Malbec, la cepa que desafía el destino

Desde el siglo XII, el Malbec ha sido protagonista de la historia del vino. Con luces y sombras este varietal representa uno de los éxitos más importantes de la vitivinicultura mundial. ¿Sabes cómo lo hizo?

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La historia del Malbec esta llena de curiosidades y una que vale la pena destacar es su habilidad para mantenerse sobre la faz de la tierra. Si, así como lo lees, nuestra cepa insignia podría haberse extinguido en varias oportunidades. Y que mejor que una nueva edición del Malbec World Day para repasar las hazañas del este fantástico varietal.

 

Podemos decir que antes de arribar a nuestro país este varietal esquivó la “su final” en más de una ocasión en Europa. Primero por causas naturales como la plaga de filoxera que liquidó los viñedos europeos a fines del siglo XIX, luego las heladas que azotaron al Sudoeste francés en 1965 y también se podría contar la reconversión de los viñedos de Burdeos ante la aparición del Cabernet Sauvignon.

 

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Embates que se convirtieron en anécdotas a partir del momento que el Malbec conquistó a los viñateros mendocinos aunque en nuestro país también corrió riesgos de extinción. ¿Increíble, no?

 

Del amor al olvido…

 

Si bien desde 1853 el cultivo del Malbec experimentó un alza consistente por algo más de un siglo, hubo momentos oscuros en que sus plantas fueron arrancadas y reemplazadas por otras de mayor producción para la elaboración de vinos de mesa.

 

Su record contado en hectáreas se ubica por el año 1958 con algo más de 58.000 hectáreas dedicadas exclusivamente al Malbec lo que representaba algo así con una sexta parte del cultivo nacional. Vale destacar que aquellos años coinciden con otro record, el de consumo local cuando se bebían unos 90 litros de vino per cápita al año.

 

Pero fue justamente ese alto nivel de consumo sostenido que llevó a muchos productores a reemplazar las añosas cepas de Malbec por otras de menor calidad enológica pero de mejores rendimientos. Un proceso que comenzó a mediados de la década de 1960 y que para fines de los ochenta se había cobrado la vida de unas 50.000 hectáreas de Malbec en medio de una crisis vitivinícola que amenazaba seriamente a la actividad.

 

Afortunadamente, el orgullo que ciertos viticultores, enólogos y bodegueros sintieron siempre por estos vinos, el deceso de las plantas de Malbec se detuvo en el mismo instante que la industria encaró su reconversión a mediados de los noventa. Aquellas 10.000 hectáreas de vides sobrevivientes sirvieron para ubicar al país en el podio de los productores más importantes del mundo con vinos que se disfrutan hoy en más de 120 países.

 

Actualmente, el Malbec cubre 42.229 hectáreas de las 221.000 destinadas a la viticultura en Argentina. Esta cifra supone su mayor superficie en los últimos 40 años y la convierte en el verdadero motor de la actividad vínica ya que su cultivo experimentó un migración desde zonas destinadas a la elaboración de vinos de mesa hacía los rincones más preciados de la vitivinicultura argentina como Luján de Cuyo, Valle de Uco y el Noroeste.

 

En cuanto al negocio, los vinos de Malbec constituyeron el 29% del total exportado en 2018 con 103,1 millones de litros que representaron el 50% de la facturación internacional de la actividad vitivinícola. Es decir, cada tres botellas de vino que exporta Argentina, una es de Malbec. Mientras que internamente el consumo de Malbec se ubicó en los 73,9 millones de litros un dato singular si consideramos que el mercado local absorbe aproximadamente el 70% del total producido.