Descifrando etiquetas

Saber leer entre líneas las descripciones de los vinos o sus etiquetas es clave para disfrutar cada descorche. Hoy repasamos algunos aspectos para saber qué hay en la botella antes de abrirla.

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A la hora de elegir un vino no solo importa conocerlo sino también interpretar los mensajes que las etiquetas nos acercan. A continuación tres casos para descifrar qué nos quieren decir (o no) las bodegas. Términos y palabras clave que definen el sabor de cada sorbo.

 

La hora frutal. Cada vez son más los vinos que llegan al mercado con un definido perfil frutal. Una nueva tendencia que se aleja de los atributos del roble y la crianza para dar protagonismo al matiz primario de cada varietal y a la expresión de la región. Son vinos sin crianza o al menos con un breve paso por barricas de varios usos que colaboran a la oxigenación y redondeo de taninos y no a la concentración, estructura y aromas. Estos vinos, tintos o bancos, se recomienda beberlos durante su primer año en botella, es decir, jóvenes. Entre ellos se destacan los fermentados y criados en concreto o acero inoxidable mientras que la maceración carbónica se convierte en un recurso habitual. La buena aceptación de estos vinos lleva a cambiar la costumbre de ciertas bodegas que durante años engordaban sus porfolios en los segmentos Gran Reserva y alta gama en busca de prestigio mientras que hoy todos intentan satisfacer la demanda de vinos ligeros, fáciles de beber y simples.

 

Roble no es crianza. Para mucho consumidores, la simple mención de la palabra barrica supone status para el vino. Es, de alguna manera, un parámetro de calidad que marca el camino hacia los vinos de mayor prestigio. Basta observar cómo las bodegas segmentan su porfolio en Clásico, Reserva y Gran Reserva siendo el tiempo en barrica, la antigüedad, tipo y usos de la madera el diferencial.

Sin embargo, hay otras expresiones que suponen la presencia de roble sin necesariamente tratarse de crianza. Por ejemplo, Roble o su equivalente en inglés, Oak. Estas palabras en la etiqueta suelen asegurar sabor y aromas al roble pero no crianza. Además de las barricas, fudres o toneles, los enólogos tiene recursos alternativos como duelas, astillas o polvo de roble que se introducen en los tanques para que el vino extraiga de ellos un carácter maderoso.

La diferencia es que en estos casos el vino no es criado en roble ni se beneficia de la micro oxigenación paulatina que si permiten las paredes de las barricas. Por lo tanto, no confundir, si la etiqueta menciona el termino Reserva o Crianza hay certeza que el vino estuvo en barricas mientras que si solo menciona Roble no fue así aunque ofrecerá un perfil aromático similar, solo eso.

 

El mundo varietal. En los últimos tiempos, los argentinos aprendimos a beber vino de la mano de los varietales, es decir vinos elaborados con al menos un 85% de una variedad. De este modo descubrimos a qué sabe un Malbec y a qué un Cabernet Sauvignon. Incluso, con los años exploramos sabores y hasta comprendimos las diferencias entre un Cabernet Sauvignon y un Franc. Este camino de aprendizaje a base de descorches, permite agrupar las cepas por estilos e intensidad y al fin saber que si deseamos un vino ligero será debemos buscar entre los Pinot Noir o Bonarda mientras que si deseamos contundencia la encontraremos en un Petit Verdot o un Tannat. En los blancos la mayor frescura puede que nos la asegure un Sauvignon Blanc al tiempo que un Chardonnay será más complejo, intenso y amplio.

Pero las experiencia, también nos permitirá encontrar diferentes estilos aun en un mismo varietal, por ejemplo, cuando se trate de un Malbec no será lo mismo uno joven sin crianza que un Gran Reserva y otro añejado. Entonces vale no solo prestar atención a las etiquetas y origen sino también seguir explorando alternativas que nos permitan armar nuestra propia matriz de perfiles para cada vino.