Cabernet Franc, el nuevo clásico argentino

El auge de este varietal originario de Burdeos en el mercado argentino no se detiene y ya se proyecta con éxito en los mercados internacionales.

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Hace diez años pocos imaginaban que el Cabernet Franc podría convertirse en una cepa tan representativa de la vitivinicultura argentina como lo es hoy. Por aquellos días la mayoría de las apuestas a la hora de pronosticar qué cepa seguiría el camino éxitos del Malbec recaían sobre la Bonarda, uva de la que hoy pocas novedades llegan al mercado. Sin embargo, en materia de Franc las bodegas todos los años redoblan la apuesta con nuevos varietales y cortes gracias a que la cepa demostró insuperables atributos al momento de combinarse con otras uvas.

 

El boom del Franc. En nuestro país esta cepa oriunda de Burdeos y padre del Cabernet Sauvignon se cultiva desde hace décadas aunque muchos destacan que fue a mediados de la década de 1990 que llegó el material genético que ayudó a mejorar los viñedos y en consecuencia dar vida a los vinos que celebramos hoy. Fue por aquellos años que estas nuevas plantas comenzaron a cubrir hectáreas de Mendoza, particularmente en Luján de Cuyo y Valle de Uco para llegar más tarde a Patagonia, Noroeste y resto de Cuyo.

 

Pero no sería hasta comienzos del dos mil que aparecerían los primeros varietales en le mercado. Aunque opacados por el auge del Malbec, un buen número de consumidores curiosos prestaron atención a estas etiquetas que ofrecían un expresión novedosa para el paladar local mientras que muchos tintos de corte histórico cambiarían su recetas y darían paso a este tinto que siempre aporta una cuota de elegancia al blend final.

 

De este modo la uva continuó adaptándose al sol cuyano y a los suelos rocosos de montaña mientras que cada vez más enólogos le prestaban atención y adoptaban en sus bodegas. Ya a partir de 2010 las etiquetas que ostentaban el nombre de este varietal comenzaron a ganar notoriedad entre los consumidores por su perfil herbal y especiado con buena carga frutal y un paladar tenso y jugoso, casi un intermedio entre Cabernet Sauvignon y Malbec. De algún modo el Cabernet Franc se las rebuscó para ganar terreno no solo entre los enólogos y consumidores locales sino también ante los paladares internacionales que comenzaron a dar altos puntajes a estas nuevas etiquetas.

 

Para 2012 ya eran una veintena los varietales mientras que los blend con Malbec comenzaban a instalarse como una nueva tendencia que se consolidaría con el tiempo. No era para menos, estas dos variedades juntas se complementan de manera muy especial, sin opacarse y siempre intensificándose la una con la otra en un equilibrio tan curioso como sabroso.

 

Hoy cuesta definir con precisión cuántas etiquetas elaboradas 100% con Cabernet Franc hay en el país, básicamente por que ya se lo elabora en la mayoría de las regiones vitícolas con resultados siempre sorprendentes. De todos modos despierta curiosidad que su cultivo, que logró duplicarse durante la última década, a penas cubra 915 hectáreas en todo el país.

 

ADN del Franc. Como mencionamos la cepa proviene de Burdeos donde forma parte de los corte de Medoc pero también se luce en Saint Emilion donde dominan los assamblage. Allí su expresión es mucho más herbal y hasta vegetal en algunos casos mientras que en boca aporta una acidez elevada, casi incisiva. Pero en Argentina encuentra otro punto de equilibrio. Debido a los climas secos y calurosos el Cabernet Franc alcanza una madurez diferente a la europea con aromas de frutos negros y hierbas silvestres, dejos de frutos rojos y paladar redondo y jugoso de frescura herbal.

 

Pero otro punto importante para los winemakers son los suelos donde se lo cultiva, especialmente en la altura de Mendoza. Los casos más emblemáticos provienen en general de Tupungato y en particular de Gualtallary donde los viñedos se ubican entre los 1200 y 1450 metros de altura. Allí el clima moderado a fresco acompasa la maduración y permite cumplir el ciclo sin perder acidez, atributo diferencial de esta uva tinta de ciclo largo. Mientras que los suelos rocos y de perfil calcáreos se encuentran entre sus favoritos. De algúna manera el varietal logra una expresión más compleja y vibrante en estos viñedos por efecto del carbonato de calcio que le define unos taninos firmes de grano fino que se pueden definir hasta como polvorientos en final de boca. Éstos generan un efecto contraste que realza la frescura sin perder vigor en boca, un combo fenomenal.

 

benegas-estate-wines-cabernet-franc-2015-125x471Dos estilos para conocerlo mejor. En las selecciones de diciembre de Club BONVIVIR hemos incorporado dos vinos que permiten comprender la historia y actualidad de la variedad en nuestro país.

 

Por un lado, en la Selección exclusiva Benegas Estate Cabernet Franc 2015 es el encargado de brindar un vino de estilo tradicional elaborado por una de las primeras bodegas en apostar a esta uva. Proveniente de Maipú, este tinto nace en un viñedo plantado en 1888 por Tiburcio Benegas, prócer de la viticultura argentina. De acuerdo a sus descendientes, en este viñedo la cepa está presente desde hace varias décadas salvo que en los últimos tiempos se puso foco sobre ella. El resultado final es un vino elegante y complejo de perfil sobrio, balsámico y herbal con medio de boca jugoso y expresivo. Ideal para paladares conservadores pero también para quienes gustan de las delicadezas. Un dato adicional para considerar es que Benegas es una bodega especializada en vinos de guarda y sus Cabernet Franc, en especial su Benegas Lynch Single Vineyard, siempre aseguran una evolución prolija y sana que da lugar a vinos incunables.

 

 

Mientras tanto, la Selección Alta Gama cuenta con un exponente fuera de serie, Riglos Gran Cabernet Franc 2015, tinto con perfil de altura que ofrece un estilo diferente y moderno. En este caso hay que destacar que no solo el varietal es un valor agregado de la etiqueta sino también su origen: Gualtallary.

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Al igual que el Franc es una de las nuevas maravillas de la vitivinicultura argentina, esta subregión del Valle de Uco desde hace años seduce consumidores por sus vinos profundos, expresivos y frescos entre los que se lucen los elaborados con este varietal. Gracias a una altura de 1350 metros sobre el nivel del mar y los suelos pedregosos donde se encuentran preciados depósitos calcáreos, esta cepa nos permite saborear un vino complejo y sofisticado con paladar jugoso, refrescante y de largo final. Entre sus aromas se aprecia un trazo herbal profundo y sostenido que transita entre el mentolado y el eucalipto para luego dar lugar a los frutos negros frescos con tonos ahumados delicados. Un vino que sin dudas aun tiene en largo camino por recorrer en la botella para alcanzar su mejor versión.

 

 

 

 

 

 

 

 

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