¿Vino tinto en verano? ¿Por qué no?

Los argentinos amamos los vinos tintos sin importar la época del año. Pero en verano conviene atender los siguientes consejos para disfrutarlos al 100%.

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A nivel global, el consumo de vino blanco está bastante empatado con los vinos de color, incluso los rosados tienen una buena performance en el mercado. Esto se explica gracias a las tendencias propias de cada país y en algunos el clima y la estacionalidad son los verdaderos estímulos del consumo. Por ejemplo, en Europa y Estados Unidos durante la época más fría podemos decir que se consume exclusivamente tintos mientras que en primavera y verano son los blancos, rosados y espumosos los más descorchados. Pero en Argentina las cosas no funcionan así. en nuestro país por cada siete botellas de vino tinto que bebemos elegimos una de blanco. Rosados y espumosos, aun menos.

 

Y no está para nada mal, esto responde a nuestros hábitos, tradiciones y costumbres. Pero si debemos destacar que mientras hace veinte años se bebía de igual modo un Cabernet cuando la térmica era de 15 grados que si era de 35, hoy los winelover marcan diferencias en qué tintos beber en cada momento y cómo hacerlo.

 

Repasemos entonces algunas ideal cool de aprovechar los tintos en verano.

 

Las cepas. Es mentira que los tintos sean vinos de invierno y los blancos de verano, todo depende de qué tinto o qué blanco elegimos. Por ejemplo, un red blend de guarda o un Cabernet Sauvignon criado en barricas durante 18 meses son vinos potentes, con estructura que demandan de platos contundentes. Esta combinación claramente no responde a un menú estival donde buscamos comer más liviano y por lo tanto beber ligero. Por lo tanto, elegir la cepa indicada o un vino de estilo adecuado es la verdadera diferencia entre lo que va y lo que no. Si de cepas se trata, en verano lo ideal es pensar en Pinot Noir, Criolla, Bonarda, Garnacha y hasta algún Malbec, eso si, en todo los casos conviene buscar cosechas jóvenes de aquellos que no pasaron por barrica o bien tuvieron una crianza mínima y en lo posible saber que fueron elaborados con la finalidad de ser vinos sutiles. Hoy existe la categoría de “vinos de sed” o “vins de soif” que justamente agrupa a etiquetas de vinos tintos que pueden beberse refrescados. Si bien no es una regla, muchos de estos vino podemos identificarlos fácilmente por que llegan al mercado con tapa a rosca.

 

Temperatura. nunca nos vamos a cansar de insistir en que una temperatura correcta es la diferencia entre un buen sorbo y uno malo. Cualquier gran vino puede ser perjudicado si se lo sirve fuera de temperatura mientras que un vino regular puede lucirse si se presta atención al termómetro.

La mejor manera de conservar los tintos en verano es en frapera o en contacto con hielo.

 

Con los tintos debemos recordar dos cosas importantes: la graduación alcohólica y los taninos. Mientras las temperaturas de servicio bajas ayudan a moderar el alcohol, también intensifican los taninos y la sensación de astringencia. Por lo tanto, nunca debemos beber un tinto helado pero si refrescado. Esto significa que si estamos ante un tinto sin paso por barrica podemos hablar de unos 12 grados mientras que si hubo crianza quizás unos 15. A simple vista quizás no se note la diferencia pero si tenemos en cuenta que la temperatura ambiente de un día de verano puede ser de 25 grados o más, dejar la botella librada al asar fuera de la frapera o la cava lo único que asegura un trago amargo y agresivo muy difícil de pasar.

 

¿Con hielo? Una tradición en muchas mesas argentinas es la de poner hielo al vino e incluso soda. Claro está a los ojos de los más fundamentalistas puede parecer una locura pero lo cierto es que nadie puede prohibirnos beber nuestro vino cómo más nos gusta. Algunos prefieren refrescarlo en una frapera, otros solo agregarles hielo. Ahora, si son del team del hielo lo primero que debes tener en consideración es que el vino va a cambiar a medida que el hielo se convierta en agua por lo que lo ideal es no hacerlo con un gran vino o al menos uno muy costoso. Lo mismo aplica si vas a agregarle soda u otra bebida. Esas botellas déjalas para ocasiones donde puedas beberlo solo. Por otro lado, asegúrate que el hielo esté “limpio”, que no haya estado en contacto con ningún producto que pueda alterar el sabor del vino o bien prepáralos con agua mineral. A fin de cuentas, todo vale si se trata de disfrutar de tu bebida favorita.

 

 

Dos trucos para evitar el hielo tradicional es preparar cubos de vino congelado y agregarlos a la copa, siempre que sea del mismo vino que nos vamos a servir. El otro es congelar una uvas y sumarlas a la copa. También están los cubos de silicona o de metal que se congelan y conservan frías las bebidas por mucho tiempo.

 

La medida justa. Además de beber con moderación, hoy te sugerimos que no te sirvas mucho vino si el día es muy caluroso. Es preferible servirte en varias oportunidades menos cantidad y asegurarte que el vino no se caliente en la copa. Para esto es bueno tener a mano copas de vino blanco en lugar de copones. De este modo te vas a asegurar una medida más amigable.

 

La vieja y querida sangría. En 2019 la coctelería se impuso con recetas simples de preparar y en sintonía con esta tendencia la clásica Sangría (o Clericó) es una idea genial a la hora de aprovechar las botellas de vinos tintos que tengas a mano. La receta es sencilla, solo necesitas:

 

1 Botella de vino tinto (idealmente alguno ligero)

1 jugo de limón (podes agregar un poco de soda)

Frutas frescas, idealmente durazno, naranja o limón

Azúcar (1 cucharada)

Especias como anís estrellado, canela cardamomo.

 

Primero, en una jarra, vas a agregar las frutas cortadas en cubos y los cítricos en rodajas. Sumas el azúcar y el jugo de limón, y con una cuchara de madera aplastas las frutas. Luego agregas el vino y las especias, debes dejarlo reposar unos minutos antes de probarlo. Si lo notas muy dulce o acido o bien las especias muy marcadas puedes agregar soda hasta llegar al gusto de tu preferencia. Finalmente agregas abundante hielo y a disfrutar.