Los blancos contraatacan

Aunque las estadísticas demuestran lo contrario, cada vez más winelovers optan por los blancos. Veamos cómo aprovechar mejor estos vinos.

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Históricamente el mundo del vino se dividió en blanco y tinto. Pero en países como Argentina son los vinos de color los que pintan el mapa. Sin embargo, ya lo decía Ricardo Santos, histórico viticultor mendocino, hasta la década de 1960, cuando consumíamos hasta 90 litros per cápita anuales de vino, eran los blancos los que dominaban el mercado.

 

El cambio de preferencias es lógico cuando una cepa como el Malbec se convierte en un emblema nacional. Pero quienes estamos observando el comportamiento de los consumidores notamos que los blancos lentamente retoman posiciones de la mano de etiquetas que proponen vinos cada vez más interesantes. Ante esto nos parece importante destacar los siguientes aspectos de los vinos blancos para tener en cuanta a la hora del descorche.

 

 

Temperatura. Siempre se insiste que el vino blanco debe beberse frío y esto de algún modo aleja a muchos paladares, principalmente en otoño o invierno. Y es lógico, si el cuerpo necesita temperatura quién se bebería una copa a 6 grados por más que in blanco sea ideal para acompañar sopas, caldos o guisos. Entonces lo primero que debemos mencionar es que frío no es sinónimo helado, incluso hay vino blancos que pueden beberse a 9 o hasta 11 grados. Todo depende de la expresión, edad o elaboración.

 

Por ejemplo, lo más elegantes, criados o hasta fermentados en roble demandan una temperatura más cercana a los 10 mientras que los más jóvenes y frutales pueden servirse a 8 grados. Notaremos que estos 2 grados de diferencia harán más placentero el sorbo.

 

 

¿Blanco con carnes? ¡Si! Otra limitación es creer que el vino blanco sirve solo para acompañar pesca, ensaladas o carne de aves. Este es un error recurrente cuando lo cierto es que los vinos blancos son más fáciles de maridar que los tintos. Aquí todo radica en tener en claro los sabores y texturas de cada plato. Por ejemplo, la carne de cerdo es ideal para los vinos blancos, si se trata de una costillitas grilladas un blanco joven y fresco de Sauvignon Blanco o Torrontés es la solución mientras que si hablamos de una bondiola braseada quizás la clave sea un Chardonnay añejo y fermentado en barrica. Cualquiera de estos casos funcionan mejor que un tinto.

En la parrilla las achuras, eternamente acompañadas con tintos saben mejor con la acidez de un blanco refrescante que barre como ninguno la untuosidad de las mollejas, chorizo, morcilla y hasta riñones o chinchulines.

A la hora de los plantos d cuchara como los guisos y cazuelas pasa igual, aquí quedará librado a las preferencias pero su hay intensidad de especias o picor nada mejor que un blanco joven, simple y refrescante.

Otros platos típicos argentinos que maridan genial con los blancos son las milanesas, las empanadas, locro y las pizas.

 

 

El rey a la hora de la picada. Los argentinos tenemos por costumbre “picar” algo en cualquier momento antes de una cena con amigos o un asado dominguero. Salames, fiambres y quesos de cualquier tipo son el ABC de una buena picada que años atrás se acompañaba con aperitivos y vermú hasta que el tinto ganó la partida. Ahora bien, esta combinación de chacinados, fiambres y quesos mejora muchísimo con los blancos jóvenes o de crianza moderada. no solo por una cuestión de armonía sino también por que un vino tinto termina por dar la sensación de saciedad de manera repentina y así perdemos el apetito para lo que siga.

 

 

Los blancos se guardan. Otro mito que por años le jugó en contra a los vinos blancos fue su supuesta incapacidad de soportar el paso del tiempo. Para los que creen esto podemos decirles que en Alemania algunos Riesling pueden añejarse por década, al igual que algunos Chardonnay de Borgoña mientras que en Argentina conocemos el ejemplo del famosos Semillón de 1942 de Bodega Lagarde. Por lo tanto, no tenga miedo de comprar blancos para tener en la cava. Lógicamente debemos considerar aspectos como origen, cepa y elaboración para esto, pero cualquier blancos del mercado soportara unos dos años en condiciones ideales. Podemos asegurarles que un blanco añejo puede ser tan espectacular como un gran tinto.

 

 

Verdadera diversidad. Mientras que los vinos tintos nos ofrecen deferentes perfiles de acuerdo a su origen, cepas y demás factores de elaboración, la realidad es que su paleta aromática y sensorial se resuelve en mundo muchas veces acotado de descriptores. Incluso, diferenciarlos puede ser algo complicado para muchos bebedores, aun con experiencia. Por su parte los blancos proponen expresiones mucho más fáciles de resolver e identificar. Esto hace que catar vinos blancos sea mucho más entretenido ya que las diferencias entre Sauvignon Blanco y Chardonnay son más evidentes y más allá de la degustación , lo bueno es que esto ayuda a imaginar infinitas opciones de maridaje o situaciones de consumo para estos vinos.

 

 

Un mundo por descubrir. Por años, los argentinos quedamos encerrados en el mundo del Malbec, los tintos y sus variantes. Por esto mismo, a la hora de blancos nos cuesta pensar más allá del Chardonnay, el Sauvignon Blanc y el Torrontés. Por suerte, hoy el mercado nos ofrece infinitas opciones como Riesling, Grüner Veltliner, Semillón, Chenin Blanc, Marsanne, Garnacha Blanca, Roussanne, Gewurztraminer, Pinot Gris, Fiano y la categoría en alza, los white blend o mezcla de blancas.