Mínima intervención, la conducta que llega a las etiquetas

Presente en algunas botellas del mercado, la mínima intervención gana terreno entre los enólogos y se proyecta como una nueva tendencia.

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Tendencias, posturas y filosofías enológicas se instalan como nuevos caminos a la hora de elaborar un vino. Tiempo atrás hablamos de los orgánicos, los biodinámicos y también de cómo los vinos naturales se imponen en nuestro país y el mundo y cuando creíamos haber cubierto todo algunos enólogos asumen posturas para alejarse del fundamentalismo que proponen algunas de las corrientes anteriores.

 

“Para mi todos los vinos son naturales, yo busco la manera de elaborar vinos sustentables sin caer en fundamentalismos”, nos decía hace muy poco un productor que prefiere mantenerse anónimo para no quedar en el ojo de la tormenta. Y es válida la postura ya que no busca ser una celebridad enológica sino llevar a sus seguidores “vinos desnudos, honestos y fieles con el terroir que les dan vida”.

 

Ahora bien, ¿cómo diferenciar los vinos de estos productores que buscan ubicarse lejos de los extremos? La mayoría de ellos invocan la “mínima intervención” en sus etiquetas.

 

 

¿Qué es un vino de mínima intervención? Mientras que aquellos que impulsan los vinos naturales insisten que sus creaciones son elaboradas “sin agregar ni quitar”, los viticultores que se alinean a la mínima intervención humana aseguran que buscan manipular sus vinos lo justo y necesario en cada uno de los procesos.

 

La mayoría de ellos cumple con la idea de meter más la mano en la viña y menos en la bodega de manera que aplican un manejo orgánico a sus viñedos o bien evitan el uso de fertilizantes, herbicidas, plaguicidas y otros químicos, agregan niveles mínimos de sulfitos (menores a los 80mg SO2/lt finales), utilizan levaduras indígenas auqnue bien puede acceder a nutrientes para asegurar una fermentación llegado el caso. Mientras que en materia de estabilización y filtrado buscan hacerlo del modo menos agresivo para el vino.

 

Aunque todos insisten que no están dispuestos a correr riesgos innecesarios en la viña, en la bodega o en las botellas, es decir, si las condiciones climáticas demandan de alguna curación en el viñedo la harán y si el vino necesita algún proceso para una mejor sanidad final también lo aplicarán.

 

Por esto mismo, no buscan certificaciones ni estar a la par de los productores naturales más fundamentalistas sino que se expresan en pos de una manipulación mínima y por eso comienzan a aclararlo en las etiquetas.