ABC del vino: la magia del riego

Para muchos puede parecer una obviedad la necesidad de agua de la vid, sin embargo su alimentación demanda mucha experiencia y conocimiento.

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La vid es una planta muy demandante y hasta caprichosa. Si bien tiene la capacidad de sobrevivir en condiciones muy extremas, la calidad de sus frutos depende de numerosos factores, todos vitales.

 

Entre ellos la disponibilidad de agua es uno de los más importantes. Como sucede con todas las plantas, la vid depende del agua para sobrevivir así como también de la luz y el oxigeno. Ahora bien, administrar su alimentación es vital para lograr vinos de calidad. La falta de agua puede ser tan drástica como la abundancia.

Tradicional viñedo mendocino con riego por manto.

En cuanto a la demanda de agua, se estima que son 800 milímetros anuales lo que necesita una vid para cumplir su ciclo biológico de manera favorable y esto puede llegar por medio de lluvias o bien administrado a conciencia por el hombre. Es decir, serán aquellas regiones donde las lluvias logran satisfacer esta cuota o bien las que cuentan con agua suficiente para riego las que permiten producir frutos de calidad.

 

En este sentido, nuestro país es un caso singular entre los países vitícolas del mundo. A diferencia de la mayoría de los terruños, los viñedos argentinos se emplazan en zonas desérticas con clima seco y árido, alejadas de océanos, mares y ríos caudalosos que aporten humedad ambiente o precipitaciones. En promedio son solo entre 150 y 220 milímetros anuales lo que estas regiones reciben naturalmente de modo que es indispensable regar.

 

Es por esto que el riego es un aspecto fundamental del terroir ya que exige conocimiento y experiencia, más si consideramos que las lluvias llegan en verano y muchas veces en tiempo de cosecha. Además, no se puede dejar contemplar las condiciones de los suelos, generalmente de poca retención de agua por el material que lo conforma.

El agua más pura. Una de las grandes ventajas de las regiones áridas de montaña es que aseguran un hábitat libre de muchas enfermedades ocasionadas por la humedad ambiente. Por ejemplo, hongos, botritis u otros tipos de podredumbres. Pero el tesoro más grande en este aspecto es el agua de deshielo que nace en la cordillera de los Andes y descuide de modo natural para llegar a las viñas. Esta agua es canalizada y almacenada para utilizarse cuando el ciclo de la vid lo demande. Por esto es que son vitales los frío de invierno que se traducen en copiosas nevadas que cargan los glaciares de alta montaña, principales reservorios de agua que a partir de primavera comienzan a derretirse.

 

La experiencia del tomero. El arte del riego se ha convertido en una aspecto folclórico de nuestra vitivinicultura con roles bien definidos. Por ejemplo, el tomero es el encargado de abrir y cerrar las tomas que conducen el agua hacia las fincas. El derecho al agua es limitado y celosamente administrado por el tomero que debe cumplir con los horarios y cantidades determinadas para cada productor. Una vez depositada en el reservorio de la finca el agua será conducida a las vides según el método o sistema de riego que se utilice en el lugar.

El winemaker Alejandro Sejanovich conduce el agua del acequia hacía sus viñedos de Las Compuertas, Luján de Cuyo, Mendoza.

Riego tradicional. En las regiones como Mendoza donde el riego es indispensable, históricamente se tuvo que conducir el agua hacia las viñas buscando la manera de optimizar su utilización. Desde los orígenes de la vitivinicultura argentina se respetaron las técnicas que ya aplicaban los pueblos originarios mediante la canalización del agua de deshielo por las acequias, especie de canales trazados en el suelo. Las acequias permiten conducir el agua hacia la viña y luego por medio de ramificaciones hacia las plantas. Este sistema también se conoce como riego por inundación ya que la apariencia del viñedo es la de un terreno totalmente inundado. Lo importante es saber que este método es los aplicable si los suelos son lo suficientemente permeables y capaces de absorber el agua en un tiempo pertinente y a la vez retener la humedad suficiente para que las plantas logren alimentarse. Si bien muchos lo consideran un método muy eficiente también están los que insisten en que se desperdicia mucho caudal de agua.

 

Riego por goteo. Este método es muy importante en Argentina, no solo por que permite ahorrar grandes cantidades de agua sino además por que hizo posible el desarrollo de regiones vitivinícolas donde no había manera de conducir el agua por acequias.

 

Riego por goteo en viñedo.

 

Este sistema depende de una perforación hasta las napas para bombear el agua y luego distribuirla por las viñas mediante un complejo sistema de mangueras que se ubican al pie de la plantas. A partir del uso de estaciones meteorológicas que miden la humedad ambiente y la disponibilidad o necesidad de agua de las vides, es posible administrar el riego.

 

¿Secano? Se conoce como agricultura de secano aquella que se puede llevar adelante sin necesidad de riego, es decir, cuando los cultivos reciben de manera natural el caudal de agua suficiente. El gran riesgo de este método es que en los años de mucha lluvia se corren grandes riesgos de enfermedades relacionadas con la pudrición como efecto de la alta humedad ambiente mientras que en los años secos la escasez de agua puede malograr los cultivos.

 

 

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La mayor necesidad de agua para la vid es desde la floración hasta el envero. Por esto mismo es importante saber cuándo regar para evitar el estrés hídrico, falta de agua, pero también el exceso de agua en los suelos ante posibles lluvias.