Primavera en el viñedo

Con la llegada de la primavera, la vid inicia uno de sus ciclos más activos. Veamos que sucede en los viñedos a partir de septiembre.

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La primavera es para muchos el momento más inspirador del año y no solo para el mundo de la botánica. Su clima agradable tiene el poder de entusiasmarnos a comenzar las rutinas al aire libre para disfrutar de los primeros calores del año y de una naturaleza en plena actividad. Se hace imposible no detenerse a contemplar como los arboles y las flores comienzan a dominar el paisaje con sus follajes y colores, una postal que en tiempos de selfies se convierte en un lujo al alcance de la mano para todos.

Ahora bien, si estuviésemos en una zona de viñedos sin dudas dedicaríamos miles de capturas a los cambios que las vides regalan día a día ya que es la época que concentra la brotación y floración además de muchas tareas en la finca. Veamos cuales son estos momentos.

 

 

Las lágrimas de la vid. El momento que marca el inicio de la actividad en las plantas es a la vez uno de lo mas románticos del viñedo y recibe el nombre de lloro. ¿por qué este nombre? Por que los extremos leñosos de las plantas comienzan a mostrar pequeñas gotas en forma de lágrimas. Esto se debe a que la temperatura ambiente comienza a estabilizarse en los 10 grados y la planta retoma su actividad luego del letargo invernal. Con esto se reactiva el metabolismo de la vid y la circulación de savia. A esto continuará la aparición de las primeras yemas y días más tarde comenzará la brotación.

 

 

Brotación. Con la aparición de los primeros brotes se da por comenzado un nuevo ciclo de la vid y con éste la nueva cosecha. Este proceso se da a partir de septiembre en Argentina y dependerá de las condiciones climáticas del año o los efectos del viento Zonda el momento preciso en que se desarrollen los primeros verdes y hojas. Hasta aquí la planta básicamente consume sus reservas mientras comienza a alimentarse nuevamente para generar las reservas necesarios para afrontar una nueva campaña que culminará con la vendimia.

 

 

Foliación. Comienzan a verse las primeras partes verdes de la vid ya así se inician la transpiración, respiración y fotosíntesis, tres funciones claves para la supervivencia de las plantas. No olvidemos que en las hojas se concentran las sustancias que a lo largo del ciclo vegetativo se convertirán en ácidos y azúcares de los frutos.

 

Floración. Es una de las instancias más hermosas y a la vez delicadas para la vid. Sus flores son realmente pequeñas y sensibles y de ellas dependerá la existencia de los frutos. Durante los días de la aparición de las primeras flores hasta su polinización gracias a la intervención de los insectos es muy importantes que no tengan lugar grandes conflictos climáticos ya que la pérdida de la floración desencadena la pérdida de frutos.

Una vez polinizadas, estas florcitas dan lugar al cuajado que es el momento en que comienzan a aparecer los grupos de minúsculas bayas verdes con forma de guisante que serán en unos meses las uvas. Se calcula que a partir de la floración serán entre cinco y seis meses los necesarios para levantar los frutos.

 

 

Las rosas del viñedo. Con la primavera también llaman la atención otras especies presentes en la viña e inevitables de fotografiar. Entre ellos se destacan los rosales y diferentes florales que se ubican en los extremos de los hilaras. Un rasgo que a simple vista embellece el paisaje pero que tiene una función mucho más importante.

Si bien mucho ha evolucionado la viticultura, los encargados de cuidar las viñas no escatiman en controles o bien recursos que permiten prevenir cualquier riesgo sobre las vides. Por ejemplo, entre los enemigos más importantes de la vid se encuentra el oídio, un hongo que puede estropear la producción de una vendimia sino se lo detiene a tiempo. Sensible ante este hongo las vides comienzan a mostrar manchas en sus hojas lo que indica que los daños están en curso. Ahora bien, existen otros cultivos más sensibles al oídio y que dan señales de su presencia antes que la vid, entre ellos los rosales. Por esto mismo, una costumbre de los viejos viticultores es plantar en los cabezales de las hileras estos florales que sirven de advertencia ante cualquier avance de enfermedades criptogámicas sobre el viñedo.

Hoy esa costumbre se mantiene viva en todas las regiones vitícolas del mundo como un tributo a la sabiduría de los antiguos custodios de los viñedos.