La importancia del color del vino

Sin dudas es la instancia a la que menos tiempo dedicamos, sin embargo es vital la información que nos brinda.

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El entusiasmo que genera oler un vino o darle un sorbo a la copa de alguna manera opacan el momento de apreciar su color. De este modo, la primera instancia de cualquier degustación o bien el primer contacto que podemos tener con un vino ha quedado devaluada y son pocos los que reparan en los atributos visuales. Un error cada día más recurrente para todos, expertos o principiantes.

 

Sin embargo, el color del vino es tan importante como lo aromas y sabores ya que nos puede brindar muchísima información y muy importante. Repasemos entonces el modo en que debemos analizar visualmente una copa y a qué prestarle atención.

 

Como evaluar el color. En primer lugar y aunque parezca absurdo, es importante destacar que siempre debemos utilizar una copa de vino bien limpia y fajinada de modo que el cristal esté cristalino y sin manchas.

En segunda instancia, debemos tomar la copa por el tallo e inclinarla sobre un fondo de color blanco, es el mejor contraste que podemos darle al color para analizarlo. Lo ideal es hacerlo a 45 grados de manera que el vino desplegará sus matices y profundidad. Hacerlo sobre cualquier otro fondo no permite que la evaluación sea precisa al igual que si observamos el vino a trasluz con la copa alzada.

No importa el tipo de vino de que se trate, siempre observaremos que en la parte más próxima al tallo hay mayor concentración y por lo tanto profundidad mientras que en la parte alta el vino pierde intensidad de color. Nuestro análisis abordará de punta a punta sus matices y reflejos.

 

Temperatura. mientras que la temperatura incide en la apreciación aromática y gustativa, a la hora de hablar de colores no es relevante. Ahora bien, si el vino está frío es lógico que se empañe la copa y para poder llevar adelante un análisis correcto siempre conviene con un lienzo limpiar el cristal.

 

Que colores podemos observar. En principio podemos decir que cada vino tiene un tipo de color con matices que lo diferencian de otros varietales. Incluso el color puede acercarnos información sobre el origen y la edad. Es por esto que debemos prestarle atención.

 

En los blancos notaremos colores cristalinos y verdosos cuando el vino es joven mientras que los años suman tonos de color amarillo intenso, dorados y hasta ambarinos.

 

En cuanto a los tintos, todo comienza con colores rojizos de diferente intensidad, profundidad y matices, están los rojo rubí, rojo azulado, rojo purpura o rojo violáceo. Todos válidos y correspondientes a diferentes varietales u orígenes. Con el tiempo, los tintos irán perdiendo profundidad y los tonos rojizos cambiaran hacia los teja, anaranjados y ocre.

 

Concentración y profundidad. Este factor puede ayudarnos a concluir de qué varietal se trata en el caso de los tintos o bien cómo fue elaborado o su edad. Para comprobar la profundidad observaremos la parte baja de la copa, donde hay mayor volumen de bebida y pasaremos nuestra otra mano por detrás, si el vino nos permite ver la silueta de los dedos con facilidad estaremos ante un vino de baja profundidad o concentración mientras que si cuesta verlos se tratara de un vino profundo.

 

Reflejos. Los observaremos en los laterales del vino y donde hay menos profundidad. En el caso de los blancos serán acerados o verdosos al tratar de de un vino joven y amarillentos a dorados en la evolución. En los tintos son azulados, rojizos y violáceos en juventud mientras que con los años se desarrollan hacia los granate, teja y anaranjados.

 

Sanidad y limpidez. En la copa el vino siempre debe esta limpio y libre de cualquier partícula ajena en suspensión. Por lo tanto, si observamos algo extraño primero debemos despejar dudas sobre su origen, por ejemplo, una copa mal lavada o partículas de un corcho roto. Luego saber si el vino fue o no filtrado, sucede que a veces el vino se observa turbio justamente por compuestos sólidos presentes en la botella. Si comprobamos que se trata de borras o sedimentos no habrá inconveniente aunque siempre es mejor dejarlas en la botella y para esto es ideal decantar el vino antes de servirlo.

 

Piernas o lágrimas. Las formas que el vino dibuja en las paredes de las copas esta relacionado con su densidad, graduación alcohólica y presencia de azúcar residual. En rasgos generales podemos decir que aquellos vinos cuyas lagrimas son voluminosas tienen mayor contenido alcohólico (Etanol y glicerol).

 

Brillo. Un vino sano es siempre brillante y resplandeciente, estos dos atributos definen su vivacidad y por esto mismo es tan importante. Un vino opaco, de color apagado siempre anticipa alguna posible alteración o bien que su mejor momento ya ha pasado.