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¿Qué es la biodinámica?

Considerada la práctica más radical a la hora de pensar en vitivinicultura orgánica y natural, sus procesos generan constante interés entre los productores decididos a transitar el camino de los vinos naturales.


Por Alejandro Iglesias, sommelier*.

Este mes y aprovechando que Bodega Krontiras con su con el Doña Silvina Malbec es parte de nuestra Selección Exclusiva, haremos un recorrido por el mundo de la biodinámica, con uno de los productores referentes del movimiento en Argentina.

Como filosofía la biodinámica fue presentada al mundo durante una serie de conferencias realizadas por el intelectual austríaco Rudolph Steiner en 1924 a raíz de su interés por transmitir sus estudios acerca de prácticas naturales de cultivo. Su principal interés era brindar herramientas alternativas a los campesinos por aquellos días preocupados por el estado de sus tierras y de sus cultivos.

Fue así que este austríaco sin darse cuenta fundó un movimiento que hoy, a más de 80 años de su muerte, se muestra como una de las soluciones ante la devastación del planeta en manos del hombre. Una filosofía que parte de la industria vínica ha adoptado en lo que se presenta como un movimiento en firme crecimiento a nivel mundial.

Vitivinicultura Bio
Se trata de la aplicación de un método ecológico de cultivo y elaboración en el cual sólo se implementan prácticas naturales no invasivas para la viña, ya que para los biodinámicos cada viñedo es un organismo viviente único. De este modo la biodinámica fomenta la búsqueda del equilibrio del hábitat por medio de un uso racional de los recursos naturales en pos de la autosustentabilidad del ecosistema. Una búsqueda que requiere ante todo fomentar las diferentes formas de vida en el hábitat y así su biodiversidad.
Es por esto que la biodinámica prohíbe la utilización de productos químicos (fertilizantes, pesticidas, etc.) al considerarlos altamente tóxicos, mientras promueven la utilización de un sistema ecológico de fertilización a la hora de nutrir, fortalecer y proteger los viñedos a partir de los recursos que el mismo hábitat genera.

Un sistema que busca una mejor calidad de cultivos a la vez que fortalece el ecosistema en lo que podemos definir como un camino hacia una especie de autoinmunidad.

Para hacer esto posible es que los biodinámicos trabajan minuciosamente en la producción de sus propios insumos, denominados preparados. Materia tanto de origen animal como vegetal que una vez procesada se convierte en purinas que luego serán aplicadas en la viña mediante la dinamización. Para quienes siguen las enseñanzas de Steiner, existe un recurso natural para cada necesidad que bien puede remplazar a cualquier producto de síntesis química.

Es por esto que en las fincas biodinámicas a diferencia del resto, se fomenta la diversidad de especies animales y de flora como también de otros cultivos que son las fuentes para la producción de dichos preparados.

Cuestión de energía
A partir de este momento es que la biodinámica se convierte en mucho más que un método de cultivo. Dado que el fin principal de esta filosofía es el de fortalecer el ecosistema mediante al estimulación de la vida de los organismos presentes en él a partir de la utilización de materia natural, lo importante es comprender cómo se aplican estos procedimientos.

Ningún proceso es aplicado al azar, los tiempos de trabajo e intervención del hombre en la viña se rigen por los ritmos y ciclos del cosmos así como también de sus flujos energéticos sobre los 4 elementos de la naturaleza: tierra, agua, aire y fuego. Todo ante un atento estudio y control de cómo la energía acciona sobre cada uno de ellos.

Es por eso que anualmente se confecciona un calendario biodinámico que marca los ritmos de trabajo y los divide en días de tierra, de fruto, de hojas a fin de proceder según las necesidades del momento.

En conclusión, se trata de un método que estudia de qué modo influyen la luna, el sol, los fenómenos astrológicos y los planetas en los ritmos biológicos y de crecimiento de las plantas.

El fin
Todas estas labores tan sofisticadas persiguen un único objetivo: desarrollar en el viñedo una especie de burbuja protectora que a medida que se aplican las diversas prácticas naturales cada día se hace más fuerte al punto de generar una identidad propia del hábitat con ritmos naturales propios. Un proceso que lleva muchos años de trabajo hasta alcanzar la condiciones naturales que permiten considerar a la finca como un agente vivo único y autosuficiente. Un proceso que implica una desintoxicación y transformación natural del viñedo.

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