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No es ninguna novedad que nuestro país se caracteriza por la elaboración de vinos de altura. Pero si, que aquello que para muchos países vitivinícolas es un techo, en Argentina bien puede ser tan solo el piso. Para ser más claros, mientras que en Europa los 800 metros se celebran como origen de vinos extremos, en Mendoza esa es la altura donde todo comienza. Ni hablar se nos trasladamos al Valle de Uco donde los viñedos rozan los 1600 o al Noroeste del país con vides por encima de los 3000 metros de altura.

Ahora bien, ¿cuánto importa esto? Muchísimo, por que este factor, es decir, la altitud de los viñedos, define el carácter del vino argentino en todos sus aspectos. Por un lado, hablaremos de la intensidad y profundidad de color producto de una insolación que ayuda en la maduración y concentración de materia colorante, fenoles y azucares. A la vez, este mismo efecto permite concentrar la frescura suficiente para equilibrar el temperamento típico de los vinos de altura. Y por último, todo esto define desde perfiles aromáticos hasta potencial de guarda.

Con el foco puesto en estos factores, Club BONVIVIR presenta una Selección Exclusiva para el mes de mayo con tres vinos donde la altura se parecía en cada sorbo.

Por ejemplo, en Gualtallary, Tupungato (Mendoza), a una altitud de 1200 metros sobre el nivel, Ariel Angelini elabora Casa Petrini Malbec 2016, un tinto que no solo se vale de la altitud a la hora de definir su personalidad, también de unos suelos muy curiosos próximos al Río Las Tunas. De este modo, Angelini logra un vino de color rojo violáceo, concentrado y brillante con importante caudal frutal, tonos de especias y hierbas silvestres frescas con tonos minerales. Mientras que al paladar es intenso, envolvente y jugoso con rica frescura.

Mientras tanto, desde Tolombón, Salta, Anko Flor de Cardón Cabernet Sauvignon 2016 da cuenta del potencial de las viñas de Cabernet que crecen a 1600 metros en pleno Valle Calchaquí. Un vino que demuestra que la altura define potencia pero también frescura y jugosidad en este varietal de color rojo rubí concentrado con reflejos violáceos y aromas especiados con toques de frutos negros y rojos maduros. Mientras que en boca es amplio, jugoso y carnoso.

Por último, Amalaya Corte Especial 2016, el vino Singular del mes, es un blend de Malbec, Tannat y Cabernet Franc que llega desde viñedos ubicados a 1800 metros en Cafayate, epicentro de la vitivinicultura calchaquí. En este caso, un tinto rojo rubí con reflejos violáceos y perfil complejo de matices especiados, balsámicos y herbales. Vino de paladar caudaloso, expresivo y tenso con un gran potencial de envejecimiento.

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