años excepcionales. Todas las bodegas suelen tener sus vinos íconos. Botellas que contienen lo mejor de su producción y que se convierten en verdaderos tesoros con el tiempo. La producción limitada de estos vinos y la alta demanda generan escasez lo que conlleva un alza de los valores. Se trata de vinos que demandan condiciones optimas y en los años que estas condiciones no se alcanzan pueden dejarse de producir, por ejemplo, como sucede con los Champagne millésime.

 

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No siempre una mala cosecha significa mala calidad.